Sebastián Román: “No sé si habría manera de saber la cantidad de sufrimiento que contiene un teléfono móvil”

Exposición de Sebastián Román. Sala Provincia. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Exposición de Sebastián Román. Sala Provincia. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

En ‘Des_enchufado’, la última propuesta expositiva de Sebastián Román, el artista de Castrotierra de la Valduerna (León) plantea una crítica acerba del despilfarro o de la especulación urbanística de los últimos años del boom en la ciudad de León. En la exposición, que se puede ver hasta el 4 de mayo en la Sala Provincia del Instituto Leonés de Cultura (ILC), este creador invita a dar un paseo por la cárcel de cada cual, que es la de todos, y a reflexionar sobre el reciclaje, en este caso, del material informático y tecnológico que sirve para la construcción de maquetas que replican la ciudad de León.

Por ELOY RUBIO CARRO
astorgaredaccion.com

—Ya el título, ‘Des_enchufado’, antes de ver nada, da lugar a una pregunta sobre cómo leer esta palabra y qué significa ese prefijo separado a la vez que unido por el guión.

—Una de las personas que más me ha ayudado es mi galerista, sin él hubiera sido casi imposible llegar a esta exposición. Es un guiño a ‘ESPACIO_E’, el guión y la E de ‘Des_enchufado’ viene dado por eso, por ese guiño al galerista… Y lo que es ‘Des_enchufado’ viene por toda la materia con la que he trabajado que ha sido desenchufada alguna vez, tirada; ha sido un despojo y ese ‘des’, ‘des’, ‘des’ aplicarlo a todas esas cosas que han formado parte de nuestra vida, pero que ya no lo hacen sino como desecho. Yo lo que pretendo es quitarle ese ‘des’, dándoles una segunda vida.

—El reciclaje parece un ‘leitmotiv’ de su producción artística en los últimos años. De pronto todos esos desechos tecnológicos simulan una ciudad, en este caso la de León… Las fotografías que la componen son claras, coloristas, hermosas. ¿Pretende mostrar que un mundo creado a partir de desechos podría ser un mundo hermoso? ¿Cuál es la verdad que queda fuera, antes o después, de estas fotografías tan excesivamente atractivas?

—Toda esta problemática de los desechos surgió del visionado de un documental titulado ‘Obsolescencia programada’, donde se muestra cómo acaban todos nuestros desechos. Dentro de los transistores, los ordenadores, existe una gran belleza, son productos que podrían durar muchísimo más y que se desechan sin saber realmente todo lo que tiene dentro. De tal manera que las grandes minas del futuro van a ser estos lugares donde están los despojos de ahora, los desguaces, los puntos limpios; pues muchas de las sustancias ahora imprescindibles están a punto de agotarse, como el litio, principal componente de las baterías de nuestros teléfonos. Otro grandísimo problema es que casi todos estos metales de las tecnologías de la comunicación han aparecido en países tercermundistas donde las condiciones laborales son de escalvitud y esto genera mucho sufrimiento. No sé si habría manera de saber la cantidad de sufrimiento que contiene el móvil de mi bolsillo, pero lo peor es que la evolución tecnológica pronto lo dejará obsoleto y tendré que comprarme otra dosis de sufrimiento tercermundista. Sí que es un poco cambiar el agua en vino, cambiar eso que es un desecho, que es feo y contiene creatividad y tanto dolor humano, en algo hermoso.

—Hay algo de inquietante en estas fotos. Hay una ausencia de vida y sin embargo no hay naturaleza, salvo en el color del fondo. Parece una muerte limpia, como de bomba de neutrones. Esa inquietud que expresara Francisco Umbral ante la bomba de neutrones: “Del niño ya nada, pero nos quedará la medallita”. ¿De qué profecía se considera usted partícipe?

—Somos una especie que lleva en sí misma el germen de la extinción. En el año 1997, yo entré por primera vez en esta sala a visitar una exposición de Alexander Calder  y estaban los niños y se hacían guiñoles. Esos niños veían cómo los cuadros tomaban vida y ellos eran partícipes de lo que se exponía. Los niños son el futuro y este futuro se lo estamos arrebatando nosotros con esta vorágine de lo nuevo que ya ni necesita de esa programación de la obsolescencia, puesto que la inutilidad le va a venir del último ‘gadget’, la obsolescencia está en el anhelo sin fin de novedad…

Exposición de Sebastián Román. Sala Provincia. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Exposición de Sebastián Román. Sala Provincia. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

—Pero los niños, los adolescentes, sobre todo son irrespetuosos con su futuro desde el momento en que se convierten en seres activos, pues ellos son los mayores y más ávidos consumistas tanto de materiales tecnológicos como de bolsas y plásticos no reutilizables.

—Quizá ellos no tienen la conciencia en la que deberíamos haberles formado por el montaje comercial sobrevenido en el que han nacido.  Somos nosotros, los adultos los culpables de haberlos  formado en esa cultura del desecho, del mal uso de las cosas y de los objetos. Si les hubiésemos educado en una cultura del reciclaje… En un experimento que hice como profesor de adolescentes, les nombré ‘guardianes’ de su casa para que reciclaran, para que vigilasen y que todos los elementos fuesen a su sitio en el contenedor, pero entonces los padres protestaron, dijeron: ‘¡tenemos un policía en casa!’, y tal. Ya pero es que ese reciclaje cuesta un trabajo, si nos habituásemos a ello obtendríamos al final recompensa tanto social como ambiental.

