“Asesinos inocentes”. José Javier Abasolo

Asesinos inocentes
JOSÉ JAVIER ABASOLO
Ed. Erein, 2017

El escritor leonés Luis Artigue finaliza con ésta sus reseñas de algunas de las novedades más interesantes del género negro y del género fantástico que desfilarán este verano por la Semana Negra de Gijón (7 al 16 de julio de 2018). Su novena y última entrega está dedicada a “Asesinos inocentes”, una “novela negra de abogados” del bilbaíno José Javier Abasolo.

Por LUIS ARTIGUE

En la selecta lista de las novelas que todo abogado cafre y sin alma pero con traje de marca y sonrisa cabrona a juego ha de leer no debieran figurar las obras juridic noir de John Grisham, ni siquiera El socio o Los litigantes, por demasiado pulcras, sofisticadas y ceñidas a su fórmula; ni aún menos debiera estar Matar a un ruiseñor de Harper Lee por excesivamente ideológica y multicultural y emotiva; ni debiera incluirse tampoco esa atmosférica e indesmallable novela de Michael Connelly titulada El inocente por su agudeza psicológica dostoieskiana (me he pasado, con agudeza psicológica hubiera bastado); ni aún menos habrían de aparecer El proceso de Kakfa o Los juicios de Nuremberg de James Owen por ser, qué duda cabe, ya obras maestras al aunar estética y ética y estar de hecho dotadas de tanta seriedad como finura ideológica…

Pero en tal lista creemos que no debiera faltar la última comedia negra escéptica, corrosiva y desternillantemente cínica de José Javier Abasolo (Bilbao, 1957) titulada Asesinos inocentes (Ed. Erein), no por nada; no por su trama (sobre un caso de asesinato investigado con torpeza de abogado que nunca fue penalista), que también; sino sobre todo porque la protagoniza un personaje hijoputescamente memorable: uno de esos abogados de éxito repletos de apostura por venir ya de familia de abogados pero que salvaría mucho antes su casa con piscina que sus principios, por decirlo parafraseando a esa otra estrella del juridic noir que es Scott Turrow

Este personaje con huella de Abasolo se llama Markel Zugasti, es un abogado machistoide y caro personalmente obsesionado con el dinero y el sexo y profesionalmente especializado es asuntos financieros turbios. Y, pásmense, acepta defender al padre de una amiga –Karmele, mujer espectacular con quien veraneaba en la infancia y que siempre se le ha resistido– en el caso de asesinato en el que acusan al padre de ella, exclusivamente porque a Karmele se la quiere tirar… ¡Todo amor, el tipo!

Aunque el padre de Karmele ha confesado y las pruebas están en su contra, y, por eso, el caso parece que será fácil y rápido, en verdad no lo será.

De hecho cuando el abogado mefistofélico se pone a investigar, ya que eso no es lo suyo y su falta de pericia resulta notoria, acaba con frecuencia en baretos raros y lugares insospechados de un Bilbao repleto de contundencia y tipismo y un Madrid saturado de inmigrantes y fachas: todo hasta que, al final, descubrirá algo que le surtirá de ganas de dejar el caso, aunque ya no podrá hacerlo porque peligra su profesión y hasta está en riesgo su vida… (ésa es la parte contable de la trama aunque, cuando el personaje de Karmele en la segunda parte de la novela toma vuelo, nos seduce de tal modo que por fin casi anula al egoísta y chulo pero ingenioso y efectivo Markel Zugasti).

En verdad esta novela de Abasolo encuentra su tono, ritmo y alma en la primera persona narrativa del abogado: todo sin desprenderse de su apego a la tradición del noir vasco aquí sobre todo evidente con dos guiños a Goiko, el personaje de serie de otras novelas de Abasolo. Y es que es desde esa voz narrativa como el autor no sólo hace avanzar el argumento, sino que lo pone moralmente todo en cuestión al tiempo que nos sumerge en un pragmatismo moral tan rompedor como elaborado y repleto de juegos de máscaras y sutilezas emocionales (de hecho asombra, divierte y por momentos asusta no el personaje, sino sobre todo poder asistir mediante su relato a la sideral distancia que a menudo hay entre lo que este abogado dice, y lo que está pensando mientras lo dice).

Y en verdad así, mediante esta lograda voz narrativa, el autor va dando forma a una novela negra de abogados, un género en sí muy americano, el cual ya decimos que este autor en cierto modo ha “españolizado” –por así decirlo, con perdón– al mezclarlo con guiños a la tradición narrativa hispánica fundacional de la picaresca, y al añadir además cierta aureola del aún más hispánico esperpento: todo con redondeado y memorable antihéroe jeta de fondo que no pretende producir identificación emocional alguna, ni mucho menos acaba redimiéndose de ningún modo (eso de la catarsis no es para los de Bilbao), pero que produce diversión, contradicción, embeleso y espectáculo a raudales.

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José Javier Abasolo.

 

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