RAFAEL SMP / ANTONIO BM: “Un nido es un cuento sobre cómo los débiles tratan de protegerse de los fuertes, construyendo nidos, hogares”

Rafael Sánchez Mateos Paniagua y Antonio Ballester Moreno. Autores de Un nido para protegerse de la rapiña y las alimañas, 2017. Fotografía: Julia D. Velázquez

Por CAMINO SAYAGO

La Galería Ármaga (León) acoge este sábado 18 de noviembre a las 12:30 horas, la presentación del libro Un nido para protegerse de la rapiña y las alimañas, publicado por lamadrigueraediciones. Los artistas Antonio Ballester Moreno y Rafael Sánchez-Mateos Paniagua, lo han concebido en forma de cuento sobre la obra Monumento a los pájaros del escultor y fundador de la Escuela de Vallecas, Alberto Sánchez. Sobre este álbum infantil hemos hablado con sus autores. Y el resultado nos sumerge en un cosmos a dos voces.

“Un nido” es más que un cuento sobre un monumento escultórico que nunca llegó a construirse. Habla de una visión artística, la del campo que colinda con la ciudad, la de los saberes vernáculos, la de una persona que quiso integrar las fricciones entre lo rural y lo urbano: Alberto, y propone reflexionar sobre las claves de su pensamiento libre…

Rafael Sánchez-Mateos Paniagua y Antonio Ballester Moreno han imaginado, sin querer, este libro de artista sobre Alberto Sánchez, a partir de un testimonio recogido de su archivo personal, “Los campos libres de España”. Un libro en forma de cuento, que teje una historia sobre Madrid, sus periferias e invita a construir nuevos mundos: nidos, hogares, espacios habitables y a salvo de los que nos amenaza. Como el Monumento a los pájaros que él planeó a principios de los años treinta del siglo pasado, antes de la Guerra Civil y que nunca fue levantado en el pequeño monte que iba a morar, el cerro Almodóvar. Un espacio que los amigos de la Escuela de Vallecas llamaron “Cerro Testigo de la nueva visión del arte español”. Los primeros bocetos se perdieron en la guerra, pero en los años 50 Alberto Sánchez, ya en Moscú, realiza una segunda versión.

En este libro se funden varios testimonios, el del propio Alberto, de viva voz en los años 70, el de Rafael Sánchez-Mateos Paniagua y también los de D. Alcaén Sánchez y Rafael Zarza. Antonio Ballester Moreno dota de color a las palabras.

La publicación ha corrido a cargo de lamadrigueraedicciones, es decir  de Eneas Bernal y de Silvi García o viceversa, que inicia con este primer título su aventura editorial. El artista Enrique Barco y fotógrafo bajo el nombre de Félix Palmer, es el responsable de su diseño.

– ¿Cómo surge el proyecto?, y ¿cómo ha sido el proceso hasta su publicación?

RAFAEL SÁNCHEZ-MATEOS PANIAGUA.- Este cuento surgió de manera muy orgánica: uno encuentra algo que no buscaba, aunque ande buscando todo el rato cosas que no encuentra. La historia del cuento yo la aprendí del trabajo de tres estudiantes de un instituto ¡de Barcelona!, cuyo trabajo encontré en internet. Es importante reconocer que a veces aprendemos de quiénes no se espera poder aprender nada, en este caso la historia de un monumento nunca construido en Madrid, conocida gracias al trabajo escolar de unas jóvenes de Barcelona y, por extensión también, aprender de arte de un pobre panadero emigrado de los arrabales de Toledo a los suburbios del sur de Madrid. La historia de ese monumento, la situación en que se imaginó, el destino de sus versiones y por supuesto el de su autor o sus compañeros de viaje generacional, se me presentaron -por muy conocida y finiquitada que pudiera parecer históricamente la llamada Escuela de Vallecas- como una historia secreta de Madrid, pergeñada en sus periferias, a partir de sus restos urbanos y rurales, y me pareció preciosa y valiosa para reconectarse de otro modo con este país. Yo, que vivo entre el campo y la ciudad, me apasionan los deambuleos y errancias por los márgenes, también del arte y sus marginados -niños, pobres, trabajadores…- pues no podía sino sentir fascinación por la historia.  Compartí algunos extractos de ella en internet y se la envié a mi amigo Antonio, con el que comparto además de una larga amistad, una intensa afinidad estética, y a él le resonó muchísimo también como algo propio. Eneas Bernal y Silvi García también la leyeron con generosidad, porque era casi una anécdota. Decidirse por publicarla creo que tenía que ver también con el deseo de seguir extendiendo o propagando algo que percibimos contiene algún tipo de contenido de verdad, algo que es sincero y pertinente hoy. Fue un proceso largo de revisión, intentando verificar todos los datos en torno a la escultura y la vida de Alberto, hablando con su hijo Alcaén también, estudiando los catálogos. Buscando con Enrique Barco, el diseñador, la maqueta más adecuada, planteándonos la secuencia gráfica y su engarce narrativo. Lo hicimos lo mejor que pudimos. Hoy este cuento existe, antes no. Es increíble hacer cosas. Parece una tontería, pero traer al mundo de las formas concretas cosas que no existen más que en nuestra imaginación, eso es siempre un misterio. Y este libro es precioso y ahora existe.

