Grandes temas rock para mujeres que hicieron historia

Siempre rodeado de teclados Rick Wakeman rindió tributo y convirtio en música a cada una de las seis esposas de Ernique VIII

Siempre rodeado de teclados, Rick Wakeman rindió tributo y convirtio en música a cada una de las seis esposas de Ernique VIII.

Por CARLOS DEL RIEGO

Aunque los nombres de hombre acaparan la mayoría de los hechos que han marcado el devenir de la Historia, también hay abundantes mujeres que dejaron huella para siempre. Así lo demuestra el rock & roll, que les ha dedicado grandes canciones.

En menor medida que ellos, cierto, pero desde que la escritura dejó atrás la prehistoria, o sea, desde que se empezó a dejar constancia de hechos, pensamientos o personas, siempre ha habido nombres de mujer reclamando protagonismo. Muchas permanecen en la cultura popular, de modo que no podrá extrañar que el rock & roll (perfecto representante de esa cultura) haya convertido a algunas en objeto de grandes y señaladas composiciones.

No hace falta ser un ratón de biblioteca para saber de la corta peripecia vital de Juana de Arco, un personaje con gran peso histórico en la Europa Medieval y cuyo nombre es reconocido en cualquier parte; mística y guerrera, acaudilló ejércitos franceses en la Guerra de los Cien Años pero, como es sabido, fue quemada por hereje por los ingleses. Son varias las canciones que la tienen como personaje principal, entre ellas hay dos del mismo grupo, Orchestral Manoeuvres in the Dark, que en 1981 le dedicaron ‘Joan of Arc’ y acto seguido ‘Maid of Orlenas’ (La doncella de Orleans). Ambas tienen un aire melancólico muy típico en este dúo identificado con el más cadencioso techno-pop; la primera ofrece un texto enigmático que habla de una “muchachita católica enamorada”, que “todo lo que tiene que hacer es decir las palabras correctas”; la segunda, que alcanzó mucho mayor éxito, también tiene una letra misteriosa y espiritual en torno al corazón de Juana y de su disposición a entregarlo todo, hasta su vida, por mantener sus convicciones. Son evidencias de que su nombre ha vencido al paso del tiempo.

Los cuadriculados y mecánicos Karftwerk subrayaron el mérito de la descubridora de la radiactividad, Marie Curie, en su emblemática ‘Radio-Aktivität’ (1975). La atmósfera que el grupo alemán logró en este tema causó gran impacto en aquel momento, e incluso su escueta melodía se quedó para siempre en la memoria de los que tuvieron la suerte de descubrirla en su día. Habitualmente parcos en los textos (no en vano su propuesta se basa en el mayor protagonismo de la máquina), Kraftwerk se refiere a la señora Curie como la científica que enseñó al mundo ese fenómeno que “está en el aire para ti y para mí”. Aunque mencionada casi de refilón, nadie necesitó nunca preguntar quién era esa señora que, hay que recordarlo, es doble Premio Nobel.

Mujeres típicamente estadounidenses también protagonizan títulos emblemáticos. Poco conocida es la historia de la llamada ‘Rose of Cimarron’, una chiquilla de 15 años llamada Rose Dunn que se unió a una banda de forajidos en el viejo oeste; tiraba de colt, manejaba el lazo, montaba a caballo como uno más y seguramente tomó parte en más de un tiroteo junto a un famoso pistolero, George ‘Bitter Creek’ Newcomb, de quien fue pareja; lo curioso es que fueron los hermanos de Rosa, convertidos en cazarrecompensas, los que liquidaron a Newcomb y cobraron los 5.000 $; ella, que no tuvo que ver en la refriega, abandonó la mala vida, se casó y vivió hasta la vejez. Esta cinematográfica vida fue convertida en la deliciosa canción ‘Rose of Cimarron’ por el grupo estadounidense Poco en 1976; el más evocador y elegante country-rock arropa las cálidas voces que transportan a los días de caminos polvorientos, de fogatas y soledad. Aunque no fue la única, la Rosa tuvo tanto coraje y los arrestos como sus compinches masculinos.

Por otra parte, la voz rasposa de la cantante estadounidense Kim Carnes escaló alto en las listas en 1981 con una canción, ‘Bette Davis’ eyes’, que recordaba a algunas de las grandes estrellas de los años dorados de Hollywood; por ahí aparecen históricas del cine como Jean Harlow o Greta Garbo, mujeres fatales que, junto al hechizo de los ojos de Bette Davis, “te harán rodar como un dado” y, en fin, serás un pelele en sus manos. Las grandes divas del cine siempre mostraron carácter y personalidad poderosa, y rara vez fueron juguetes en manos de los hombres, más bien al contrario.

Charlotte Corday ha pasado a la Historia como la asesina de Jean Paul Marat. El bilioso, vengativo y sanguinario revolucionario, conocido como ‘El amigo del pueblo’, era un entusiasta de la guillotina, señalando cada día a los candidatos al cadalso (monárquicos o revolucionarios moderados), elaboraba listas negras, elogiaba ejecuciones en masa como la ‘Masacre de septiembre’ y, en fin, nunca dejaba de exigir sangre y cabezas en sus violentísimos textos. Charlotte tenía 25 años cuando entró con engaños en casa de Marat, que estaba tomando un baño; ella le enunció una lista de diputados fugados, él (según una versión) dijo: “todos estarán ante la guillotina antes de una semana”; sin mediar más palabra, la joven le clavó un cuchillo en el corazón; no parece necesario apuntar que la justiciera Charlotte Corday acabó en la guillotina. El escocés Al Stewart le escribió una canción en 1993; es una preciosa melodía presidida por un piano en la que el cantante y compositor se refiere más al fantasma de Charlotte que a ella misma, acechando en la noche, vestida de negro, paseando por el pasillo y buscando el perdón. Casi siempre el magnicida es hombre, casi siempre…

Cabe en este somero recorrido por piezas del rock que rememoran a mujeres que dejaron su huella en la Historia el monumental ‘The six wives of Henry VIII’, Las seis esposas de Enrique VIII, que el virtuoso teclista inglés Rick Wakeman publicó en 1973. Este rey ha pasado a la historia como un sátrapa que se casaba y al poco cortaba la cabeza a su esposa, sin embargo, la realidad es que ‘sólo’ cortó un par de cabezas, las de Ana Bolena y Catalina Howard (que además eran primas). El álbum que Wakeman dedicó a esas mujeres es instrumental, cada esposa tiene su propia pieza y, según él mismo explicó, responde a sus propias percepciones acerca de cada una, todo ello con el barniz del rock sinfónico y progresivo tan característico de aquellos años. Sea como sea, el artista hace a lo largo del álbum un deslumbrante despliegue de dominio de todos los instrumentos de teclado que estaban disponibles: sintetizadores varios, melotrón, órgano eléctrico, piano electrónico, piano de cola, órgano de iglesia y clave.

Mujeres, Historia y rock también están interconectados.

Deja un comentario y fírmalo con tu nombre o no saldrá

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: