Guadalupe Grande: “Escribir poesía es inventar otras posibilidades para circular a través de la vida y de la historia”

Guadalupe Grande y Tomás-Néstor Martínez, durante la entrevista. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Guadalupe Grande y Tomás-Néstor Martínez, durante la entrevista. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

El profesor y poeta Tomás-Néstor Martínez entrevista a Guadalupe Grande aprovechando su paso por las IX Jornadas de ‘Poesía a Orillas del Órbigo’ que se han celebrado en la localidad leonesa de Veguellina. 

Por TOMÁS-NÉSTOR MARTÍNEZ
Desde astorgaredaccion.com

Poeta, ensayista, crítica literaria, Guadalupe Grande participa en encuentros poéticos tanto en Europa como en América. Algunos de sus libros de poesía son: ‘El libro de Lilith’ , ‘La llave de la niebla’, ‘Hotel para erizos’. Actualmente coordina la actividad poética en la Universidad Popular ‘José Hierro’.

—Guadalupe Grande Aguirre, para los amantes de la poesía estos dos apellidos encierran claramente todo un mundo poético tanto por parte de padre como por parte de madre. Félix Grande y Francisca Aguirre… Cuando se nace envuelta en  poemas ¿eso condiciona ya de alguna manera? 

—No tengo idea, Tomás; son dos preguntas que me han hecho intensamente. Cuando era más pequeña, que cómo se sentía una siendo hijo único, y la otra, si condiciona o no haber vivido en nido de poetas, creo que esto no se puede valorar, porque no soy capaz de ponerme en el lugar de tener hermanos ni  de haber tenido una casa vacía de libros. Y creo que eso depende luego del temperamento y de los vínculos familiares para que uno pueda gozar de ese legado o aborrecerlo.

—Tú has visto pasar por tu casa a grandes escritores en lengua castellana del siglo XX y parte del XXI; destaca alguno sin que los demás  se enfaden.

—No, no; a mí me gusta más pensar en mi casa —por la que pasó mucha gente tanto española como latinoamericana—  no tanto como un cenáculo de grandes figuras, sino como en una casa abierta en el más amplio sentido a la cultura. Mi padre, digamos tal vez el reclamo, fue muy generoso; apareció gente de todo tipo, estirpe y pelaje, desde gente ‘hiperconocida’ que venía a través de ‘Cuadernos’, hasta el adolescente que mandaba unos primeros poemas y que luego llegaría a ser un poeta, pero que cuando entró en casa  era tan solo un renacuajo de 20 años que tenía mucho interés por la poesía. Y creo que en eso mi padre era importante tanto por los vínculos con la gente que admiraba como por abrirle el espacio a quien no tenía asideros y  necesitaba creer en esto.

—Dime algún nombre  así de pronto. 

—Es que fueron muchos, fue muchísima gente…  Me acuerdo de Carlos Edmundo de Ory, porque era un tipo muy peculiar y siendo pequeña me hacía ilusión; pero  también recuerdo a Onetti, Rulfo, Cortázar, Olga Orozco…

—¡Vaya nombres!  Toda la literatura.

—Sí… es que pasaban… Y luego, españoles. Te puedes imaginar… Los coetáneos de mi padre: Fernando Quiñones, tan amoroso y Diego Jesús Jiménez, Antonio Hernández…

—¿Claudio?

—De Claudio; no me acuerdo de haberlo visto en casa. A Eladio Cabañero lo recuerdo mucho porque vivió en casa prácticamente media vida.

—Saltándonos un poco la parte literaria. Escuchando a tu madre hablar sobre su vida en la posguerra recordaba a tu abuelo como pintor de comisario en Alicante…

—“Empezó” su carrera no como pintor, sino como policía en Alicante…

—Luego vino la parte negra, la parte dura..

—El exilio…

—El exilio, más el sufrimiento de las hijas que habían quedado en España ¿no?

