Todo pensamiento es de noche

Portada del libro.

Portada del libro.

Disolución del nocturno
ILDEFONSO RODRÍGUEZ
Amargord Ediciones. Madrid, 2013

Por JEAN-YVES BÉRIOU

Una vez más, el poeta Ildefonso Rodríguez publica un libro difícil de clasificar, un libro que escapa a la taxonomía literaria contemporánea, que tiende a constreñir la fuerza de la escritura. Soslaya los usos imperantes —o los que supuestamente lo son— de la poesía actual en España o fuera, a los que por otro lado siempre ha ignorado: basta con hojear Escondido y visible, la edición de su poesía reunida en la colección Ocnos Alas, de la Editorial Dilema, en 2008, para darse cuenta de ello. Retorna, además, a la temática del sueño, que había abordado en 1998 con Son del sueño, publicado en Ave del paraíso. Sin embargo, regresa de otra manera: en este caso ya no se trata de una secuencia de relatos de sueños y de su riguroso desorden, sino de un libro que conduce al sueño y se organiza a la manera de una ensoñación; que toma del sueño sus modos narrativos y poéticos; de un libro escrito del modo en que los sueños transcurren, se organizan, se desorganizan, se encadenan y se desvanecen. De hecho, de lo que habría que hablar, más que de una temática, es de la materia del sueño.

En este libro, la entidad de la que trata, esa materia, empapa la forma que tiene el autor de hablar de ella e impone sus reglas al discurso que la toma como objeto: este modo que tiene la «forma» de dejarse invadir por el «fondo», como contagiada, es la piedra de toque de toda poesía verdadera. Y lo mismo es hablar que escribir cuando escribir equivale a transcribir las voces que murmuran en él y a su alrededor, otro carácter esencial de esta poesía: el poeta es aquel que oye voces y les da eco en sus textos, algo sin duda patente en este libro habitado por tantísimos personajes que abarrotan ese teatro que es todo pensamiento onírico. ¿Tendrá que ver con el hecho de que Ildefonso Rodríguez es músico de jazz y de «improvisación libre»?

«En el turno de día, la percepción oblicua, desviada. La vigilancia, la interpretación, es decir, la escritura diurna de los sueños, el centro de mi actividad viviente, como escritor, como músico (una música sonámbula quisiera tocar, igual que hicieron Thelonious Monk y John Gilmore). Escindido: despierto y por la calle.»

A la verdadera poesía no le preocupa respetar los «géneros» literarios; este libro se sitúa en la cara opuesta al ensayo fragmentario, a la bitácora, al «poema en prosa», a la autobiografía, al relato iniciático y a la narración breve. Esa cara opuesta es el otro lado de las cosas, me refiero a la oscuridad que alumbra todo pensamiento poético, inmarcesible en ningún género, en ninguna forma, y que recorre el territorio de la noche en pleno día, incendiando la luz de los sueños. Por eso, el editor acierta al publicar este singular texto en su colección de poesía.

Semejante libro, polimorfo, cuyo centro gira y da vueltas a la velocidad maravillosa y angustiante de las metamorfosis, impide una reseña al uso: presentamos, pues, unos breves apuntes sobre la verdad y la singularidad de Disolución del nocturno.

