La pintura expresionista de David Colinas toma las entrañas de la antigua mina Pozo Julia, en Fabero

David Colinas en el Pozo Julia (Fabero, León).

El “Pozo Julia” de Fabero (León), una antigua mina de carbón que lleva años cerrada como tal, aunque reconvertida en museo, presta este verano sus instalaciones para una gran exposición-intervención de David Colinas, pintor leonés afincado en Cádiz, que regresa a su tierra con un homenaje al mundo minero y a los ancestros. La exposición “Colinas de Carbón” se podrá visitar desde el próximo sábado 15 de junio hasta el 25 de agosto de 2019.

Por DAVID COLINAS 

Pozo Julia, una mina de carbón abandonada pero aún cargada con todas las historias de aquellos que la transitaron, protagoniza ahora una reconversión, aunque en este caso no esté encaminada a nuevas extracciones de mineral. La mina, en las que los martillos de picar dejaron de oírse en 1991, se convierte en una especie de  monasterio laico para  acoger obras, mis últimos trabajos, emulando las celdas que alojaban frescos renacentistas.

Una idea que hace años me rondaba por la cabeza y con la que cumplo mi deseo de sacar el arte de las paredes de una galería para fundirlas con la vida real, en este caso ocupando un conjunto fabril.

 No se trata de profanar un espacio sagrado para mí, que ha sido testigo de tanto trabajo y algunas desgracias; sino de reinventarlo con otro uso esperando así que esta ocupación sea la primera de otras muchas. Mi propuesta nace desde el respeto y la admiración más absoluta a una forma de vida tan dura como desconocida fuera de las cuencas mineras. 
Pozo Julia es un lugar donde se funde la vida con la muerte, el drama con la esperanza, la lucha con la resignación, la oscuridad con la luz… Y creo que no podría encontrar mejor rincón donde presentar mi obra. Un lugar que alimenta el alma.

Pinturas de David Colinas en las instalaciones del Pozo Julia, en Fabero (León).

Conocí el pozo gracias a Luis García, responsable del Departamento de Arte y Exposiciones del Instituto Leones de Cultura.
 Quería salir del espacio aséptico de las galerías de arte y buscaba algo alternativo, algo con un pasado industrial donde presentar mi nuevo trabajo.

 Cuando llegué al Pozo Julia fue un auténtico flechazo. Rápidamente comprendí que era el espacio perfecto con el que podrían dialogar mis obras.

Presento el trabajo de este último año, en total unas 80 obras, todas sobre cartón. Las primeras son sobre cartones ya usados y las últimas ya sobre planchas de cartón. 
Los tamaños varían entre el gran formato, 190 X 300, y el pequeño formato, 30 X 40 centímetros.

Arañas, cabras, elefantes, sapos, lagartos, peces y animales prehistóricos conviven.
 Aparecen también demonios, ángeles y otros seres fantásticos e inventados.
 También aparecen los Antruejos como símbolo de las tentaciones carnales.
 Hay además una serie de obras realizadas expresamente para este lugar y relacionadas con la mina y el carbón. 

Existen diferentes espacios dentro de las instalaciones del Pozo Julia y eso me ha permitido hacer una especie de instalación.

Pintura de David Colinas en el Pozo Julia.

Entrando al vestuario por donde entraban los mineros (por ahí se empieza la visita) vemos colgado un cartón reciclado que muestra una especie de angelotes que quiero que marquen un poco el carácter casi sagrado del espacio.
 Ahí mismo se encuentra la lampistería, donde se entregaban las lámparas de carburos a los mineros. Aprovecho este espacio singular para unas pocas obras de tamaño pequeño y mediano, todas sobre cartones reciclados, de las primeras que hice.

De ahí ya pasamos  al vestuario de los mineros, ese espacio sobrecogedor con las perchas colgadas del techo. Aquí no hay obra, el espacio es ya una instalación en sí misma. 

