Lo que no se sabe del oficio (II)

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Por MAGDALENA ALEJO CALZADA

Siguiendo con la temática del artículo del mes pasado, continúo dando a conocer los entresijos de las artes escénicas, desconocidos en muchos aspectos. Por ejemplo, la diferencia entre feria y festival. En la primera, las compañías van a vender sus productos, lo que implica que suelen cobrar la mitad del caché o incluso ir gratis para poder dar a conocer su obra —espectáculo— que quieren vender en el mercado —programadores—.

El festival es un evento que aúna a varias compañías, diferentes disciplinas artísticas, depende un poco del leiv motiv del mismo, donde los colectivos en principio cobran sus honorarios íntegramente. Digo, en principio, porque hay festivales que son ferias encubiertas donde las compañías “pierden dinero” pero se supone que ganan con la publicidad.

El sector de las artes escénicas se mueve entre intermediarios hasta que llega al público, a la representación. Hay que pasar por el programador de la sala, por el político de turno, concejal, alcalde, etc. En muchas ocasiones, son gestores que hacen bien su labor técnica pero que carecen de formación en las disciplinas artísticas y su criterio solo es a través del presupuesto de un espectáculo, o si es atractivo o poco vistoso, sin poder valorar la calidad más allá de estas premisas.

Cuando la compañía pide unas condiciones técnicas determinadas no es por capricho, son necesidades que hay que cubrir para una óptima representación. Si se pide personal de carga y descarga no es una frivolidad de la compañía que no quiere mancharse las manos porque son artistas, es porque suele ser material pesado, que se lleva transportando toda la semana de aquí para allá y que, a mayores, tienen el tiempo de montaje, el ensayo y la actuación en la que los actores tienen que estar frescos para darlo todo, para el verdadero encuentro con el público. Aparte de que después de los aplausos sigue la jornada laboral con el desmontaje, la carga de nuevo y el viaje de regreso al local.

Tampoco se entiende, al parecer, que haya un técnico en la sala más allá de la persona que viene a abrir y no quiere preguntas ni problemas… A veces, no aparece la escalera para poder dirigir los focos y llega la hora de la actuación y la luz no está colocada, porque nadie ha reparado en traerla desde el polideportivo…

No hablemos de pedir un aseo con papelera o una ducha; si se trata de teatro de calle tampoco se comprende que no te sirva el baño del bar o usar el urinario de “entre dos coches” para hacer tus necesidades, cambiarte, maquillarte. O usar de camerino la propia furgoneta de la compañía.

Proseguiremos con el tema…

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