ANTONIO BALLESTER MORENO.- A mi me llegó un email de Rafael en fin de semana, un email de esos que uno manda a muchos destinatarios, y que la mayoría de las veces pasan desapercibidos, pero aquel lo leí y me entusiasmó. Yo sabía quién era Alberto y Benjamín Palencia, y sabía de la existencia de la Escuela de Vallecas, pero no había profundizado en ello, ni me había imaginado que aquello que ocurrió hace ya un siglo, estaba tan cerca de mis intereses.

Ese email lo imprimí y me lo llevé al estudio, pensaba que aquello que tanto me había gustado y con lo que me sentía tan identificado lo tenía que hacer mío de alguna manera, así que sin decirle nada a Rafael me puse a ilustrarlo con unos collages. Se lo mandé, y hablamos de la posibilidad de hacer un cuento, pero eso se quedó ahí, hasta que aparecieron Silvia y Eneas en escena con ganas de involucrarse en esto…

¿Por qué decidís combinar palabras e ilustración?

R. SMP.- Bueno, es un doble lenguaje que se enriquece mutuamente. Son interdependientes. Antonio muestra fantásticamente bien lo que yo no sé decir con palabras y quizá a Antonio le pase al revés también. La obra de Antonio en general ha estimulado mucho mi escritura y mi pensamiento. La sutileza material, la sencillez, el cuidado artesano, la frescura de su gesto creativo enganchan muy bien con la historia de Alberto. Mi aportación en la escritura es más editorial, más estructural en relación al relato del cuento, porque la mayoría de la carne textual está tomada de testimonios directos de Alberto y de otras fuentes. Hay creación, selección, edición textual pero no hay creación en el sentido pleno como en el caso de los hermosos collages de Antonio.

A. BM.- Como dice Rafael, todo surgió de una forma bastante natural, pero creo que por los intereses que compartimos los dos no podía haber tenido esto otra forma más que la de un cuento, no estoy tan seguro que sea un cuento infantil, aunque yo lo he leído con mis hijos y han entrado en la historia muy bien, pero el formato tenía que remitir de alguna manera a una sensibilidad abierta, fácil, generosa, llana, no habría funcionado algo demasiado culto ni elevado, porque ese no era el arte de Alberto.

A través de su observación de la naturaleza, Alberto Sánchez  nos traslada  a uno de sus intereses creativos y vitales. ¿Qué destacaríais del mundo que trae Alberto con su arte?