  1. Ya en la primera página entran en escena los dos personajes principales: el «durmiente» y el «despierto». Sin embargo, son mucho menos diferentes de lo que a primera vista parece. Incluso hablan de sí mismos en tercera persona. Se pasa de uno a otro, de uno en otro, y siempre es el mismo que cambia de máscara, y siempre es el otro que es el mismo; el durmiente es un momento del despierto, el despierto aparece en los sueños del durmiente, el libro es el relato de una serie de sueños por parte de un despierto. Uno de esos sueños es la historia de un despierto que se acuerda o no se acuerda… El libro está construido a la manera de una ensoñación.
  2. Disolución del nocturno se presenta como una serie de sueños aislados junto a despertares y otros sueños en estado de vigilia, lo que permite que las reflexiones y los diálogos se inmiscuyan en la trama de los relatos y los retomen. Los relatos se suceden como sueños que se devanan poco a poco: elementos fragmentarios que se atraen y se repelen como imantados y turbados. Es una obra sobre la permeabilidad del sueño y de la vigilia. Si «todos los sueños narrados son sueños inventados», también es en el seno del sueño o de la ensoñación donde se inventan los relatos.
  3. Se trata, ni más ni menos, de un libro de poesía, siempre que aceptemos que escribir poemas es escribir tal como se sueña en pleno día. En él, la poesía no está separada de la vida; es la vida soñada.
  4. Hay razones para pensar en Gérard de Nerval y en Lewis Carroll, entre otras figuras tutelares de este libro y, más que invocar «la búsqueda de lo perdido», repetir con el poeta checo de habla francesa Petr Král, que «añoramos lo que no hemos perdido».
  5. Esta obra podría haberse titulado Libro de las apariciones. Desde la página 23, el despierto se pone a recordar, luego a soñar, y uno se da cuenta un poco más adelante de que sueña que está soñando, que en realidad se trata del durmiente. Y todo el libro sigue esa misma línea. «El aparecido» ilustra bien el régimen de existencia de la multitud de seres, incluidos los muertos, que atraviesan el texto. También nos encontramos con muchos amigos, como B. Schulz, H. Michaux, Kafka, A. Breton, Stevenson y Lezama Lima entre otros… «El durmiente se derrumbó de nuevo en la cama, pero esta vez su cuerpo ganó más peso y fue hundiéndose hasta reposar en una tierra muy mullida. Dormía en contacto con la tierra, sin protección alguna, con todo lo que ello implica: peligro, el peligro de ser atraído por completo, imantado por la confusa mezcla de vida y disolución que la tierra siempre guarda bajo la superficie aparente; el ciclo antiguo que las manos descubren por poco que escarben, las de los vivos y las de los muertos.»
  6. «Los sueños son comunales; hay un verdadero comunismo del sueño: “Pienso en el calor que teje la palabra alrededor de su hueso, el sueño que se llama nosotros”, ha escrito Tristan Tzara
  7. Ildefonso Rodríguez celebra el deseo, el principio motor de la analogía y de la «cadena metamórfica », como elemento que une el cielo estrellado con la interioridad del durmiente, como en el cuadro de Magritte, del que comenta: «En un cuadro de Magritte, L’usage de la parole (El uso de la palabra), pintado con una razón deseante y fría, se ve una noche clara, estrellada. Hay también una casita, con su luz en la ventana, y un sendero: cosas del hombre. Pero en lo alto se ha formado una nueva constelación y sus estrellas compusieron una palabra legible: DÉSIR. No pone allá arriba COGITO, ni pone VOLUNTAD DE PODER. DESEO pone. Y un vínculo misterioso, pero nada secreto (como esta misma noche), liga la nueva constelación luminosa con la luz pequeña a la que conduce el sendero, allá abajo.»
  8. Lo maravilloso, es decir cuando lo imposible se vuelve posible espontáneamente, sin esfuerzo, tiene su precio. Lo vemos en algunas páginas en las que la angustia, presente a menudo, no es tan absoluta como para impedir que, a veces, cierto estado de gracia, cierto encanto y ligereza del mundo se adueñen del poeta y del lector, un poco a la manera de las bellísimas páginas de Sylvie y de las otras Filles du feu de Nerval. «En sus domingos libres es músico de pradera, aunque en la ciudad nadie sabe cuál es el instrumento que toca.» El regodeo en la desdicha, ese ‘miserabilismo’ en el que nada gran parte de la producción (supuestamente) poética actual, está ausente por completo de este libro.
  9. A menudo la memoria es la fuerza que inventa el olvido, forma de la libertad humana, luego pensamiento poético. «Están en el centro del jardín, la salida y la entrada son confusas, lo extraño y lo familiar borran sus fronteras. “Tú, respóndeme”, insiste la voz. Pero no hay respuesta, cuando dormido y despierto, soñado y soñador se han confundido tanto que ya tienen un solo nombre. Ese nombre es Nadie.»

«¿Puedo concluir que, como las manchas solares, la memoria oscura es una franja que corroe la materia gris pero revela un gran fuego interior en plena actividad de ignición y de fusión?
En caso afirmativo, todo pensamiento sería de noche».
Blaise CENDRARS, Bourlinguer, 1948.

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  • Traducción de Cinta Moreso Galiana
  • Reseña publicada en la revista “Paralelo Sur” (Santa Coloma de Gramanet), número 12, noviembre de 2014.

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