—Susan Sontang afirma que la fotografía no se limita a reproducir lo real, sino que lo recicla. Las fotografías que aquí vemos reciclan entonces el mundo doblemente, en la materia de las mismas y en la representación que hace. ¿Cuál es la realidad originaria para usted? ¿Cuál es el sentido ecológico de sus propuestas?

—Hay una parte de la exposición que es una foto de reciclado sobre una chapa que era un libro, que está reciclada. Papeles que han sido utilizados por el otro lado, están impresos. Lo que intento es reutilizar al tiempo que uso un formato o un material que también se ha desechado. Por el otro lado de la capa de la foto hay una parte de un libro que se desechó, son chapas de zinc; intento darle la vuelta y reciclar lo máximo posible. Si yo pudiese hacer una exposición con cero emisiones; incluso que pudiese reutilizar el material que yo mismo desecho, para mí sería genial.

—¿Hay un sentido ecológico del reciclado o cuando este se produce es que la Naturaleza ya ha desaparecido?

—Es lo que decía antes sobre que las minas del futuro serían los desguaces, lo peor es que el problema lo hemos ido deslocalizando, que hemos ido traspasando los desechos tecnológicos a otros países, vendiéndoselo como artículos de segunda mano, cuando solo se trataba de chatarra.

—Pero lo que vendría a decir Susan Sontang es que si alguien hiciera una fotografía del dolor que generan esas exportaciones –niños que queman los circuitos integrados para extraer los componentes a la vez que se intoxican de sus vapores, paisajes transformados por la basura tecnológica de occidente– y fuera un fotógrafo decente, pues sería una fotografía hermosa. Entonces, si la fotografía hermosea la realidad, la recicla en este sentido. Me pregunto entonces cómo esto puede servir de denuncia si lo has convertido en algo apetecible de ver, impoluto, limpio, precioso. ¿Cómo el arte nos va a sacar de aquí si nos está dando el gusto?

—El arte está mostrando la realidad, a la vez que nos muestra un camino, el camino del reciclado, que nos dice que todavía estamos a tiempo. Y no la cena de amigos que se hizo en París o en Kioto.

Exposición de Sebastián Román. Sala Provincia. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Exposición de Sebastián Román. Sala Provincia. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

—Cuando vienen los niños a esta instalación, se encuentran también con cosas, como es el caso de la maqueta que pueden parecerles de juguete. Un niño hace un momento cogía una de las piezas para jugar con ella. ¿Con qué se quedan de la exposición y qué se llevarán para su casa?

—Yo les cuento mi experiencia cuando entré por primera vez en la sala y ni me imaginaba que pasados 19 años iba a volver como artista. Les digo que ellos son los críticos, porque son los más sinceros. Y para mí son el mejor baremo que puedes tener. Si ellos están enganchados, no quieren irse, el profesor tiene que tirar de ellos, te hacen entrevistas… Y si entretanto aprovecho para contarles que las imágenes las hago con cámaras como las suya y les animo a que utilicen sus móviles, a que hagan dibujos y los coloquen en la maqueta, que lo interpreten y reutilicen a su manera y que jueguen con ello… al final les digo, todo esto que para mí es un tesoro, para alguien era un desecho. Me gustaría que todos se impregnasen de la importancia del reciclado.

—En las fotografías, pero también en la maqueta parece apreciarse algo que sugería Luis García Martínez, en los márgenes, en las fugas de la imagen, León se pierde en la vorágine de una ciudad más selvática.

—Y una ciudad fantasma también…

Cuento en este reportaje el proyecto sobre la estación del AVE que se paralizó y lo hago a modo de denuncia; pero sobre todo denuncia a un modo de hacer las cosas. Se dice: vamos a hacer algo, pero en vez de procurar la funcionalidad, se creen artistas. Si eres arquitecto, lo primero que tienes que mirar es por el bien de la ciudadanía y si vas a hacer un edificio tiene que ser eficiente y que pasados los años la gente lo admire por el servicio que ha proporcionado y lo bien diseñado que estuvo… Menciono también el caso de Fernández Ladreda, cuando se construyeron esas marquesinas en el centro, que si salías del autobús te tirabas al tráfico en vez de a la marquesina, si llovía te empapabas… Denuncio un poco toda esa especulación que ha existido y ha dado pie a proyectos que no han ido en beneficio de la ciudad, sino de intereses espurios y de algunos bolsillos.

Exposición de Sebastián Román. Sala Provincia. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Exposición de Sebastián Román. Sala Provincia. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

—Entonces toda esta instalación está impregnada de denuncia, denuncia del mal uso de los bienes naturales, de la especulación inmobiliaria, de la nube de smog.

—De hecho, algunos de los proyectos que se habían pensado para León no se llegaron a realizar y yo los finalizo aquí, pero desde esa mentalidad de urbanismo exacerbado.

—Usted desrealiza los ‘detritus’ de la sociedad para manifestarla, la reproduce desde el asco, desde la carroña, desde el excremento y esto lo hace bellamente, la hermosea. Su conciencia está limpia, lo sé. Pero qué cree que va a suceder con las nuestras, tras el paso por su instalación.

—Cumple muy bien con su función, por lo menos a nivel informativo y la gente es consciente del problema…Somos la primera generación que somos conscientes del gran problema y también somos los primeros que podemos hacer algo, estamos a tiempo… Como no lo hagamos, todo ese futuro apocalíptico que se puede describir ahí de ciudades deshabitadas, de medallitas sin el niño, se puede llegar a dar en nada…

Exposición de Sebastián Román. Sala Provincia. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Exposición de Sebastián Román. Sala Provincia. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

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