“Lúcidos bordes de abismo. Memoria personal de los Panero”. Luis Antonio de Villena

Portada del libro.

Portada del libro.

Lúcidos bordes de abismo. Memoria personal de los Panero
LUIS ANTONIO DE VILLENA
Fundación José Manuel Lara, 2014

Un libro con muchas anécdotas escabrosas del lumpen sexual, homosexual y de los poetas, en un momento en que estas prácticas sufrían grande persecución; un libro en el que asistimos a la destrucción (esto le puede pasar a cualquiera) de una manera extremadamente sórdida de una familia, la familia de Leopoldo Panero de Astorga.

Por ELOY RUBIO CARRO
astorgaredaccion.com / Contexto Global

Consiste el escrito en una memoria de las relaciones de Luis Antonio de Villena con los Panero; una memoria que en el caso de Juan Luis y de Leopoldo María Panero se basa en un trato personal, intenso, en distintos momentos vitales; mientras que en el caso de Felicidad Blanch y en el de Michi Panero el trato es esporádico y en ocasiones de oídas.

Además de su memoria personal, no siempre contrastada con los datos ni con las fechas y por ello alguna vez imprecisa, aunque creemos que bienintencionada, se vierten hipótesis sobre la ‘destrucción absoluta’ de la familia Panero y de la de cada uno de sus miembros.

El libro, sin que haya capítulos ni epígrafes, constaría de dos partes; una primera memorística, (en la que se van alternando, momentos de su relación con Juan Luis Panero y con Leopoldo María y los encuentros ocasionales con Felicidad Banch y con José Moisés Panero) y una segunda parte más breve que hace de colofón en la que se aprovecha para hacer lectura de estas vidas ‘fracasadas’. Esta parte bastante prescindible, pues la interpretación ya estaba hecha en la primera al hilo de la memoria de los hechos, comenzaría en la página 186 y aprovecha para enjuiciar, sin que sea el tema del libro, la poesía de los tres poetas que conforman la saga.

Las preguntas que parecen dar origen al libro, según confesión del autor serían: ¿Qué era el mito de los Panero? ¿No habría mito o en realidad y hablando más propiamente no era ‘mito’, sino mitos diversos? ¿Hay una leyenda de los Panero?

La respuesta es que sí, que “la hay, pero que ha ido mudando y no es infundado que en unos años, sea más bien documento histórico”. Los Panero como ‘fin de race’, los Panero, ante todo, como destructores de la imagen patriarcal de una familia tradicional, la suya, basada en presupuestos falsos; la de tantos españoles del momento de la Transición… Aquí es la película ’El Desencanto’ un punto de inflexión, un momento en cual los Panero permanecían aún unidos y dispuestos a desasirse de la rémora del Padre y de su significado, “prototipo de la familia católica, patriarcal, autoritaria y monoándrica”, a decir de Jorge Semprúm.

Entonces, y a partir de aquí cada cual forja en su día a día su propio mito, su propio proyecto o desenvolverse en aras de hacerse la vida.

En el caso de Felicidad, dice L. A. de Villena que este intento de disolución de aquel modelo de familia “le costó mucha soledad y la medio invención de un personaje desengañado, romántico y perdedor sin solución”. Bueno, su hipótesis afecta a toda una época, y es que nadie va a poder ya proponer un modelo sustituto de familia que sea prototipo, por lo que cada cual ha de inventarse su modo de relación familiar. El éxito o el fracaso casi digamos de una vida se centra entonces al logro de construcciones de este tipo (atipológicas y atípicas). ¡Harto trabajosa la supervivencia en esta modernidad tardía! Digamos que la familia Panero, y cada uno de ellos por distintos motivos, si bien se desprenden de la figura del padre con cierta facilidad, no van a saber crear un nuevo modo de relación que los implique, que los lleve a ‘la vida de verdad’, ni siquiera lo van a saber hacer cada uno ni a nivel social.

Las biografías de los Panero a partir de ahí van parejas, pero no siempre entrelazadas, se van distanciando, se van destruyendo a ellos mismos, cada uno con su sesgo diferencial. La relación de Luis Antonio de Villena con cada uno de ellos toma también esa distancia, esa incomunicación. L. A. de Villena charló el día de la presentación de ‘El desencanto’ con Juan Luis Panero y con Leopoldo Mª Panero, pero lo hizo ya por separado; posee dos ejemplares firmados del guión de la película, ni se le hubiera ocurrido pedir que las firmas de los hermanos se estampasen en el mismo ejemplar.

La relación de Leopoldo Mª con su madre se nos presenta como un primer ejemplo de ese nueva reconstrucción necesaria de la relación familiar, que sucede al derrumbe de la figura paterna. Se insiste a lo largo de este libro que Leopoldo Mª deja ya de inmediato atrás la figura del padre y hace recaer todo el ‘mal familiar’ y el suyo propio sobre la madre, “a la que quiso y detestó casi diría a partes iguales”: Es curiosa a este respecto la observación que realiza L. A. de Villena sobre la relación madre e hijo cuando aún vivían en la calle Ibiza. Al comienzo, Leopoldo Mª poseía un cuartito en el que estaba confinado, muy temeroso de que sus amigos pudieran irrumpir en la vida de su madre; más adelante la que estaba confinada en la ‘torre del castillo’ era Felicidad que además procuraba no interrumpir en la especial vida social que por aquel piso hubo de pasar (remito al libro para los detalles). Esta dependencia mutua con su equilibrio o desequilibrio de fuerzas continuaría a lo largo de toda la vida en los diferentes escenarios de relación y hasta la muerte de Felicidad.

El escenario de este desequilibrio de fuerzas da lugar a lo que Villena denomina ‘la Segunda vida de Leopoldo Mª Panero’, que se iniciaría con los internamientos en los sucesivos manicomios a partir de 1982.