Del vestuario de los mineros pasamos a la derecha a la zona de baños y duchas de los mineros donde toda la obra que se muestra tiene medidas comprendidas entre 190 x 300 y de 150 x 190 cm. 
Estas obras están relacionadas con el carbón y con motivos de épocas remotas. Animales, fósiles, pinturas casi rupestres, obras que llevan por título antracita, coque, hulla, entre otras.
 Al final en los cuartos de wc, la última obra que nos encontramos es una en azules que he titulado “Noche oscura del alma”.

De esa sala retrocedemos para volver a la sala de perchas y enseguida a la derecha entramos en una sala, la más grande y diáfana de todas, tipo gimnasio de los años 60.
 Ahí se halla la serie de los “Antruejos”, doce piezas en total: Guirrios, madamas, madamos, toro, gomia, gomio, rositas, gallina tocahuevos, gochos, caretón, carneros y diablo. Casi todas con una medida de 150 X 190.
 Obras que hablan de los miedos y las tentaciones carnales.
 Comparte espacio en esta sala otra obra de 1.90 x 3.00 dedicada al Pozo Julia.

Pinturas de David Colinas en las instalaciones del Pozo Julia, en Fabero (León).

De la sala roja se pasa a los vestuarios de los técnicos, ingenieros y visitantes.
 El espacio singular de los cubículos da pie para  recrear una especie de monasterio del renacimiento, y mis pequeñas pinturas sobre cartón aparecen como frescos pintados en estas supuestas celdas.
 Son espacios austeros en color gris cemento.
 Dentro de estos espacios se escucha música religiosa.
 En la primera sala aparecen tres obras grandes de cartones reciclados y otras dos de 150 x 190. La sala es especial porque tenemos también perchas con ropas, zapatos o guantes de los mineros.
 De ahí pasamos a la sala de los espejos, como la llamo yo. Muy interesantes los juegos de colores de los reflejos de las obras sobre el fondo gris de cemento. Aquí tenemos cubículos con una pequeña luz, en cada uno de ellos un “fresco”. Algunas obras con animales (entre ellas el homenaje a Louise Bourgeois).

Continua un pasillo con obras sobre cartones reciclados hasta llegar a dos salas con dos obras grandes, la de “Maragatos” y la titulada “Por eso muero”. 
A continuación, a la derecha, más cubículos pequeños con pequeños “frescos” y luz en cada uno de ellos.
 En las dos últimas salas, las reservadas a los ingenieros y a los visitantes, se encuentran las obras para mí más especiales, la serie de los demonios (de las últimas realizadas).

 Ya solo me queda hablar de la sala de compresores: un espacio enorme donde cuatro obras de 1.90 X 3.00 dialogan con las máquinas. Están dedicadas a la mina y al carbón. Se titulan: 
”Ya se acabó el carbón”, “Turba” en color azul, 
”Lignito” en color rosa., y la última, bastante inquietante, “Morir bajo Tierra”.

SOBRE EL “POZO JULIA”

Perteneció a la compañía minera más importante de la comarca, Antracitas de Fabero, fundada por Diego Pérez Campanario en 1935. Esta empresa fue pionera en la mecanización de la minería en España, y recibió la declaración de “Empresa Modelo”. Llegó a tener casi 4.000 trabajadores y realizó inversiones en Fabero: viviendas, economato, talleres, panadería… etc.

El Pozo Julia fue el más importante de la compañía. 
Se abre en los primeros años 50 con una profundidad de 
275 m, y tres plantas en los niveles 50, 100 y 270 metros.
 En 1962 se convierte en una de las minas más avanzadas con la introducción del sistema de arranque mediante tajos largos en frente único. 
La producción llegó a superar las 250.000 toneladas de carbón en sus mejores años, pero sus reservas se agotaron en 1991 y el pozo fue cerrado.

Hoy el pozo es patrimonio municipal.

