Quinteto Respira y Teloncillo estrenan “El jardín musical”, un espectáculo de música y danza para niños

Cartel de “El jardín musical”, obra de Isidro Alonso con fotografía de Nacho Carretero.

Es la primera vez que la compañía Teloncillo, desde su creación en 1968, estrena un espectáculo únicamente con música clásica y danza, esta vez de la mano de Quinteto Respira. “El jardín musical” cuenta sin palabras la historia de tres semillas a lo largo de las cuatro estaciones. En apenas cinco días, han visto ya el montaje 3.108 niños de 43 colegios de Castilla y León.  

Por ISAAC MACHO
Fotografías: NACHO CARRETERO

“¿Por qué no habla la bailarina?”, preguntó extrañado un niño nada más terminar la función a Katrina Penman cuando los músicos despedían a los pequeños en la puerta de la sala de cámara del Centro Cultural Miguel Delibes donde acababa de celebrarse la representación. Y es que El jardín musical es un espectáculo de música y danza, sin texto. Un universo sonoro y explosivo de emociones y símbolos sobre lo que sucede con las semillas en la naturaleza.

Con los músicos del Quinteto Respira y el acompañamiento de la bailarina, las diferentes escenas de este estreno, los protagonistas de la historia para niños a partir de 3 años, muestran el proceso que recorren tres semillas por las cuatro estaciones del año hasta florecer.

La idea de crear este montaje surgió cuando la flautista Katrina Penman leía el cuento “La semillita” de Eric Carle. Pronto se imaginó las músicas que podían acompañar a la narración y tras madurar el proceso creativo empezó con sus compañeros a enlazar el discurso del cuento con la música buscando sonoridades para el otoño, donde comienza el relato, para a continuación seguir con el invierno, la primavera y el verano.

Como responsable de la dirección musical, Penman “tenía claro que las composiciones elegidas debían tener mucha presencia y, al mismo tiempo, ser piezas conocidas del repertorio de sus autores para ponerlas al servicio del público”. “Esta música no es para niños ni para adultos, es para todos. El reto es escuchar música de mucha calidad desde los primeros compases”.

La primera sorpresa para los pequeños espectadores llegó al presentarse en el escenario Lola Díez advirtiendo que iba a buscar a sus compañeros de parranda, que no habían llegado. Las risas y el alboroto lógico de los niños se incrementaron al escuchar desde las escalinatas de acceso al escenario los sonidos inesperados del fagot, la trompa, la flauta o el clarinete animados por los profesionales.

Ese juego había atrapado la atención de los críos. Enseguida los músicos se colocaron alrededor de un manto de hojas amarillentas bajo el que despertó poéticamente Silvia Pérez Báscones, transformada en bailarina. Su personaje será la guía natural de todo el misterio, el maravilloso viaje que seguirán las semillas por el ciclo de la vida.

Escuchado el Canon de Pachelbel, le seguirán otras piezas de Borodin; El pájaro de fuego de Stravinsky; un adagio de Mozart, La danza macabra de Saint-Saëns, El himno de los pastores de Beethoven, Rossini, Mussorgsky, Shostakovich y Abreu.

Referencias musicales ajustadas a cada una de las escenas en las que se mezclaban con el sonido de los pájaros, el suave volar de una cometa, la fuerza del viento, la luz del sol, la sorpresa de la nieve, los árboles, las mariposas…

El proceso creativo de El jardín musical ha sido inverso a lo que es habitualmente la evolución normal de un espectáculo. Es decir, aquí primero fue “la música y luego la creación de la escena y la dramaturgia”, advierte Katrina Penman.

La colaboración de Teloncillo y el Quinteto Respira para sacar adelante El jardín musical se produce después de la experiencia positiva que supuso trabajar juntos en el concierto teatralizado Respirando cuentos que llevó a las tablas los cuentos tradicionales de la narrativa universal El patito Feo y Ferdinando, el Toro.

Ángel Sánchez, director de escena del montaje, reconoce que en esta ocasión la legendaria compañía vallisoletana ha modificado la ambientación jazzística que suele acompañar a sus obras por una estructura musical clásica.

“Aceptamos la iniciativa de Katrina que, desde luego, supone un cambio radical en nuestra trayectoria ya que incorporamos a nuestro repertorio, por primera vez, música clásica y una bailarina, aunque fue necesario elevar la edad de la idea original. En lugar de orientar el trabajo para bebés, aumentamos la edad a partir de 3 años”, explica Sánchez.

“Hay que reconocer que la música clásica es muy densa y si, como en esta ocasión, se trata de autores potentes, resulta más complejo explicar el contenido, pero la verdad es que hemos trabajado muy a gusto y ha sido un lujazo compartir el proyecto con músicos extraordinarios”, asegura también. Otra de las agradables sorpresas, dice, “ha sido la bailarina, Silvia Pérez, que nos ha facilitado mucho las cosas gracias a su extraordinaria disposición y su prodigioso talento a la hora de incorporar las sucesivas modificaciones que íbamos alterando”.

