José María Merino: “Saber menos palabras no nos hace menos cultos, nos vuelve más indefensos

José María Merino. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

José María Merino. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

El pasado viernes, dentro del ciclo ‘Tardes de autor’, organizado por la Concejalía de Cultura de Astorga, bajo el asesoramiento de Luis Miguel Suárez, tuvo lugar la intervención de José María Merino para hablar de la escritura novelesca y de ‘Musa décima’, su última novela. Astorga Redacción aprovechó la ocasión para entrevistar al autor de ‘La orilla oscura’.

Por ELOY RUBIO CARRO
Desde astorgaredaccion.com

—Su último libro, ‘Musa Décima’ parece una reflexión sobre las consecuencias e influencia de la literatura ¿Cómo un escrito casi desconocido como el de Olivia Sabuco, ‘La nueva filosofía de la naturaleza del hombre’ puede influir sobre el presente?

—Pues porque el libro se recupera y de pronto descubrimos en él cosas que nos interesan ahora. Ahora que hacemos un planteamiento nuevo de la salud, de la manera de tratar la vida, del modo de cuidar nuestro cuerpo, resulta que el libro de Doña Oliva está lleno de cosas modernísimas, lo que resulta sorprendente.

—Enseguida se manifiestan los paralelismos entre lo sucedido históricamente y la ficción narrativa. Las opiniones de Oliva Sabuco parecen corporeizarse en los personajes de ficción de su novela.

—Eso es lo que yo quería. Resultaba muy difícil coger un libro del siglo XVI e intentar vincularlo de tal manera con el presente que produzca una conjunción casi imposible. Doña Oliva habla de comportamientos, actitudes, de lo que llama los afectos, de los temas de la salud y yo quise integrar sus temas en el momento en que vivimos. Esa era mi apuesta literaria.

—El más evidente de los paralelismos se produce entre Oliva Sabuco y Berta. Oliva Sabuco ha sufrido el intento de despojo de la autoría del libro por parte de su padre, Miguel Sabuco, quien en un testamento declara ser el único autor de ‘La nueva filosofía de la naturaleza del hombre’. Berta, personaje de su novela, estudiosa de la obra de Oliva Sabuco, sufre el espolio de su trabajo por parte de su marido, e incluso la novia del hijo de Berta, Marina, escribe a partir de los materiales de Berta, una más que aceptable novela.
Es fácil pensar que usted se identifique parcialmente con Marina; pero ¿Quién es la suegra de usted? ¿Quién ha sido su Berta particular que le haya incitado a rebuscar en la vida de Oliva Sabuco?

—Mi Berta particular fue mi padre que tenía su libro en su biblioteca y que yo lo he heredado, y cuando descubrí con los años que Miguel Sabuco, el padre de Oliva, le negaba la autoría del libro en un testamento, entonces dije: Ahí hay una historia curiosa que nos habla seguramente de las apropiaciones indebidas. Y esto es lo que he querido hacer, un libro sobre las apropiaciones indebidas. Yo no sé si es verdad o no; pero adjunto las claves para que quien lea ‘Musa décima’ saque la interpretación que quiera. Creo que Oliva fue una chica culta…pero no obstante a mí me gustaba jugar a las apropiaciones indebidas. Un libro en el que viéramos como todo el mundo, en cierto modo se queda con algo. El abuelo inventa un motor y el amigo se lo roba, Berta está escribiendo una biografía, Marina escribe una novela y se sirve de lo escrito por aquella, y al cabo resulta que Berta desaparece del mapa. Quise hacer pensar al lector sobre ese juego de apropiaciones indebidas que parece propio de nuestra condición.

—¿Utiliza José María Merino su novela ‘Musa décima’ para indagar en la novela contemporánea, lo que pueda ser o no la literatura hoy en día?

—He querido hacer una apuesta que ya la había pensado cuando escribí ‘Las visiones de Lucrecia’, aunque allí no supe cómo entrar en las visiones de Lucrecia. Pero ahora, debido a la modernidad con que se trata el tema de la salud en ‘La nueva filosofía de la naturaleza del hombre’, podía comunicar muy fácilmente con el mundo actual. Yo he querido responderme entonces por los límites de la novela, y he descubierto que no tiene límites, que en la novela se puede hacer de todo. En ‘Musa décima’ he incluido cómic, investigación, pues hablo de las academias, cito también los libros que he leído, sin dejar de meter a los personajes en lo cotidiano.

