“Taxonomía de la locura”. Reflexiones antes de dormir sobre arte y salud mental

“Alopecia mental!”. Una obra de Carlos de la Varga en la exposición colectiva de la galería Ármaga. © Fotografía: Nacho Aller.

Hace unas semanas la artista y fotógrafa leonesa Miriam Vega se propuso escribir un pequeño artículo a partir de dos exposiciones que coincidían esos días en León, una de obras artísticas realizadas por personas con problemas de salud mental, que se pudo ver en la galería Ármaga con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, y otra de dibujos y pinturas de Nuria Palencia titulada Hysteria en la Fundación Vela Zanetti. El resultado es este texto que, para su autora, “ha supuesto un impulso para poder esclarecer una de las líneas que me apetece desarrollar en referencia a la arteterapia“.

TAXONOMÍA DE LA LOCURA

Reflexiones antes de dormir sobre arte y salud mental

Por MIRIAM VEGA

“La creación, el hecho de intervenir en el mundo, es un acto que incluye el dejar huella, el dejarse en la huella, por ello trazo ligado al tacto y a la caricia —caricia dada o caricia recibida—. Huella de nosotros y huella del mundo en nosotros. Reflejo, reconstrucción, señal, el dibujo es huella, índice de sí y a la vez icono y a la vez símbolo. Encierra múltiples y complejos significados que remiten a complejas tramas de lo psíquico donde se entremezclan las demandas, las pulsiones, los fantasmas.” Marián López Fernández-Cao.

Los días mundiales adheridos a una definición saben al primer fascículo de cualquier materia que compras en un quiosco, oséase insaboros. Parece que al hecho de recordar mundialmente algo le acompaña una especie de concienciación divina; se le da prioridad al argumento insonoro y no se percibe un cuestionamiento de alternativas para pensar en la integración de la diversidad de los cuerpos… Amada hipocresía que le da valor a nuestros doce meses y a nuestras doce causas, como bien apunta la cadena Telecinco. Mientras, la construcción de propuestas para la sensibilización y la vida igualitaria conviven sobre vía estrecha junto a los “paradigmas de lo utópico”(elevación exponencial).

Dentro de los márgenes, o más bien fuera de ellos, podemos toparnos y no hace falta abrir mucho los ojos, con personas que vivimos dentro de la sociedad de una manera invisibilizada. Cuerpos enfermos, cuerpos trans*, cuerpos negros, migrantes, refugiados, cuerpos de mujeres asesinadas a manos de sus parejas. Un sinfín de cuerpos sometidos a diferentes categorías y definiciones que con esta adjetivación se colocan en una escala inferior por causa de la magnificencia de esta nuestra cultura, nuestro capitalismo gore y sus políticas de austeridad de las que todos estamos impregnados.

El “gran día mundial” de muchos de estos cuerpos se celebró el diez de octubre (aplausos). Afirmando en alza este Día mundial de la salud mental Facebook me recordó que, pasados dos días, se celebraría el día de “nadie descubrió nada”, y que también podríamos haber hablado del acto de colonizar; pero esta vez mi cuerpo se retorció para hablar de aquellos que desde su locura o desde su aparente locura, a ojos de aquél que observa, nos ofrecen y nos adentran en lo que son, con su acto creativo y con su propia verdad. Un gesto de dar y crear a través de —un puente tendido entre el afuera y el adentro, una piel intermedia[1] y necesaria, en estos tiempos, para entender y sobrevivir a la atrocidad de esta nuestra sociedad. Quiero partir de ellos y desde ellos (porque de ellos también aprendo a sobrevivir yo) para hablar del acto de la creación sin paternalismos, sin palmaditas en la espalda, sin presuponer lo terapéutico de su práctica y tachando la palabra terapia en este discurso.

El pasado mes de octubre, dos exposiciones sobre la locura arriesgaron y visibilizaron en esta ciudad esa sinopsis entre arte y salud mental. En Galería Ármaga del 6 al 10 de octubre, e Hysteria de Nuria Valencia del 7 al 28 de octubre en Fundación Vela Zanetti.

