Grupos de rock falsos, tramposos o para divertir, pero todos de mentira

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Spinal Tap es un falso grupo inventado para un falso documental. Apareció luego en Los Simpson, que contribuyeron a la fantasía. 

Por CARLOS DEL RIEGO

Eso de jugar a contar mentiras también se produce en la estructura principal del rock & roll, que son precisamente los grupos. En las seis décadas que ya tiene este negocio han existido bandas fantasma, inexistentes, la mayor parte de las veces sin otra pretensión que entretener y divertir, pero también se ha producido algún que otro caso de burdos montajes, verdaderas estafas que un día se descubrieron.

El rock se apoya muchas veces en la ficción; por ejemplo, esos enormes escenarios llenos de luces y trucos visuales que llevan al directo las bandas más efectistas; y también hay fabulación y ensoñación cuando cualquiera toca el ‘air guitar’ o canta ante el micro imaginario. Además, en ámbitos tan dependientes de la imaginación y la ficción como el cine o la televisión, la banda de rock ha sido un recurso muchas veces utilizado. Y luego también hay algún grupo falso, tramposo, cuyos integrantes nunca cantaron ni tocaron, sino que se limitaron a hacer el paripé…, hasta que fueron desenmascarados.

Cierto que hay ocasiones en que los créditos de los discos (donde dice autores, arreglistas, productores, músicos…) no dicen toda la verdad, pero hay otras (pocas) en que todo es pura patraña. De esto sabía mucho un productor alemán llamado Frank Farian, que en 1975 se inventó un grupo llamado Boney M en el que cantaban y tocaban músicos de estudio desconocidos y ponían la cara otros; en otras palabras, eran unos ases del ‘play back’ (la voz del maromo del grupete era la del propio Farian), lo cual no fue obstáculo para que vendieran millones de discos en todo el mundo. El mismo pillastre elevó la apuesta fraudulenta cuando a finales de los ochenta del siglo pasado escogió dos ‘caras bonitas’ para que bailaran y movieran los labios, pero nada más, y les llamó MIlli Vanilli. Uno era francés y otro alemán, y ninguno hablaba correctamente inglés a pesar de que sus canciones siempre eran en este idioma. Con un estilo de rythm & blues blandito y facilón, el falso dúo vendió muchos millones de discos en todo el mundo, e incluso ganaron un Premio Grammy (que luego les fue retirado) y otros galardones. Uno de los que ponían la voz en el estudio amenazó con destapar el montaje, pero Farian le ‘untó’ para que callara y siguiera con la pantomima; sin embargo, dieron entrevistas en Usa, donde llamó la atención lo mal que hablaban en inglés y lo bien que lo pronunciaban en los discos, y en un ‘concierto’ hubo un fallo en el ‘play back’. La cosa ya era insostenible, así que Frank confesó todo a finales de 1990, e incluso afirmó que la discográfica conocía el tongo. El escándalo fue enorme, hubo denuncias de fans y organizadores de conciertos, acusaciones e indignaciones. Este ‘grupo’ es, tal vez, el más falso de la historia de la música popular.

Totalmente distinto es el caso de The Archies, otro nombre con dos caras, una en las portadas de los discos y otra real. Como todo aficionado sabe, The Archies fue una banda integrado por personajes de cómic y de dibujos animados que publicó varios discos, entre ellos el gran éxito de 1969 ‘Sugar sugar’. Lógicamente, había auténticos compositores, músicos y cantantes que hacían todo el trabajo, los cuales ganarían su sueldo pero nunca alcanzaron fama. Sin embargo no hubo intención de engaño, siempre se supo que The Archies nunca sería otra cosa que ficción en papel o en pantalla.

Y luego está el caso de los grupos pensados exclusivamente para la pantalla y que nunca pretendieron salir de ahí. Y es que para el cine se han creado infinidad de bandas, ya que la trayectoria de casi todos los grupos de rock auténticos tiene siempre algo de drama, tragedia, comedia, aventura, traición… De hecho, casi todas las películas realizadas en torno al rock & roll cuentan con una banda inventada para la ocasión, excepto las biográficas, claro. O sea, que en cada peli que introduce el grupo de rock como personaje ha de inventarse un nombre, un estilo, unas canciones… Quien combine la adicción al cine con la de este género musical podría recordar unos cuantos nombres que sólo existen en la ficción cinematográfica. Pero como representante de todos baste recordar a Marvin Berry & The Starlighters, el de ‘Regreso al futuro’ que toca en 1955 y en el que canta el pariente de uno de los que entonces estaba ‘inventando’ el rock & roll: “Chuck, soy Marvin…, ¡tu primo Marvin Berry!”; es uno de las grandes escenas que el cine ha dado a los fans del asunto; y seguro que más de uno intentó averiguar si ese grupo había existido realmente.

Claro que tampoco se puede olvidar a los geniales The Blues Brothers, banda creada específicamente para la película del mismo título (‘Granujas a todo ritmo’ en España). Pocos serán los que no hayan visto la peli y degustado la sucesión de éxitos del blues, el soul o el rock que regala, además de los impagables ‘secundarios’ que actúan (Aretha, Ray, John Lee…). Jake y Elwood Blues (realmente John Belushi y Dan Aykroyd) eran los cantantes, a quienes acompañaban auténticas leyendas como el fabuloso guitarrista y compositor Steve Crooper (de Booker T & The MG’s) y otros. Pero en realidad el invento funcionó tan bien que grabaron discos y dieron giras, o sea, no se les puede considerar un grupo imaginario, aunque resulte difícil sacarlo del cine.

Pero para embrollo en el que no se sabe dónde empieza la farsa y comienza la realidad, ‘This is Spinal Tap’, un falso documental que narra las peripecias de un falso grupo así llamado, Spinal Tap. La dirigió el director Rob Reiner en 1984, y en ella él mismo hace de director que habla y comparte vivencias con la ‘banda’ para realizar luego un documental. Narra sus aventuras y, sobre todo, sus desventuras, tratando de mostrar cómo debe ser un grupo de rock por dentro, aunque es casi imposible que ninguno verdadero resulte tan patético y digno de lástima (lo del ‘ampli’ que tiene 11 y no sólo 10 puntos de potencia es de vergüenza ajena). El caso es que los actores que dan vida a los supuestos músicos, aprovechando el relativo éxito de la película, grabaron y actuaron, y eso a pesar de que eran verdaderamente malos; sonaban entre unos Grand Funk desafinados y unos Iron Maiden de guardarropía, las voces son penosas y los solos de guitarra lamentables. En todo caso, merece la pena ver esta película, en la que el actor que encarna al bajista es nada menos que Harry Shearer, quien pone la voz original a personajes de Los Simpsons: Smithers, el señor Burns, Flanders, Lenny, Skinner…, no extrañará que Spinal Tap apareciera en la serie.

En tiempos con tantas herramientas para difundir ficciones, mentiras, manipulaciones e impostores, el rock & roll también tiene experiencia.

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