—No; se exiliaron las tres hermanas, la bisabuela, la madre de mi madre y mi abuelo; primero a París y luego a Leago. Regresaron en el año 40…

—Y todavía sufrieron lo suyo ¿no?

—Cuando los alemanes empujaron hacia la frontera, aún sufrirían lo suyo, sí. Los tíos de mi madre aparcados en los campos de concentración. Fue lo que sufría también una enorme parte del país. Mucho, mucho miedo y mucha hambre. En Madrid además el hambre fue dura, más dura que en el agro…

—Y todavía duró… Otra vez has comentado que cuando el golpe de estado del coronel Tejero dormíais o no dormíais en casa con un ojo abierto y otro…

—Yo era muy joven y tenía más miedo histórico y narrado que miedo real. Mi madre se defiende durmiendo, por ello tuvo menos problemas para conciliar el sueño esa noche; fue Félix quien se mantuvo despierto toda la noche.

—Al leer tus poemarios veo momentos, versos que me llevan automáticamente a todo aquello vivido; y la palabra ‘regreso’ abunda en unos cuantos de tus poemas; la interpreto como la memoria y la lucha en contra del olvido.

—Sí, lo mismo que sucede con los poemas uno articula un discurso a posteriori sobre lo escrito y lo vivido. Estudié antropología, no filología, y después me he ido dando cuenta de la memoria como pilar fundamental. La memoria de los antepasados cercanos, la memoria de la especie, ha sido brújula en mi vida. Y sobre todo, la memoria de lo que la gran historia olvida.

—Al hilo de lo que dices, he hecho una lectura del ‘Libro de Lilith’ como  una cosmogonía, como si fuera una interpretación que tú hicieras de la creación del mundo. O dicho de otro modo, tú creas a partir de Lilith, o juntamente tú con Lilith creáis un mundo.  Me parece interesante que Lilith no se someta a Adán, decida volar y abandonar el Paraíso; no regresa jamás. Una especie de Génesis o cosmogonía o explicación del origen del mundo es la lectura que hago de ese libro.

—No aspiro a tanto, ni el libro pretendía tanto; tan solo aspiraba a darle una ligera vuelta de tuerca  al  mito original, recogiendo por otra parte lo que estaba oculto. Yo no invento nada en ese libro, simplemente recojo una tradición que se ha ocultado, una tradición desprestigiada a la que no se le ha dado preponderancia y construyo una posibilidad de futuro a partir de esa otra narración.

—¿Es en la historia  el primer momento en que la mujer se subleva? La costumbre es presentar a Adán como el patriarca, el que ordena y manda. Nada más tienes que ver la explicación mitológica de  ella como costilla de…

—Bueno, el texto bíblico no dice necesariamente eso; otra cosa son las interpretaciones posteriores. El texto original en la primera enunciación cuenta que fueron creados hombre y mujer, no dice más. Luego ya entra la historia de la costilla. No sé si es la primera vez en la historia, no sé si…No lo sé, no sé suficiente sobre cosmogonías para valorar si hay otro relato previo en el que la mujer tome parte activa, aunque supongo que sí debe de haberlo… Y no me parecía tanto en su momento una historia de rebelión, que lo es, como una renuncia, la de que no se puede desear el Paraíso a cualquier precio. Esa es la zanahoria en la que llevamos milenios atrapados y a lo mejor lo que tenemos es que olvidarnos del Paraíso y construir otra posibilidad.

—Decía Flaubert  que escribir es una manera de vivir; ¿te parece el poema un espacio vital raro en el que guardar cosas y almacenar vida o muestra también la vida?; es decir, poema, escritura y vida.

—Yo no los separo, es una discusión ‘categorizante’, más de análisis que de realidad. La misma discusión que si el fondo,  la forma, la poesía pura, la poesía impura, el lenguaje. No, yo eso no lo tengo separado y compartimentado y parte de mi vida es vivir para el poema, vivir hacia el poema y parte de la escritura es encontrar en el poema lo que no sé pensar de otra manera más que escribiendo poesía.

