El Museo de León cumple (solo) 150 años

Por LUIS GRAU LOBO

Me gustaría saber quién fue el primero, el primer visitante del Museo. Aparte de los figurones que se citasen en la efeméride, el ciudadano que entró por la puerta al día siguiente de los fastos con el ánimo de conocer qué había dentro del nuevo museo, del único museo de León. Me gustaría que conservásemos fotografías, algún acta, alguna noticia de hemeroteca aún no hallada, alguna nota manuscrita al azar que personificara aquellos momentos. Son datos que a menudo no significan nada, pero desbrozan las crónicas institucionales y les confieren un verosímil horizonte de realidad. Pero solamente contamos con un testimonio muy posterior (Díaz-Jiménez y Molleda, 1920), con una frescura matizada por la etiqueta que, al menos entonces, requerían los libros. Además, se trata de un libro que es ajuste de cuentas con una tierra poco dada a la gratitud.

Que el Museo de León —arqueológico, provincial o de San Marcos entre otros muchos apelativos durante este siglo y medio— es el más antiguo y nutrido de los museos leoneses, de tan sabido se ignora a menudo, unas veces adrede y otras no. También puede afirmarse como el más visitado, aunque solo sea por la cantidad de tiempo que ha estado abierto sin competencia alguna. Los museos son proyectos a largo plazo: contar sus visitas solo sirve para relatar la parte más burda de su trayectoria, su kilometraje. No hay en tales cuentas ni paisaje, ni esfuerzo, ni posada.

Un siglo y medio puede parecer mucho, pero para los museos de siempre empieza a revelarse la edad de su madurez. En fechas próximas nuestro principal museo, el Museo del Prado, trae a este de León una obra maestra de Rubens para celebrar su segundo centenario. Tras la creación del primero de los museos hispanos, los provinciales conformaron una segunda oleada, más prolija, más a pie del terreno, más urgida de crisis patrimoniales, más modesta pero igualmente trascendental en su conjunto. Hace siglo y tres cuartos la gran mayoría de ellos fue creada a golpe de Boletín Oficial. Pese a esta fecha lejana en la cual se incluye la partida de nacimiento del leonés, casi todos se abrieron al público mucho después. Y un museo cerrado es una calle sin salida, un mal necesario. Sin embargo, muy temprano abrió sus puertas nuestro Museo provincial, espoleado por dramáticos acontecimientos patrimoniales y el empuje particular de prohombres olvidados.

Hoy día, cuando los museos se han convertido en inevitables o supernumerarios, el provincial de León cumple siglo y medio o siglo y tres cuartos, según se mire, en plena forma física y anímica. Estoy seguro de que al museo le hubiera gustado celebrar este sesquicentenario con alguna actividad excepcional. Pero esas cosas cuestan, y hace tiempo que el horno no cocina estos bollos. No importa, el museo sigue con las puertas abiertas, recibiendo visitantes. Como si fueran el primero.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 9 de junio de 2019,
en una serie llamada “Las razones del polizón”)

6 de junio de 2019.

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