 En 2007 se adecentaron las instalaciones para la Feria del Turismo Minero. Tuvo tan buena acogida por parte de los visitantes que se decidió organizar visitas guiadas y otras actividades culturales y educativas. 
Gracias a un convenio con la Asociación de Mineros de la Cuenca de Fabero, el Pozo Julia es uno de los principales reclamos turísticos de la zona.

 Los vestuarios, separados según los grados (facultativos, jefes de grupo y obreros). 
Las salas para colgar la ropa, genuinas con sus perchas en el techo y sus aerocalentadores para evitar que la ropa estuviera húmeda cuando los trabajadores se la ponían para entrar a la mina. Los bancos en que se calzaban las botas los obreros. Pero también las jaulas, el castillete, el botiquín y una de las galerías (recreada y ambientada con material audiovisual para las visitas).

Se puede visitar también la lampistería o la sala de compresores. Allí vemos máquinas muy sofisticadas para su época que nutrían de aire comprimido a la maquinaria del interior de la mina (cuando no había electricidad en ésta). Pero también vemos enseres rudimentarios de arrastre, de cuando las vagonetas del carbón las tiraban mulas y caballos. Se trata un material que pasará a integrarse en el Parque Temático de la Minería de Fabero.
 Contemplamos la jaula por la que hombres y vagonetas de carbón subían y bajaban de la mina.

Hoy sólo se oye el fluir del agua que ya inundó las galerías.

 Pero una de esas galerías, traída a la superficie, se ha recreado para que los visitantes conozcan el tajo. Estrechones, máquinas de barrenar y martillos picadores son la realidad bajo un posteado de madera que se hace llamar galería. Oscura, húmeda, algo se parece a la realidad donde, metros y metros bajo tierra, se encuentran los que sacan el carbón. A lo largo de ella, los miembros de la asociación han creado distintos ‘tajos’ en los que se aprecia dónde trabaja el picador sacando el mineral de la roca. 
Hoy recibe la visita de unas unas 5.000 personas por año.

FRAGMENTOS DEL TEXTO DE ÓSCAR ALONSO MOLINA INCLUIDO EN EL CATÁLOGO

«Así que ese conjunto de movimientos y acciones susceptibles de dejar marcas, trazas, signos o huellas gráficos, y que en Europa conocemos bajo el nombre de pintura informal o tachismo… deviene inagotable al metamorfosearse en una conducta espontánea del propio cuerpo que, como si de un alfabeto instintivo se tratase –un código genético de segunda naturaleza, digamos–, se va desarrollando con el tiempo para expresar el auténtico mundo interior del artista.»

«Al igual que en la representación del Neolítico, dominada por formas estilizadas y esquemáticas, las telas y los cartones de David Colinas se nos muestran, pues, como espacios predispuestos de manera continua a la interpretación de la “obra abierta”, sin mayores condicionantes, pero también sin resolución definitiva de su significado o verdadera intención. El orden oculto del sentido asoma, mas nunca se impone una lectura privilegiada, y, como frente al dibujo infantil, al espectador el cabe la oportunidad de resolver esa suerte de enigma donde las imágenes comparten sólo en parte –no de manera imperfecta, sino de manera distinta– los códigos del mundo de la iconosfera “adulta”.»

«Es aquí donde David Colinas ha encontrado que la obra a la que vuelve podía encontrar un acomodo más intenso, rodeada por la calamidad y el fragmento de las instalaciones industriales. Desde la aspereza de la capa de polvo, suciedad y memoria, a las huellas del esfuerzo físico de sus antiguos trabajadores, pasando por el estado devastado de estos barracones, duchas colectivas o vestuarios. En medio de semejante escenografía, tan imponente que no podía pasar desapercibida a un pintor de raíz expresionista como él, los gestos de color de estas imágenes, sus palabras rotas, las figuras que se entrevén en la maraña, el derrumbe o la explosión, devuelven por un instante la animación colectiva del Pozo Julia abandonado, sin renunciar en última instancia al carácter de ruina de la escena.»

Pintura de David Colinas en las instalaciones del Pozo Julia, en Fabero (León).

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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