R, SMP.- Alberto está un día haciendo uno de sus paseos con Palencia y les cae un chaparrón enorme, las liebres brincan, se refugian bajo una roca y en medio de la tormenta -también de su juventud- proclaman ¡Esto es arte! ¡Vamos a pintar lo que acabamos de vivir! lo que ilustra un poco la clase de energía o de situación o de mundo que deseaban poner a hablar con su arte. En él, creo que la naturaleza no es ya algo mítico, romántico o costumbrista: para ellos, una suela de zapato abandonada en el campo les merece la misma atención que el tomillo que crece a su lado; sin embargo esa naturaleza me parece que sigue estando encantada, maravillada, de ahí quizá su vínculo con lo telúrico. De ese encanto y fuerza plástica que encuentran en el campo que la ciudad ignora y va destruyendo, los artistas extraen el paisaje de una nueva modernidad apenas explorada. Los cánticos de Alberto a los campos son bellísimos: ha encontrado palabras precisas para describir las formas sensibles y las materias vivas que los habitan. Unos encontraban el impulso modernizador en las máquinas, otros miraban lo (supuestamente) tradicional pero de un modo nuevo (en un contexto distinto Morris hizo algo parecido) y si para eso había que hacer el pino se hacía. No debía ser complicado en aquella época darse cuenta ya del carácter destructor del progreso de las ciudades. Lo que le hacemos a la naturaleza nos lo hacemos a nosotras mismas y la idea un espacio para vivir al margen de ella, sin cielo, sin ríos, sin árboles que es en lo que consisten las ciudades, resulta tan insolente y peligroso como para no preferir campo cuando nos dicen ciudad. Cuando Alberto está rodeado de explotaciones industriales y minas en la República de Bashkiria, reintroduce los motivos naturales y paisajísticos, consciente de que toda la resistencia a la revolución conservadora que supone el progreso técnico se juega en ese poco de campo que aún existe… Los artistas de la Escuela de Vallecas iban un poco a la contra, cuando todo el mundo se marcha a las grandes ciudades como París o Barcelona a buscar la modernidad, algunos artistas la buscan en Vallekas y en los extrarradios.

A.BM.- Lo que trajo la Escuela de Vallecas con su arte es una manera de mirar diferente, integradora, no dualista, porque siempre se habla del campo y la ciudad como lugares separados, incluso antagónicos.  Benjamín Palencia y Alberto Sánchez encontraron en los suburbios ese lugar en el que se juntan estos dos mundos en uno.

Eran dos artistas que vivían y trabajaban en la ciudad pero buscaban la inspiración en el campo.

En el relato resuenan ecos a la sin razón de la arquitectura en las grandes ciudades, con espacios de ruina colindantes a lo rural. Y por supuesto, de forma velada, la intención de sumar nuevas miradas que permitan un cambio a ese deterioro.

R. SMP.- No sé si hay un elemento ecológico tras todo este asunto. La ecología es un tema profundamente urbano, típico de las ciudades donde la idea de naturaleza que se maneja se parece tan poco a la de los pueblos. Pero es cierto que en Alberto hay algo así como un impulso conservador, no sólo de la naturaleza, también de las herramientas, los materiales, la vida de todo lo que no es humano y sin embargo no puede resultarles a las personas indiferente. A estas alturas de la destrucción llevada a cabo esa manera de ser conservador es absolutamente revolucionaria, en mí opinión.

A. BM.- En el relato Alberto compara las estatuas que podemos encontrar en la ciudad con la suya, el Monumento a los Pájaros. Sus esculturas, como bien dice él, estaban hechas y pensadas para que anidaran los pájaros y se protegieran de sus depredadores. Es todo lo contrario a lo que simboliza una estatua ecuestre en bronce de un rey, porque a Alberto no le interesaba el poder, ni la hegemonía, ni el control, su arte es todo lo contrario, él hablaba de pájaros, piedras y palos, la suya era una mirada inocente, generosa y libre, que va en sintonía con la forma de funcionar la Naturaleza y por tanto la vida.

El libro reúne por una parte testimonios de Alberto Sánchez recogidos de viva voz por el arquitecto Luis Lacasa y por otro, lo imaginado por vosotros. ¿Cómo ha sido esa integración?

R.SMP / A.BM.- Ahí está el arte de Enrique Braco y la editorial, que propusieron distinguir por colores las voces e introducir una leyenda al final. En relación al cuento mismo, se puede ver que la reescritura es realmente muy poca y ha consistido más en escribir la secuencia de un cuento, su estructura, su comienzo, su final, su clímax. Todo eso está. El testimonio de Alberto recogido por Luis Lacasa, recoge un momento fundacional. Eso le imprime una excitación bien chula al libro. Es un cuento en el que algo se funda. Una manera de mirar. La anécdota del nido, el polluelo y la rapiña es en sí la historia de la humanidad entera. Los débiles tratando de protegerse de los fuertes, construyendo nidos, hogares.  Luego está la escritura que quería resumir y recontar la biografía de Alberto. Esa fue más concienzuda.

