Formas curiosas de concebir y dar forma a grandes éxitos del rock

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La inusual extensión del clásico ‘In a gadda da vida’, 17 minutos, de Iron Butterfly, se debió a que alguien grabó lo que no era más que una improvisación para pasar el rato. 

Por CARLOS DEL RIEGO

Cuando se escucha y se degusta una pieza musical es posible que se piense en el autor, en quien ideó esa composición de letra y música que tanto deleite produce. Así, el oyente puede pensar que el artista se pasó horas, tal vez días, dando forma a la obra, o que tal vez apenas le llevó unos minutos; y también es posible que tal pieza surgiera tras una gloriosa inspiración o a partir del detalle más nimio e insignificante. Los cánones del rock permiten que se pueda extraer un enorme éxito de la cosa más tonta, algo muchas veces demostrado.

La realidad es que en el terreno del rock hay de todo, de modo que existen no pocos casos en que canciones o discos de gran éxito han llegado a su forma definitiva de la manera más trivial, curiosa o sorprendente. Y es que en este planeta del rock no sirven las normas que imperan en otros mundos.

Las letras de Los Beatles suelen ser fácilmente inteligibles y con sentido e intención clara, sin embargo en algún caso es todo lo contrario, como en el psicodélico e indescifrable ‘I am the Walrus’ (1967). Cuentan que un chaval que estudiaba en el cole donde había estudiado John Lennon le escribió diciéndole que la profe les había puesto un trabajo que consistía en analizar las letras de Beatles. No se sabe qué le contestó John, pero parece que eso le impulsó a escribir un absurdo…, ayudado por el LSD. De este modo escribió frases sin sentido (“Soy él como tú eres él como tú y yo estamos todos juntos”), se inventó palabras y sonidos guturales (“koo, koo cuchu”), rimas ridículas y demás desvaríos que aparecen en el ‘Yo soy la morsa’. Cuando John habló después  sobre el asunto se rió de las conclusiones que sacaba el personal, y aclaró que “La letra no significa nada. ¿Qué quiere decir ‘I am the eggman’ (Soy el hombre-huevo)? Podría haber escrito ‘soy la taza de cereales’. El asunto no es tan importante”. Sí, la gente ve fantasmas por todas partes.

Uno de los primeros temas que encajan en la definición de heavy metal es el ‘In a gadda da vida’ (1968) de Iron Butterfly; y también es uno de los primeros que se extendieron más allá (mucho más allá) de los minutos adecuados a un disco. Pero tal innovación no fue premeditada. Resulta que cuando se grabó, dentro del estudio se abatía una densa niebla… El grupo tocó la pieza, pero se suponía que era un ensayo, no la toma definitiva y, además, como el productor no llegaba, los músicos continuaron tocando lo que les apetecía, como si de una ‘jam session’ se tratara…; el técnico (que seguramente estaba afectado por la humareda) no dio al ‘stop’ y el magnetofón siguió grabando. Luego, al escucharlo les gustó y… Por otro lado, el título debería haber sido ‘En el jardín del Edén’ (como desvelaron Los Simpsons), pero el tipo que debía apuntarlo no entendió lo que Doug Ingle (cantante) decía y anotó eso otro; es de suponer  que el anotador también debió aspirar mucha de esa fumarata. De hecho, se suele decir que si se huele profundamente este vinilo se notará olor a verde…

Una de las grandes obras de The Who es el evocador ‘Tommy’ (1969), que también es de las primeras óperas-rock. Como saben todos los iniciados, el asunto va de un chico sordo, ciego y mudo que, sin embargo, es un fenómeno de las máquinas ‘pin-ball’ (‘del millón’ se decía por aquí). Lo curioso es que el tema central de la ópera surgió muy al final. Pete Townsend tenía casi todas las canciones compuestas, así que decidió mostrárselas a un crítico amigo suyo, Nik Cohn; mientras las escuchaba, Pete recordó que Cohn era un fanático de las maquinitas de pin-ball y, de repente, pensó en que todo el argumento de ‘Tommy’ podía girar en torno a este jueguecito; se lo comentó al crítico y éste le contestó que todo es fantástico si hay pin-ball. Un rato después se puso a escribir la última canción para el álbum, ‘Pinball wizard’. “Cuando la mostré en el estudio le gustó a todo el mundo”, recordaba Pete, quien se vio obligado a modificar varias de las letras de las piezas que compondrían el álbum para adaptarlas a la nueva temática. Una idea instantánea dio lugar a todo un clásico.

Quienes ya estaban en esto del rock en los años setenta recordarán fácilmente el ‘You ain´t seen nothing yet’ (1974), el gran éxito de los canadienses Bachman Turner Overdrive. Y también se acordarán de los tartamudeos del cantante, Randy Bachman, a lo largo de todo el tema. Él mismo explicaba a qué se debía esa forma de cantar: “Mi hermano tartamudeaba, se atascaba en cada sílaba, así que, como una broma, escribí la canción pensando en cantarla de ese modo”. También sorprende que el tema no iba a entrar en el álbum (‘Not fragile’) pues les parecía eso, una broma; sin embargo, el ingeniero la oyó y le pareció muy buena y comercial y que, por tanto, había que incluirla en el Lp. Cuando alcanzó en número 1 en Usa y en medio mundo Bachman quedó perplejo, “sobre todo porque cuando llego el pelotazo mi hermano dejó de tartamudear”, explicó. ¿En serio?

De gran actualidad (I-19) está el ‘Bohemian Rahapsody’ (1975) de Queen, y seguirá estándolo mucho tiempo. Y eso que, según dicen quienes allí estaban, todo pudo irse al traste. La era digital ni se atisbaba, o sea, todo era analógico, lo que quiere decir que para conseguir docenas y docenas de voces sólo con los cuatro Queen había que doblar una y otra vez cada toma: se habla de hasta 180 doblajes, de sub-mezclas, de partes rebotadas…, pero todo tenía que caber en un mezclador de sólo 24 pistas. El guitarrista, Brian May, recordaba que cuando se dio por buena la mezcla, el ‘master’, la cinta que contenía todo, estaba tan cargada que un ‘mamma mía’, un coro o un arreglo más y se hubiera perdido todo. Claro que, seguramente, no les hubiera costado mucho rehacerlo.

Sí, hay muchas curiosidades, muchas pequeñas historias detrás de algunos de los grandes títulos del rock que los hacen aún más interesantes.

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