—¿Es ‘Musa décima una indagación experimental que jugando con la novela histórica, la novela psicológica o incluso la fantástica nos sitúa de frente a las crisis afectivas, pasionales, de comportamiento, ante las corruptelas y picarescas en general y del mundo de la escritura en particular.

—Demostraría, lo digo con toda modestia, la capacidad que tiene la novela para utilizar todo y darle una nueva forma y ejemplarizar. Utilizar el viejo sistema de la novela ejemplar, de la novela que instruye, con una mezcla de estilos, de formas varias, integrándolas todas ellas. Lo que demuestra la gran potencialidad del género novelesco.

—Parece que en ‘Musa décima’ quien se acerca al libro de Oliva Sabuco queda prendido como de una zarza e incluso se viera obligado a continuar alguna forma de escritura a partir de él, como si hubiera un contagio. ¿Significaría esto que cuanto llegue a formar parte del acervo cultural, pudiera estar siempre presente para nosotros?

—No me atrevo a decir tanto. Hay un guiño de Berta en mi novela cuando dice: “Todos estamos en el libro”; yo he querido jugar con ese guiño, pensar que nuestros afectos, nuestros desafectos, nuestras fidelidades y traiciones nos comunican, no con este libro sino con la literatura, con la novela.

—Tengo la impresión, en torno a esta última pregunta, de que la escritura aunque estuviera ahí latente y no leída, en cualquier momento pudiera despertar o formar parte de una cosa como la que usted ha hecho. ¿Supone esto una consideración de lo escrito, de la escritura, del libro como algo fundamental en nuestra manera de ser y de entendernos?

—Es que yo defiendo que si perdiéramos la escritura dejaríamos de ser Homo Sapiens. El Homo Sapiens que empezó sin escritura para seguir en esa condición necesita de la escritura, y no podemos sustituir la escritura por otra cosa. La escritura se compone de fragmentos que tienen que irse organizando para desentrañar la realidad.

—Es también una manera muy fina de reflexión, con una creatividad diferente de la del discurso.

—El discurso verbal, que fue tan importante, ahora ya está integrado en estructuras materiales que son las letras y las palabras, y eso que es fundamental en la especie humana no lo podemos cambiar por nada; es más, todo lo que sea empobrecer el sistema material y formal de comunicarnos nos está haciendo un daño muy profundo. Ahora que los chicos vuelven al whatsapp, digo, menos mal… Pero hace falta formación.

—A lo mejor con el uso de Internet hemos perdido profundidad en la lectura, pero en cuanto a lectura hemos ganado, los chicos ahora leen y escriben con mucha más frecuencia. Lo que sí hemos perdido es la costumbre de permanecer concentrados durante tres o cuatro horas en un libro, y ahora vamos surfeando…

—Eso tendría que enmendarlo el sistema educativo. Había que apoyar un sistema educativo que realmente valorase ese tema, y lo peor es que cada vez se ataca más a las Humanidades, lo que no deja de ser una postura estúpida por parte de quienes tienen el poder y toman las decisiones. Mire usted, eso no se puede perder. Hay que potenciar las nuevas tecnologías pero asegurando el uso fluido y preciso de la palabra. La palabra si no es escrita ¿qué es la palabra?; porque la palabra oral es la que nos trajo hasta aquí. ¿Cuál sería el siguiente paso? ¿Ir simplificando, ir haciendo menos palabras? Yo les digo a los chicos: El saber menos palabras no os hace menos cultos, os vuelve más indefensos; porque tener más lenguaje es tener más posibilidades de defenderte ante cualquier cosa, ante los ataques de la realidad… Perder palabras no es perder cultura, es perder defensas y perder también sentido de lo que somos.

—¿Qué opinión le merece la reciente concesión del Nobel a Bob Dylan?

—Pues la verdad es que no conozco lo suficiente a Bob Dylan como poeta. Como músico tiene cosas muy hermosas. Si es un buen poeta, me parece estupendo, si no es un buen poeta pues la verdad es que me parece una frivolidad. El premio Nobel está para distinguir la calidad literaria. Bob Dylan me gusta como cantante, pero… ¿Es un buen poeta? Amigo mío, pues si no fuera un buen poeta no lo entiendo.

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