Adiós a la música y escritora leonesa Isabel Urueña

Isabel Urueña con un delfín.

El viernes 29 de junio de 2018, de madrugada, la vida se le fue a Isabel Urueña Cuadrado, música, compositora, directora de orquesta y escritora leonesa. Contaba 67 años de edad y últimamente residía en Alicante, desde donde dirigía la Fundación Almela-Solsona, creada para la protección y divulgación del legado pictórico de sus amigos Fernando Almela (Valencia 1943-Madrid 2009) y Alberto Solsona (Barcelona 1947-Madrid 1988).

Casi todas sus composiciones musicales fueron estrenadas e interpretadas en distintas ciudades españolas y europeas, también en Cuba, donde residió una temporada. En 2004 se grabó su obra para piano y dos saxofones “32 modos de decir a un extraño”, en registro patrocinado por instituciones leonesas, tras su estreno en el Festival de León del mismo año. Y en 2006 se grabó su obra “Distancias” en CD, junto con otras obras para piano de autores españoles. Además escribió un buen número de relatos, con los que ganó distintos premios, y publicó varios libros de poemas, como “Apócrifas codicias” y “El beleño en su raíz” (ambos editados por Lobo Sapiens).

La recordamos con un insólito poema suyo, fechado en 2006, que formó parte —en su versión manuscrita por la autora— de la exposición Diálogo e intersecciones entre poesía y artes plásticas, que se pudo visitar en el Museo de la Industria Harinera de Castilla y León (MIHACALE) de Gordoncillo (León), entre finales de 2014 y principios de 2015.

:: Un poema de ISABEL URUEÑA

LOS VERBOS INCAPACES

Ellos conmigo me dices callan
pero ayer no contarán hasta diez,
sino con mil doscientas respiraciones apagando
que van y mato a pocos en verbos
dislocados; la paz dijiste y eran
miedos que se disfrazas de gerundios,
montan los adverbios un círculo vicioso en
las esquinas de la razón pillaste al vuelo
deshojada que no calmó tus piernas
y pensé, su movimiento altera en otras,
visto de lejos tu aspecto multiplico por otros
lo lejano. Yo tenemos pluma,
tú no tiene nada de ti, porque no saben.
¿Vemos? El tiempo sólo existe conjugado
por incapaces cabezas de presente.

Hay un error:
el tiempo no sucedo, somos
quienes amarillean, perdemos pie, caeremos
muertos, extintos de penas no bebidas.
El tiempo era, son, el transcurso de nuestras dimisiones,
consecuencia.
Nada nos pasa, no hay horas asesinas:
mataron la inacción, tus dedos mata inmóviles,
se congelo.
Por eso la música, que siempre me pasó,
rejuvenece.

El poema, manuscrito por Isabel Urueña.

 

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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