La propuesta melódica de El jardín musical es también para Ana Gallego, ayudante de dirección y de la dramaturgia, uno de los elementos más novedosos de este espectáculo en relación con las partituras “más calientes” que habitualmente integran en sus montajes: ritmos brasileiros o jazz así como también el tipo de instrumentos con los que ejecutan música en directo: guitarra, steeldrums y otros artefactos de percusión.

“No hemos ido a lo fácil, desde luego”, previene Gallego. “Aquí hemos tenido una apuesta por Quinteto Respira y ese ha sido el reto: alejarnos de nosotros mismos, buscar otros supuestos artísticos pero sin perder nuestras señas de identidad: escenas llenas de objetos, historias pequeñas pero bellas, ser cómplices de los niños, juegos donde prime la fuerza plástica, interacción…”

Sin duda, para muchos niños era la primera vez que asistían a un espectáculo con estas características de música clásica y danza, un juego complejo a la hora de explicar una historia de forma sencilla, apunta el director del espectáculo. “Porque mientras en teatro tienes que contarlo todo, cuando introduces la danza, hay muchos pasajes donde el movimiento trae implícita la explicación con lo cual coser la narración tiene su propia dificultad”, reflexiona.

Para Penman, “no es necesario que un público tan pequeño se quede con todo lo que sucede en el escenario porque recibe multitud de mensajes al mismo tiempo, lo realmente importante es que despierte su imaginación y, en ocasiones, si no se producen situaciones inesperadas o les ofreces demasiadas explicaciones suelen aburrirse porque no les dejamos libertad para estimular su fantasía”.

Según los datos ofrecidos por el propio Centro Cultural Miguel Delibes, donde se entrenó El jardín musical, en cinco días de espectáculo, pasaron por la sala 3.108 niños y niñas de educación infantil correspondientes a 43 colegios de la región.

En el caso de Loreto Vigo, profesora del colegio Campos Góticos de Medina de Rioseco (Valladolid), los alumnos estuvieron “clavados” sin pestañear a lo largo de la función. Su compañera, Beatriz Rodríguez, sin embargo, valora con nota alta el trabajo de la bailarina pero suspende al espectáculo por su corta duración y también cuando de lo que se trata es de pedir participación entre protagonistas y niños, “me hubiera gustado que hubiera habido mayor implicación del público, el nivel de atención de los niños fue efímero”. Sus críticas también alcanzan a la sala donde se representó la obra ya que, en su opinión, faltaba ayuda por parte de la organización para los niños que subían y bajaban por las escaleras, así como en el baño.

Músicos y bailarina estuvieron a un nivel sobresaliente según la maestra Cristina Andrés, del colegio Elvira Lindo de Arroyo de la Encomienda (Valladolid), no así la organización general. Para María Zarco, también del mismo centro de enseñanza, la obra no estaba adaptada a los niños que asistían como público sino que, a su juicio, los destinatarios eran gente ella a quien el concierto le agradó.

“Personalmente, la obra me ha gustado, aunque pienso que es difícil que los niños de 3 años mantengan la atención porque es un poco densa”, son palabras de Ana Vega, profesora del colegio Gómez Manrique de Villamuriel de Cerrato (Palencia). Esta docente echó en falta algunos momentos dialogados entre los intérpretes y quizá, dice, la edad ideal para asistir al espectáculo sean los alumnos de 4 y 5 años. Por lo demás, la interpretación musical, “excelente”.

Escena de “El jardín musical”. Fotografía: Nacho Carretero.

Ficha artística:

  • Ángel Sánchez: Dirección de escena.
  • Katrina Penman: Idea, selección de músicas y dirección musical.
  • Silvia Pérez: Coreografías
  • Ana Gallego: Ayudante de dirección y dramaturgia.
  • Juan Carlos Pastor: Diseño de escenografía y objetos.
  • Eva Brizuela e Israel Robledo:  Realización de escenografía y objetos.
  • Isidro Alonso: Diseño gráfico e ilustraciones.
  • Exiquio Rodríguez: Diseño y técnico de luces.
  • Katrina Penman, Vicente Moros y Silvia Pérez: Cuaderno pedagógico.
  • Teloncillo Teatro: producción
  • Lola Baceiredo: producción ejecutiva y distribución

Intérpretes:

  • Silvia Pérez Báscones: bailarina

Músicos:

  • Katrina Penman: Flauta
  • Lola Díez: Oboe/Corno Inglés
  • Eduardo Alfageme: Clarinete
  • Doris Gálvez: Trompa
  • Vicente Moros: Fagot

 

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