—Y la poesía, como escribes en algún texto ¿es una de las actividades más desobedientes?

—Sí, sí, creo que lo es; más democrática, más desobediente y más necesaria. Escribir poesía o pensar el mundo en términos poéticos es tener un pie puesto en el pasado, otro en el futuro y pensar que los códigos de circulación son solo eso, códigos de circulación; y que uno ha de inventar otras posibilidades para circular a través de la vida y de la historia, porque si no inventas esas otras posibilidades gramaticales, sintácticas y de comunicación, no nos vamos a mover nunca del lugar en el que nos han enterrado desde los pies hasta la ingle.

—Leo unos versos del ‘Libro de Lilit’, del poema ‘Primeras palabras’, y me gustaría que me los interpretaras. Me han sorprendido y hasta sobrecogido: “Nosotros estábamos recién sucedidos / y padre nunca debió de enseñarnos a hablar, / pues las palabras son un incendio devastador / y lo primero que arde es la inocencia; / mudos estaríamos mejor, / mudos e inocentes”.

—Muy taxativa era yo, cuando lo escribí.

—Para un primer libro ese tipo de reflexión por tu parte me resulta muy interesante. 

—No recuerdo muy bien si fue a Stravinsky o a Tchaikovsky al que, al acabar un concierto, alguien le  dijo: ”¡Qué hermoso, maestro! ¿Qué ha querido decir con eso?”. El compositor volvió a tocar de nuevo la pieza. “Lo que he querido decir con ello es lo que ahí dice, y si hubiera podido decir otra cosa pues habría dicho otra cosa”.

—¿”Mudos estaríamos mejor”? ¿Seríamos más inocentes?

—No seríamos humanos.

—No habríamos abandonado el Paraíso…

—No habríamos abandonado el Paraíso, seríamos como los animales, estaríamos en un mundo no interpretable, donde no habría fisuras, donde no habría contradicción… ¿Todo eso es malo? No, eso es lo que nos hace humanos. Pero eso es lo que nos permite mirar a la autoridad desde un lugar nada grato para quienes la detentan.

—En tus poemas asoma con muchísima frecuencia el mar…

—No lo sé.

—El naufragio, la vida como préstamo, y de nuevo la palabra ‘regreso’… Veamos estos versos: “Han regresado, han ido regresando, / han venido a regresar, como llega un remoto recuerdo, / como llega una vieja memoria sin palabras, / como si cayera del paladar hasta la lengua una antigua lágrima…” Estamos entonces ante el regreso, estamos ante la memoria, la recuperación de la memoria, el antiolvido; ¿el olvido es un cuchillo o es la memoria un cuchillo que abre el pasado?

—El olvido más bien es una maza, una maza y un paredón y la memoria abriría…

—¿El olvido es un engaño o una forma de engañar?

—Depende de lo que se olvide, pero en principio el olvido es una estafa; una estafa porque no se olvida; no es verdad, se recuerdan unas cosas y otras se olvidan, y el problema no es tanto la amnesia, que sería indiscriminada, como qué se decide recordar y qué se decide olvidar.

—De los tres poemarios que tienes, en cada uno de ellos aprecio un registro diferente, cada uno de ellos crea un mundo diverso. Uno es una cosmogonía, una creación del mundo; el otro, ‘La llave de niebla’ es el mundo urbano, con una enorme amplitud; y el último, ‘Hotel para erizos’, me parece un poemario más completo y abarcaría mayores aspectos vitales

—Si has hecho esa lectura bien está. Yo no sé mucho, no sé mucho y no tengo grandes teorías sobre mis diferentes libros. Sé que cada uno cambió las cosas de sitio porque me aburro de escribir lo mismo; me genera mucho tedio repetirme… me aburro. No tengo más explicación. Y sé más o menos por qué comienzo cada uno de los libros. Ni siquiera estoy segura de que haya evolución de un libro a otro.

—La palabra evolución tampoco la empleo en el sentido de cambio, sino miradas diferentes a distintos momentos de la vida.

