Un brindis por Eduardo Milán (y sus ‘Prosapiens’)

Eduardo Milán.

Editado por el sello libros de la resistencia que impulsa en España el poeta chileno Edmundo Garrido, el nuevo libro del poeta y ensayista Eduardo Milán (Rivera, Uruguay, 1952) recoge los textos de dos series de sus artículos de “prosética”, Prosapiens y Nuevos Prosapiens Breves, publicados en los últimos años por su autor en distintos medios periodísticos (los Prosapiens fueron publicados originalmente, aquí, en Tam Tam Press, entre 2012 y 2013).

El volumen reúne además una serie de ensayos en torno a la obra de Milán –escritos por Nicolás Alberte, Roberto Appratto, Nicolás Cabral, Miguel Casado, Felipe Cussen, Benito del Pliego, Gabriel Bernal Granados, Edgardo Dobry, Josu Landa, Pablo López-Carballo, Esperanza López Parada, Antonio Méndez Rubio, Antonio Ochoa, Jorge Olivera,  Juan Soros y Enrique Winter–, así como distintas entrevistas con el poeta uruguayo afincado en México –realizadas por Ernesto Lumbreras, Vicente Luis Mora, Maurizio Medo, Nicolás Cabral y Fabián Darío Mosquera–, todo ello recopilado y editado por Antonio Ochoa.

Se trata de la segunda vez que se publican estos Prosapiens de Eduardo Milán en libro —en 2014 fueron recogidos en el volumen Chajá para todos, editado por Estuario en Montevideo (Uruguay)—, aunque sí es la primera vez que ven la luz en España, en un sello que además distribuye sus títulos por Latinoamérica.

Eduardo Milán ofrecerá una lectura de poemas en Madrid, el próximo sábado 28 de abril de 2018, a las 19 horas, en la Librería Enclave de libros (c/ Relatores 16), y la poeta Esperanza López Parada actuará como presentadora.

El escritor y músico leonés Ildefonso Rodríguez, amigo del autor, brinda por esta nueva publicación con este texto tramado de referencias afectivas:

EDUARDO MILÁN
PROSAPIENS
seguido de
LLEGANDO A MILÁN
Aproximaciones y conexiones

[Antonio Ochoa Editor]. libros de la resistencia. Madrid, 2017.

Un brindis por Eduardo Milán

Por ILDEFONSO RODRÍGUEZ

Con el volumen (EDICIÓN CONMEMORATIVA) que celebra los 65 años del poeta encima de la mesa, alzo una copa tanguera:

UN BRINDIS POR EDUARDO MILÁN,
POR LOS ENCUENTROS HABIDOS Y POR VENIR
CON SU PERSONA Y CON SU POESÍA

De Eduardo Milán Damilano (un nombre que es casi ya un anagrama, o un emblema de su poesía), antes de conocerlo a él personalmente, conocí su libro publicado por José-Miguel Ullán y Manuel Ferro en la editorial Ave del Paraíso, Nivel medio verdadero de las aguas que se besan.

Hubo que viajar a México para conocernos y ver la inscripción que en el que monumento Hipsográfico de la plaza del Zócalo indica para otras aguas “el nivel medio verdadero determinado en 1863” y así comprobar cómo la potencia poética puede transformar y que aparezca un título tan hermoso.

Fue en 1998 y allá fuimos los y las de la revista El signo del gorrión, la segunda generación del 98, como nos bautizó Augusto Monterroso al poco de vernos.

El uruguayo de nacimiento (“ceba el mate”, “hierba de ayer”), el hijo de brasileña, el residente mexicano: muchas lenguas se anudan en su boca, un don de lenguas. Exilado en México (léase ÉRAMOS COMO ÉRAMOS, Ensayo de exilio personal) desde 1979, como aquel narrador que salió de Chile y acabamos conociendo por su nombre propio, Roberto Bolaño, dos semejantes que se lo juegan todo en la escritura, en el interior de la escritura.

