El club de los baterías muertos

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Keith Moon era todo un espectáculo, y es uno de los más prestigiosos integrantes del club de los baterías muertos. 

Por CARLOS DEL RIEGO

Imprescindible figura en todo grupo de rock es el batería. Nunca está en primera línea de escenario, pero siempre es clave en la personalidad de su banda. Tres bateristas de prestigio que han fallecido en apenas unos días son los últimos en llegar al luctuoso club.

En los últimos días se han ido definitivamente hasta tres baterías que hicieron carrera en el circuito del rock & roll; cierto que no eran lo que se dice grandes estrellas, e incluso, aunque con mucho mérito, los grupos en los que militaron tampoco fueron de éxito masivo. Se trata de Butch Trucks, fundador de los Allman Brothers Band, Jaki Liebezeit, de los alemanes Can, y Mike Kellie, que militó en Spooky Tooth y The Only Ones. Son las más recientes incorporaciones al indeseado club de los baterías muertos. Butch fue el batería de los Allman, pero curiosamente, siempre compartiendo el puesto con J.J. Johanson (Jaimoe); sea como sea, él impuso el ritmo a la formidable banda sureña durante décadas, y a él se deben las sutiles percusiones de sus más emblemáticos títulos. Liebezeit fue también fundador de uno de los grupos pioneros de lo que se llamó ‘krautrock’, el rock repollo, como lo definió la prensa alemana; el sonido experimental y alucinado del grupo siempre partía de las complejas percusiones de Jaki. Por su parte, Mike Kellie pasó de poner ritmo al psico-hard de Spooky Tooth en los últimos sesenta y primeros setenta, a hacerlo con los estupendos The Only Ones, emblemática y efímera formación entre el punk y la new wave.

La función del batería, en muchos casos, no se limita a proporcionar el tempo a la música, sino que no son pocas las ocasiones en las que quien está detrás, sentado a la caja, bombos, timbales y platillos, aporta espectáculo, dinamismo e incluso simpatía; sí, no es infrecuente que el batería sea el simpático del grupo. De entre los bateristas que, muy a su pesar, han entrado en este negro club, y que se caracterizaron por regalar auténticas funciones a la vez que aporreaban parches, destaca el inigualable Keit Moon. Quien haya visto cómo se las gastaba el batería de The Who (hay muchos vídeos) lo tendrá como un percusionista excelso, siempre tratando de meter redobles donde no caben, de llenar cualquier hueco en el sonido como si tuviera mil brazos en constante movimiento; pero a la vez que daba vida a las baquetas, Keith siempre estaba poniendo visages y haciendo muecas, como si quisiera dar espectáculo con todo su cuerpo, llegando a destrozar su instrumento. De este modo conseguía apoderarse de parte del protagonismo de Pete Townshend e incluso del solista Roger Daltrey. Claro que, cerca del final de sus días (murió en septiembre de 1978 con apenas 32 años), manifestaba estar un poco cansado de que todo el mundo estuviera esperando la payasada, la enloquecida ocurrencia de Keith, con lo que afirmaba sentirse casi obligado a divertir continuamente a los demás. Exuberante, volcánico y con una personalidad muy potente tanto en escena como en el día a día, así era Keith Moon.

También entró muy pronto en el club de los baterías muertos (se fue en septiembre de 1980, también con 32 años) el que lo fuera de Led Zeppelin, John ‘Bonzo’ Bonham. Su estilo, a diferencia de la tendencia a lo barroco del anterior, era sobrio y muy muy contundente, lo que no quiere decir que, cuando la ocasión lo exigía, no fuera capaz de ejecutar las más complejas florituras. Recordada es su durísima pegada, ese ‘punch’ demoledor que contribuyó a sentar las bases del rock duro y tanto influyó en tantos. Algunas de sus entradas, los señalados diálogos con la voz solista o la guitarra, o cómo arrancaba John ciertas canciones resultan tan identificativos de Led Zep como la propia voz de Robert Plant.

Menos reconocido es Cozy Powel, a pesar de que militó en grupos de postín y prestó su toque a muchas grandes figuras a lo largo de tres décadas; su nombre aparece en los créditos de unos ¡70 álbumes! Además, publicó muy meritorios discos en solitario, en los que colaboran algunos de los que le anteriormente habían confiado en su capacidad rítmica; a destacar su fantástico primer elepé con su nombre en la portada, titulado ‘Over the top’, un trabajo instrumental trepidante en el que el músico pone la percusión a la altura de teclados y guitarras durante piezas enteras, como en ‘Killer, donde deslumbran el poderío, variedad de registros y precisión de Cozy Powell. Murió en abril de 1998 con 50 años e ilusionado por la próxima gira que iba a emprender con Brian ‘Queen’ May.

Batería poco lucido fue Mitch Mitchell, aunque es lógico que no se vieran las luces que estaban alrededor de un astro del tamaño de Jimi Hendrix. Pero como toda estrella de dimensiones gigantescas, el emblemático guitarrista brilló mucho pero muy poco tiempo, con lo que el fino batería de la Jimi Hendrix Experience sólo tuvo esos tres años de gloria; sí, tocó con muchos otros, e incluso compartió escenario con algunos grandes, pero nunca volvió a formar parte del proyecto de un virtuoso. Mitch, que murió con 69 años en 2008, sustituyó en alguna ocasión al anterior; no le faltaba contundencia, pero sus maneras eran más bien académicas y con claras influencias del jazz. Su nombre siempre figurará asociado al del icónico guitarrista.

Cuando murió Tommy Ramone, en 2014, el New York Times escribió que él había mostrado el pulso del punk. Velocidad supersónica por encima de la pegada, una sencillez casi esquemática, ausencia de adornos y redobles innecesarios son algunas de las características de la batería punk, y todas están presentes en el primer álbum de Ramones (en puridad el primero del género), en el que Tommy marcó el ritmo a los que continuaron el ruidoso y, musicalmente, simplón estilo. El húngaro-estadounidense era al principio el manager del grupo, siendo Joey el batería; al pasar éste a la voz (porque los demás debían aullar más que cantar) Tommy tuvo que asumir aquella función. Sólo tocó (y produjo) en los tres primeros elepés de Ramones (más el inigualable ‘It´s alive’), pero sus maneras resultaron imprescindibles para dar forma a un estilo, el punk, muy poco dado a guardar las formas.

Pueden añadirse otros nombres pertenecientes al club de los baterías muertos, como Jeff Porcaro (Toto), Levon Helm (The Band, Bob Dylan) o Tony Williams (Miles Davis, Stan Getz, Chic Corea), pero son aquellos los que tienen los mejores puestos en esta cofradía a la que a nadie (o casi) quisiera pertenecer.

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