—Uno es en cada momento, en cada poemario. Escribo poco, entonces entre libro y libro han mediado al menos cinco años. En eso uno cambia, cambian las lecturas, cambia la realidad. Por ejemplo, creo que ahora mismo predomina la confusión histórica, el despropósito. Lo que ahora escriba tiene que dar cuenta de eso porque es una circunstancia vital que se ha impuesto, se me ha impuesto con una rotundidad, lo mismo que se me impuso la reflexión en ‘Hotel para erizos’ como una necesidad. Pasan los años y las circunstancias se imponen.

—Y por fin ¿se abren las puertas o se cierran?, ¿las calles confluyen en un mismo sitio o en ninguno?, ¿las cosas van o vienen?, ¿las estaciones son de llegada o de partida?, ¿los árboles crecen o resisten? ¿O todo a la vez o nada en absoluto? 

—Pues en general no sé. Si lo supiera habría optado. Creo que hay épocas de apertura y donde es más sencillo celebrar, que hay épocas de clausura donde es más difícil celebrar, y creo que el peligro que atravesamos ahora es no ser conscientes de que atravesamos una época de clausura y que no hay nadie que haga los gestos necesarios  para que cuando se cierre la puerta no se caiga la casa detrás.

—La conciencia crítica en la creación artística en general ¿existe? En tu caso es evidente. ¿No piensas que debería ser incluso iconoclasta?

—Yo no creo que tenga otro destino, independientemente de la estructura, el artilugio y el entramado retórico que se elija para dar cuenta de eso, pero si el pensamiento artístico, si el pensamiento poético, si el pensamiento fuera de lo normativo no es crítico por necesidad, indagador por necesidad, cuestionador  por necesidad… eso se convertiría en un decorado, más o menos kitsch, creo.

—Hay dos poemarios ya por ahí en el cajón, que saldrán no tardando…

—Algún día encontrarán…

—Cuando has ido a Medellín a leer poemas tuyos y has estado en estos lugares donde veneran la poesía y la respetan ¿qué se siente al ver allí a miles de personas escuchando a Lupe Grande leyendo sus versos? Esto tiene que proporcionar una sensación de alivio.

—No.

—¿No?

—Es una sensación de responsabilidad y de pregunta muy severa, porque aquí hay una ficción de autofagia. Nos conocemos todos, nos leemos los unos a los otros; parece que no hay otro público para la poesía, que es un público muy escaso, como estar dentro de la orden…

—De la milicia.

—Entonces tú ya sabes lo que la orden quiere escuchar o cuál es la preparación de la orden. Pero claro, cuando tienes un público de 5000 personas escuchando, y escuchando además con necesidad, porque creen en la poesía, saben que la poesía tiene algo que decirles, algo que les va a ayudar a entender y a manejarse con una realidad que es tremenda, que es difícil, compleja y que está vinculada a zonas tan problemáticas como aquí, pero extremadas, a zonas de violencia muy severas, a zonas de pobreza  muy extremas. Y esa gente cree que lo que tú les lees puede serles útil, puede ayudarlos en algo. En ese sentido uno se pregunta ¿cómo salir de la neurosis existencial europea y decir? Ese es otro tema.

—En esos casos pensarás que la poesía sirve para alguien porque alguien la escucha y posiblemente les ayude para seguir por el camino.

—Yo creo que la poesía sirve igual. Bueno está que te escuchen, bueno está que haya públicos más atentos, más predispuestos, menos zaheridos o malheridos o desubicados por algo que aquí no sé por qué es un ritornelo, por la dificultad. De pronto en Suramérica la dificultad no parece un reproche a la escucha o al lector. Pero en cualquier caso, yo creo que el gesto de que haya alguien de madrugada, en su casa, escribiendo poesía, es tan importante como que siga habiendo un árbol dando aire aunque tú no lo veas.

Guadalupe Grande. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Guadalupe Grande. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

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