Allá sigue este gigante, en la colonia histórica o pequeño paraíso de Coyoacán, vive su vida, funda familia (aguas que se besan), escribe como un poseído por la poesía. Un pensador poético, un lector, un verseador libre como sólo él, con su don, puede serlo.

Más encuentros: nació en un año que es para mí importante, año que parte la historia del mundo en dos mitades, a la espera de su conclusión (la del mundo no, claro): 1952 es buen año, me dice mi dentista, el doctor Horacio Rodríguez, argentino, otro de la quinta, sí, es el año de mi nacimiento y el de Tomás Salvador González y el de Miguel Bermejo, poetas. Se concluye sin más consecuencias que fue buen año para la poesía.

Fue vernos y apreciarnos para siempre, aunque fuera a distancia. A mí me recordó, de primeras, – se lo dije– al poeta Aníbal Núñez, en algo, fue un flash. Él conocía la obra de Aníbal (la exactitud de un ars poética grande: “amarga nada da anagrama”, según Aníbal) y con el tiempo hasta conoció a su madre, que le dijo –hubo testigos–: hijo, me recuerdas a mi hijo.

Esto va más allá del cuento: pues resulta que Eduardo Milán es un poeta como Ullán, instalado en las dos orillas atlánticas, lado de acá, lado de allá, iberoamericano, latino y uruguayo, el guaraní mixturado con ave cantora, eso también.

Qué amigo de los amigos de aquí, valencianos (Víctor Gómez), asturianos (Marcos Canteli, Olvido García Valdés), vallisoletanos (Miguel Casado), leoneses (Rafael Saravia), por poner a algunos, aquí se le quiere y se le publica. A un poeta así se le debe hospitalidad, y más debería dársele.

¿Cómo llegó a esta familiaridad con los de aquí? En origen por la vía llamada José-Miguel Ullán, su amigo y aliado. Cuando Ullán enfermó, durante aquellos meses dolorosos del año 2009 él fue escribiendo uno de los libros más intensos que conozco, El camino Ullán (Ustedes tienen ahora dos caminos –nos dijo en la noche aquella madrileña de los grandes encuentros, cuando sucedió el segundo nuestro, en enero de 2010, tras la muerte de Ullán–, el Camino de Santiago y el Camino Ullán), crónica poema a poema de aquel dolor sin remedio, saber que se está muriendo el amigo. Y hacerlo desde un debate complejo con el poema, otra agonía.

Así que, ante una obra dilatada, la que ahora celebra este volumen, yo voy por una vereda mía que va desde aquel nivel medio verdadero de las aguas que se besan a los Prosapiens propiciados en el Tam Tam por nuestra relación con la poeta Eloísa Otero, pasando por Desprendimiento, libro publicado en las ediciones Leteo, en el año en el año 2011 y que yo presenté en la librería Alejandría. Veredita que quisiera ser canción que se entrelaza, con parada en Ullán, siempre.

Un súbito, en imagen de Lezama Lima, es la toda poesía de Milán (seguida siempre de sus ensayos, un Órganon ramificado de lecturas críticas; después “está la prosa más poesía que ensayo”, como se lee al inicio de los Prosapiens, pero estos son otra cosa, otra más), una sucesiva aparición sin interrupciones, proliferante, arranca el primer poema de cada libro y el lector se siente invadido y va embalado. Como el poeta es el que ve por la palabra (la lengua es un ojo, ha escrito Wallace Stevens), en el lector se crea un contagio y un vicio de pedir más de lo mismo que se desplaza, saber más de ese secreto que (“Existe una clase de secreto que se revela sin perder su condición de secreto: la poesía”, ha escrito Menchu Gutiérrez) que le otorga la máxima jerarquía en la condición de ser eso, un lector.