Leopoldo Mª achaca ya a su madre ‘el haberle dado la vida’: vivir para Leopoldo Mª no era bueno; también le echa en cara que hubiera aprobado su internamiento en un ‘manicomio’. Entonces en Leopoldo Mª se consolida un estado de amor; “amor soterrado y antiguo hacia la madre” y odio; “Un odio brutal contra su madre”. “A Felicidad deja de preocuparle el fracaso de la familia tradicional y se halla ante el más insostenible fracaso como madre. Entonces se hace devota y mártir del hijo —Una ‘pietá’ donde la madre vieja sostiene al hijo joven y destruido que le escupe y besa, insulta y suplica— que la necesita y no le importa ya nada más y lo sufre todo, incluso la violencia”.

Hubo una tercera inflexión en la vida de Leopoldo Mª Panero que habría pasado de ser el transgresor a ser el loco para terminar siendo, al morir Felicidad, el monstruo.

La relación de L. A. de Villena con Juan Luis Panero fue intensa pero intermitente y ello lo explica Luis Antonio por una característica específica de Juan Luis que pudiéramos definir como un continuado huir del pasado, ”se iba a otra cosa, soltaba amarras”, una facilidad pasmosa de desasimiento, un egoísmo radical y profundo. Juan Luis tuvo “un éxito literario tardío y una soterrada competencia con su hermano Leopoldo y un afán rebelde y destructor (incluso autodestructor) que no siempre halló cauce. Fue un alto poeta de mundo reducido, elegíaco”.

El trato con Michi fue superficial y esporádico, dejado al casual encuentro; de él dice Villena que en el drama de los Panero, Michi estuvo falto de vocación y “solo le quedó vivir como un precoz perdedor merodeante y zizzaguero”… ”Quien más abjuraba del mito de los Panero, es quien más vivió bajo esa sombra que tanto le protegía como le dañaba”. Siendo siempre un referente lateral de sus hermanos.

A lo largo de estas memorias se alude a la obra escrita de los Panero, y se da una valoración que valdría para todos ellos y quizá para muchos otros poetas. Siendo todos ellos poetas de calidad, vienen a ser muy desiguales; quizás el más equilibrado en cuanto a calidad poética haya sido Juan Luis Panero, que consciente de su muy limitado universo poético escribe poco. En varias ocasiones alude Villena con cierto sarcasmo a la valoración actual de la poesía de Panero padre. En la página 56, por ejemplo, refleja la que sería la opinión del propio Juan Luis Panero sobre la poesía de su padre: “—¿Y como poeta? Era bueno, pero se quedó atascado en glorias de un tono manso, burgués, convencional”. Para L. A. de Villena el esfuerzo de recuperación de la poesía de Leopoldo Panero es un intento que presenta enormes dificultades, ya que ni los temas, ni los modos ‘panerianos’ corresponden a la actual sensibilidad poética; además añade que esta reivindicación es realizada por lo que denomina el lado más conservador de la poesía tanto formal como ideológicamente.

No obstante, es consciente de que las sensibilidades son cambiantes, y en este mismo libro hemos visto como un Juan Luis Panero preterido, con dos libros ya valiosos publicados, sobre todo el titulado ‘Los trucos de la muerte’, fue recuperado y puesto en valor, por la editorial Renacimiento de la mano de Abelardo Linares, en 1984  y pasa a ser reconocido no como epilogal de un tiempo (generación de los 50) sino como auroral de otro. En aquel mismo momento la poesía simbolista y desgarrada de Leopoldo Mª no interesaba, (y eso que estaba en su mejor momento como poeta, habiendo publicado ‘Narciso en el acorde último de las flautas’) y tendría que esperar a la edición en ‘Cátedra’, por Jenaro Taléns, de la antología ‘Agujero llamado nevermore’. Con respecto a la poesía de los últimos años de Leopoldo María Panero, sobre todo a partir del 2000, la opinión de ‘Villena’ es como la que formulara Ramón Gómez de la Serna sobre las novelitas por entregas que fabricaba ‘Valle’: que tela cortada hay para darle “al manubrio del ludibrio del bodrio”, pero resultan ser salvas de ocasión en la que abunda la basurilla poética.

Leopoldo María escribe contra la vida y en ocasiones adopta el disfraz del monstruo, sea quien sea el monstruo, esto que le enmascara llega a ser él (pero él es aquel que no es, en un rizo antidivino del dios del Génesis). La máscara misógina es una de tantas, pero tuvo consecuencias materiales en agresiones que van más allá de la ‘antilírica’, por ello ciertos homenajes acaecidos en la pequeña ciudad de Astorga, tal el día de la mujer, debieran de ser sopesados.

La poesía de Panero padre habrá de ser puesta en el lugar que merece y esto solo puede hacerse con un discernimiento desinteresado. Las banderías no suelen ser criterios aptos para estos casos. No parece conveniente ningún tipo de culto, aunque ello no deje de ser cultura; y también sobran en esta pequeña ciudad en la que convivimos ciertas conferencias veraniegas ligadas a una cátedra insular que ofenden la inteligencia de los lectores de Leopoldo Panero.

En fin, un libro con muchas anécdotas escabrosas del lumpen sexual, homosexual, en un momento en que estas prácticas sufrían grande persecución, un libro en el que asistimos a la destrucción (esto le puede pasar a cualquiera) de una manera extremadamente sórdida de una familia, la familia de Leopoldo Panero de Astorga.

Un Comentario

  1. ¿Dónde puedo comprar éste libro de L.A. de Villena que me salga más económico? ¿Alguien que ya lo haya leído y quiera vendérmelo?
    Muchas gracias
    Mary Carmen

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