Homenaje a Julio Michel (1) / Subido a los hombros de mi padre

Titirimundi. Ilustración de Marcos Cámara.

Homenaje a Julio Michel (1)

Subido a los hombros de mi padre

Hace unos meses un cáncer arrancó de cuajo a uno de los artistas que más hicieron por el arte de los títeres y por la vida cultural de Segovia, al que siempre estará unido el Festival Titirimundi, del que fue su director. El leonés Julio Michel trajo a la ciudad del acueducto compañías de todo el mundo para que los aficionados pudiéramos gozar de las marionetas. TAM TAM PRESS quiere rendir un homenaje, en varias entregas, a este visionario genial para agradecer su constancia, su magia personal y su compromiso con la fantasía del ser humano y su amor a los titiriteros.

Por ÁLVARO DE BLAS BERNARDOS

Nací en el año 1988, momento ideal para conocer las primeras andanzas de Julio Michel por Segovia, ya desde niño. Aún le recuerdo en la Plaza Mayor, donde yo vivía, viniendo a decirnos que nos acercáramos a ver lo que iba a pasar en el teatrillo del día o directamente a algún personaje estrambótico o marioneta proponiéndonos un espectáculo espontáneamente.

Entonces no había tanta gente como ahora, éramos los de siempre. Recuerdo incluso cuando aún era muy pequeño que alguna vez hasta me daba miedo… pero qué suerte la mía, estaba viviendo en primicia los primeros pasos de Titirimundi. Las primeras huellas del festival.

Me vienen a la memoria algunos de mis primeros espectáculos, como mi primer circo, subido a los hombros de mi padre descubriendo lo que eran las acrobacias y malabarismos, o ver a Rod Burnett sentado en las escaleras de La Canaleja un mediodía antes de ir a comer cuando debía tener yo 3-4 años, que fue de los que hizo que en esos primeros años a mis padres siempre les pidiera los títeres de cachiporra que eran los que más me divertían, los de gritar y vivir las historias como si fueran las mías.

No quiero olvidarme tampoco de Planjet en la Plaza Mayor que aunque no hablaban muy bien español, ni falta que hacía, nos transportaban donde querían con sus marionetas sentados en los adoquines de entonces. Y tantos otros… imagino incluso a los Gigantes y Cabezudos con su particular aportación al espectáculo.

Poco a poco íbamos creciendo el festival y yo. Y ya no eran mis padres o los propios artistas en la calle los que me acercaban al festival, era yo mismo con mis amigos quien iba de un lado para otro viviendo, o sufriendo, los años de “los deberes, primero” corriendo para poder llegar al máximo número de funciones preguntando a nuestros padres dónde estaba tal calle o tal plaza, y aún seguía sin ser consciente del valor de lo que realmente tenía delante.

Magia para las masas

Era pequeño y mi mundo no era mucho más grande que Segovia así que no iba más lejos, yo simplemente me dejaba hipnotizar por todo el que llegaba a la ciudad de tan diferentes países, estilos y formas. Cada día me sorprendía un decorado, montaje o pasacalles nuevo. ¡Tanta magia! ¡Tanta diversión! Era el superevento del año en Segovia.

Y claro, la magia empezó a traspasar fronteras puesto que la ciudad también se empezaba a llenar de gente como en ningún otro momento, con las escaleras y plazas a rebosar, lo que ya conocemos todos ahora… Lo cierto es que no tardó mucho tiempo en convertirse el festival en un acontecimiento de masas.

Pero yo creo que es verdad lo de que nadie es profeta en su tierra y a pesar de que ya llegaba la gente de todas partes al festival, no todo el mundo en Segovia estaba tan metido como yo o mis amigos de la Plaza en el mundo de los títeres.

Puede que influyera el hecho de vivir allí y de que mis padres me llevaran a verlos, desde pequeño, pero ahora como adulto tengo la impresión de que el festival pudo haber sido mucho más respaldado por los colegios e institutos.

Como no nos daban permiso para acudir a ver los espectáculos, muchas veces era imposible llegar a tiempo y aunque sí recuerdo algún profesor que nos animaba a salir, no era la tónica general. Luego llevaron los títeres a los colegios pero a mí eso me pilló tarde.

De la calidad de las obras, a cualquiera que conozca el festival no necesito explicarle nada, así que raro no es que, habiendo disfrutado de tantísimo genio año tras año en la Plaza y el resto de escenarios de la ciudad, no me haya aficionado al teatro. Algo más que le debo a Julio y su festival. Así que entré con muchísimas ganas al voluntariado al llegar a la edad y ahí ya sí que fue el culmen de la experiencia de Titirimundi ¡Qué privilegio!

La sorpresa no tiene vacaciones

Ya no es solo ver les espectáculos, es preparar a toda una ciudad y compartir esos momentos con toda la gente que está detrás, organización y artistas, cargadísimos de ganas de disfrutar y hacer vibrar a la ciudad con sus ingenios. Entiendes por qué el festival es tan especial sólo viendo el mimo y el cariño de quien lo prepara.

Qué cantidad de momentos inolvidables acumulo desde entonces en mi memoria. Titirimundi es especial cada año con todos sus protagonistas. Siempre es capaz de sorprenderte. Aunque creas que ya lo has visto todo, hay mucho talento en el mundo… y Titirimundi lo encuentra.

Por eso, desde entonces, intento por todos los medios asistir a todas las ediciones, y vivirlas desde dentro. Por eso, si el trabajo me lo permite, viajo a Segovia, sin pensármelo dos veces, y me integro de lleno con el resto de la organización para participar en la orquesta del festival.

Nadie viene a Segovia durante el festival con otro objetivo que no sea sorprender y hacer soñar a la gente con sus montajes. Es pura magia. Son pura magia. Y engancha. La llegada de Titirimundi es una oda a la imaginación y a la capacidad de transmitir emociones como es difícil de ver y sentir tan de cerca en otro tipo de artes escénicas. Es la cercanía con el público y la improvisación, la capacidad de los artistas para llegar a la gente tanto dentro como fuera del espectáculo. Son genios. Engancha, engancha mucho. Y gracias a Julio Michel contamos con este privilegio en nuestra ciudad de Segovia que no puede sino estar muy agradecida.

Ojalá todo lo que ha sembrado en mí y en tantísimas otras personas haga que el festival no pueda sino crecer. Con tantas luchas y esfuerzos realizados, él también lo merece.

Espectáculo de la sección de Titiricole. Foto: Titirimundi.

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