Siendo uno de los poetas más virtuosos que conozco (como si lo dijera de un saxofonista, el que yo no soy) y siendo el virtuosismo una virtud que no aprecio en exceso (pero, qué placer para el oído de un músico leer sus poemas, uno lee como si el poeta te hubiera concedido el don de ir componiendo, improvisando así semejantes piezas), Eduardo Milán Damilano (la ciudad y el ave de presa, parece imposible ese nombre, parece suyo) da la impresión de poder escribirlo todo; sólo que, esto es lo bueno, escribe lo que le es propio, no engaña nunca. Y siempre en espiral, con el automatismo de la caracola que se devana (otras veces es un flash; hago voluntariamente aproximaciones imaginísticas, el que quiera leer, que busque y lea) en desarrollo de un imaginario que va brotando de la palabra material –material poema– paladeada, besada boca a boca con lengua, beso con lengua de los brujos palabreros, los del más poderoso conjuro (“Si sigue es Sísifo por definición”). No digo perlas del sentido, digo “ostras de coraje”: “La poesía que pacta con lo eterno no es una poesía esencial –lo esencial, la totalidad, es la materia misma en sus cambios–: es una poesía vergonzante”.

El poema pulsado con el ritmo de la respiración, lo que va y viene (en espiral, en balancín, diverge, converge), lo que vuelve siempre para, me repito, volver cambiado, fuera de su sitio y encontrar el tuyo, lector. Una escritura de aletazos, aliteraciones, asociaciones libres del azar desazonado (ya es contagio). Y manda la sílaba, el color de las vocales, las pieles de las consonantes. Pero mandan casi más las ondas de un pensamiento (por eso Prosapiens, por eso todos sus ensayos y lecciones) que es doble (político y poético), la inteligencia de zarza ardiente que son los poemas: espirales y nudos, como cuando lanzamos una piedra al remanso, como cuando cortamos el agua con una piedra plana. Y cuando creíamos ver aquietarse la superficie, surge ahí un artefacto de Raymond Roussel.

Y esto (qué sea esto hay que leerlo, no aquí, allá, en su escritura) lo hace en lo que Milán llama intimidad del afuera, intimidad apasionada: “no hay adentro si no hay pasión por el afuera” (fuera del propio establecimiento literario: “Yo aprendí más de Bob Dylan que de mis compañeros de generación impresos”). El afuera es lo que otras veces hemos llamado mundo a secas, intemperie él lo ha llamado otras veces, exposición, Olvido García Valdés. Exposición a la intemperie, pero con intimidad.

El pensamiento que impregna un libro como Desprendimiento, por poner ahora éste, y que leo continuado en los Prosapiens, es una melancolía política aguda (desencanto Obama, pero aún no había llegado la peste negra Trump). Gran Depresión, pero con saltos que da el imaginario, saltos a la rabia guerrillera, a la quemazón ilusionada (todavía y siempre) de la poesía: ahí nace, a cada poco, el poema. Habla de lo que hay y de lo que no hay. De este tiempo, como pocos poetas que yo conozca.

Y ahora otro brindis (el penúltimo, la espuela) para celebrar el último encuentro que hace sólo unos días hemos tenido el gusto de tener. Nos visitaba Benito del Pliego, otro amigazo del poeta, leía páginas de su Dietario. De pronto, una cita de Milán: “La identidad está en los dientes”. Ahí está, es imposible que las dentales den con algo más exacto, de no mediar Milán, la raíz molar, una sentencia que debería ser cartelito que todos los dentistas del mundo (mediando también Freud) deberían de colgar en sus salas de espera (¿verdad, Miguel Suárez?, ¿verdad?, me digo a mí mismo). Muela del juicio no tiene función, pero identidad va con dientes, ya no se nos olvidará nunca más.