– Además, Un nido para protegerse de la rapiña y las alimañas también  apela a la infancia, a los niños y niñas.  ¿Por qué?

R.SMP.- Bueno, no sólo la apela. Es un libro que hay que leer con un poco de infancia, la de los niños o la de quien haya conseguido conservarla un poco. La historia que se nos cuenta, si estamos atentos, contiene potencia de modificar nuestro modo de mirar lo que nos rodea y con ello de transformarlo, favoreciendo lo que trata de imponerse por la fuerza o, al contrario, en complicidad con lo que resiste a lo que nos amenaza. Eso es algo que deberían saber bien todos los niños y queremos ayudar a fabricarlos. No vamos a dejar toda esa tarea a Facebook. Yo le he dado muchas vueltas a esto de la infancia por mi trabajo en Luddotek y en mi tesis y bueno, me es difícil hacer nada sin apelar a eso, sin contar con eso, sin partir de ahí y esto no concierne sólo a los niños, sino a todos los que son tratados como tales, por alguna forma de poder o autoridad que les mayorea. Habría que preguntarse por eso que tratamos de infantil, de pequeño, menor o insignificante, para poder reconocer lo que buscamos dominar, o someter. Por eso es importante vincular a la infancia con la ruptura y la utopía, porque sería la derrota más terrible. Una sociedad pueril sin niños. Ay.

A.BM.- La manera de entender el arte que tenía la Escuela de Vallecas es muy cercana a la mirada que puede tener un niño, el gusto por los orígenes, lo primitivo y lo básico, las piedras, los palos y los animales. Hay un texto muy bonito de Palencia del año 32 en el que dice claramente ` yo me quedo con los salvajes y los niños´.

– Por último, el Monumento a los Pájaros sigue sin erigirse en el cerro Almodóvar. ¿Existe aún la posibilidad de construirlo?

R.SMP / A.BM.- Buf, ni idea. Viendo el percal político-institucional, siempre habría que preocuparse de que su construcción no suponga una nueva oportunidad de negocio para sus constructores. Lo importante sería parar los nuevos ensanches, frenar la destrucción del Cerro Almodóvar, cuidarlo, protegerlo, extenderlo. Eso sería más importante que el monumento de Alberto. De hecho, si uno se fija con atención y con generosidad, lo puede ver ya levantado, poblado de pájaros, por fin a salvo de la rapiña.

:: Sobre los autores

Antonio Ballester Moreno es el autor de las ilustraciones realizadas a partir de collages de cartulina. Se trata de uno de los nombres más destacados de la pintura actual en España, sus obras remiten a un mundo de colores primarios y elemental de las formas, hermanado con la gramática del diseño, el ornamento y la artesanía, pero también con los principios de renovación pedagógica y estética modernas que influyeron en los experimentos plásticos de las primeras vanguardias y en los proyectos de emancipación de carácter social.

Rafael Sánchez Mateos Paniagua es autor y editor de los textos de Alberto Sánchez que fueron  recogidos de viva voz en los primeros sesenta del siglo pasado por su amigo, el arquitecto Luis Lacasa.

Rafael es artista y doctor en Filosofía por la UNED, en la especialidad de Estética. El eclecticismo y la experimentación formal y metodológica caracterizan su trabajo. Las investigaciones que ha llevado a cabo, inclusive las más académicas, han sido consteladas artísticamente. El trabajo colaborativo define gran parte de su práctica.

:: Sobre Alberto Sánchez

Alberto Sánchez fundó la llamada Escuela de Vallecas, una experiencia renovadora del arte hecho en España por querer arraigar la tradición con lo contemporáneo. Su arte surgido de la fricción entre lo rural y lo urbano continúa siendo un manantial de aprendizajes. Hoy se pueden contemplar algunas obras emblemáticas del artista en el Museo Reina Sofía como la escultura de la plaza del museo que lleva por título El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella y que se instaló a la entrada del Pabellón de la Segunda República en la feria internacional de París en el año 1937.

Acerca de Camino Sayago

Periodista leonesa

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