Una de las obras de la exposición
Una de las obras de la exposición “Hysteria” de Nuria Palencia.

La contemplación de estas dos exposiciones, en conjunción con lo que algunos determinan que puede aportarte tu propia obra, volvió a despertar en mí ese debate interno con el que algunas veces me acuesto; ese minimonstruo que no habita en los sueños y que lleva como nombre la expresión arteterapia.

Hablar de uno mismo, de la enfermedad, hablar de estructuras frágiles, de hacer política a través de la imagen, de contar esa vulnerabilidad, nos lleva a la abolición del narcisismo. El calificativo de arteterapia es suplantado por el de empoderamiento ya que la finalidad de estas prácticas no busca el alivio ni la curación, sino fortalecernos y ofrecer ese fortalecimiento a los otros a través de otras realidades, a través de la observación.

Podría parecer exagerado afirmar que: “Si hay algo que provoca en mí una fractura del alma o un aguijón invisibilizado en el cuerpo, es ubicar la elaboración de arte y enfermedad dentro de un contexto de terapia”. Pero me gustaría que pensáramos que aquellos que utilizamos los códigos del arte para expresar a través de nuestra realidad descarnada no hacemos exaltación de lo que podría ser “una simple queja”, sino que sometemos a discurso la subjetividad de nuestro propio yo para ofrecer, a aquellos que observamos, una realidad “no cómoda”. Una realidad que merece ser contada para hacer incisión y poder cambiar este sistema.

Y volviendo a ese arte que nace de la locura me acuesto con una serie de acciones con la intención de poder entender y contestar(me) a esas adherencias que han llegado tras la observación del color y quizás poder soñar con ese minimonstruo.

Obras en la exposición colectiva de la galería Ármaga con motivo del Día Mundial de la Salud Mental. © Fotografía: Nacho Aller.
Obras en la exposición colectiva de la galería Ármaga con motivo del Día Mundial de la Salud Mental. © Fotografía: Nacho Aller.

ACCIÓN PERFORMATIVA EN REFERENCIA A LA LOCURA

  1. Fijar la mirada en los nombres de sus autores inscritos a lápiz.
  2. Advertir en la denominación de locura qué representaciones se adhieren en cada sujeto y qué diferencias se establece en el género.
  3. Hacer un recorrido por el s. XIX, época en la que se crea esta definición y se patologiza dicho término.
  4. Observar cómo la ciencia, a pesar de su estatus privilegiado, también crea ficciones[2] con la intención de reconstruir y dar un sentido aparente a nuestra sociedad.
  5. Pensar en la reconstrucción de estas ficciones a través de dispositivos que tiene como finalidad controlar nuestros propios cuerpos o como dice Foucault: en términos de biopolíticas.
  6. Preguntarnos qué entendemos por locura, y si podemos ubicarla dentro de un contexto de enfermedad política.
  7. Desmitificar el arte como terapia para reubicar la acción de crear dentro de unos parámetros de empoderamiento y que no se subestime a aquél que crea.
Obras en la exposición colectiva de la galería Ármaga con motivo del Día Mundial de la Salud Mental. © Fotografía: Nacho Aller.
Obras en la exposición colectiva de la galería Ármaga con motivo del Día Mundial de la Salud Mental. © Fotografía: Nacho Aller.

BIBLIOGRAFÍA:

  • DEL RÍO DIÉGUEZ, María. Creación artística y enfermedad mental. Tesis para el Grado de la Facultad de Bellas artes. Madrid, 2006. pp. 55.
  • MONTILLA, Julia. Ilustraciones médicas de la locura femenina en el siglo XIX. Encuentro: artes por la integración. Agora, A Coruña, 2010.

NOTAS:

  1. [1] (Del Río Diéguez, 2006:55)
  2. [2] (Montilla, 2010)

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