:: SOBRE LOS ‘PROSAPIENS’

Desde el 1 de noviembre del 2012 al 5 de agosto del 2013, aparecen en este Tam Tam Press 34 entregas de los Prosapiens de Eduardo Milán. ¿Y qué son los Prosapiens? No hay como leerlos para enterarse, es más, no hay otro modo, como pasa con lo que es verdadero y real (pinchar en el enlace). Como se anuncia en la entradilla del primero, formaban parte de “un libro que escribo cuando me entra una especie de velocidad de ira”. Son, me parece, un derrame de inteligencia –su inteligencia feroz– y rabia. Es una prosética, prosa de ética poética, política antiplatónica, una muestra única en su especie –no podía ser de otro modo– de poética política: está el texto (el hombre-texto) hablando del poema y está hablando del hoy que estremece: por si fueran poco las ideas, su –repito– derrame en una escritura casi automática, un tejido de lo múltiple, su despliegue, sólo por la vibración de las palabras (las de Milán parece tienen pestañas vibrátiles, todas) sabemos que ahí se habla de algo que nos toca muy de cerca con dedos de fantasma carnal (aunque alguno pueda decir: no entiendo).

:: Eduardo Milán estará en Madrid el 28 de abril de 2018

Con ocasión de la publicación de su más reciente libro de poesía, Salido (Varasek), y el primer tomo que reúne su poesía, Consuma resta I (libros de la resistencia), Eduardo Milán ofrecerá una lectura de poemas en Madrid, el próximo sábado 28 de abril, a las 19 horas, en la Librería Enclave de libros (c/ Relatores 16), y la poeta Esperanza López Parada será la encargada de presentar al autor.

Esta será la primera lectura de Eduardo Milán en Madrid desde enero de 2010 cuando presentaba El camino Ullán (Amargord, 2010). Desde esa fecha se han publicado en España sus libros de poesía Desprendimiento (Leteo, 2011), Donde no hay (Amargord, 2012) y Derrotero (antología, Amargord, 2014) y de ensayo No hay, de veras, veredas (2012), Visión de cuatro poemas y el poema que no está (2013) y Prosapiens (2017).

Libros de la resistencia

Haz un click…

:: los ‘libros de la resistencia’

Detrás del sello ‘libros de la resistencia’ se encuentra Edmundo Garrido Alarcón (Santiago de Chile, 1975), ingeniero industrial y poeta afincado ahora mismo en Santiago de Chile, pero que vivió en Madrid durante varios años y, en esa ciudad, con el seudónimo de Juan Soros, dirigió con Esther Ramón un programa radiofónico dedicado a la poesía, ‘Definición de savia’, en Radio Círculo.

Sobre el título de este sello editorial, la página web del proyecto remite a las distintas definiciones y referencias de la palabra “resistencia” (término polisémico) que aporta la Wikipedia (el propio logotipo de la editorial es el símbolo de una resistencia eléctrica), pero también al pensador francés Gilles Deleuze en el sentido de que el arte y la creación (y la poesía es arte y es creación) constituyen “un medio privilegiado de resistencia frente al presente”, de resistencia “frente a la vulgaridad, la estupidez, los lugares comunes…”.

“Tan pronto como creamos, resistimos. Uno de los motivos del arte y del pensamiento es una cierta vergüenza de ser hombre, Primo Levi supo hablar de esa vergüenza de ser hombre (…). Crear es resistir, es liberar la vida que el hombre ha encarcelado; el artista es aquel que libera una vida, una vida potente, que es más que la propia vida, una vida que es otra vida…”, señala Deleuze en una entrevista que se puede escuchar en la web de la editorial.

El catálogo editorial es electrónico, pero los libros se imprimen en papel. La filosofía editorial parte de que “las librerías son el lugar ideal para comprar los libros de la resistencia (en la web figura una completa lista de los establecimientos donde se pueden adquirir las obras del catálogo, tanto en distintas ciudades de España como en algunas capitales de la América latina). Pero si el lector no los encuentra en su librería de referencia, se pueden encargar a través de un correo electrónico.

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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