Vacaciones de verano

Fotografía/Fotomontaje: Felipe Zapico Alonso.

Por LUIS GRAU LOBO

Todo se acaba, y el verano mucho más. El verano se está acabando desde el primer día. Desde sus mismos inicios hay agoreros que, a los primeros frescos esporádicos, exclaman «se acabó el verano». O más sibilinamente: «ya menguan los días ¿eh?», «Se nota el relente de madrugada más que antes», etcétera. Nos molesta que el verano se prolongue más que las vacaciones; eso, amigos, no se puede tolerar. Si el clima no acompaña nuestro estado de ánimo, como sucede en la novela negra, al menos podría concordar con el laboral. Fíjense que esta perecedera sección de extinciones varias y canciones pegadizas concluye una semana antes de que el verano, el astronómico y hasta el climático, concluya a su vez. Lo dicho.

Además, este estío ha sido más cargante que otros, más afanoso, más concienzudo. Atrás quedan los julios y los agostos en que el periódico mermaba al tiempo que lo hacían las novedades hasta que llegaba un momento en que el mundo parecía suspenderse quieto como el mismo sol cuando alcanza su cénit y nos invita gentilmente a no mover un músculo. Agosto no ha sido agostizo, y, contra toda presunción, ha colmado los titulares de prensa de premoniciones sobre el futuro, a poco que no nos empeñemos en vaticinarlo en el vuelo de las aves. Un futuro seco y caluroso, de embalses consumidos y tierras yermas. Un futuro de huracanes colosales y lluvias súbitamente enloquecidas que parten por el medio largas y despiadadas semanas de soles crudos. Un pirómano, sediento y perturbado porvenir. Este verano nos ha anticipado el cambio climático y la agonía de nuestro medioambiente en forma de suplemento vacacional, de cuaderno de vacaciones Santillana profusamente ilustrado: esos deberes para los próximos cursos que siempre dejamos en blanco para el día siguiente.

Es cierto que para entretenimiento de cercanías contamos con temas enjundiosos de mucha tinta y letra grande. «El desafío soberanista», que suena a peli de ‘Schwarze’, o «la amenaza atómica coreana», que también tiene marchamo fílmico, del Bond de los de antes, de cuando no se despeinaba y era puro Broccoli. Pero con el final de las canículas veraniegas, quizás deberíamos contraponerles tareas aún más sustanciales, para poner cada cosa en su sitio. A largo plazo, además, más que los conflictos alarma la forma en que son abordados: buenos y malos, síes y noes, sol y sombra. Hay en todo lo que se dice y se hace una vocación de enfrentamiento, de guantada y duelo a pistola sin respetar ni los pasos ni la ceremonia, a lo OK Corral. Mal negocio esa desprivatización: la conversión en públicos de los modos y maneras de lo privado sólo amplifican el ruido, la furia y el desconcierto.

Hay quienes se van en septiembre de vacaciones. Afortunados ellos. A mí me dicen que volveré a este lugar. Será con otra vitola, porque el verano, lo que es el verano…

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 9 de septiembre de 2017,
en la serie estival “Extinto de verano”)

 

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