Canciones con un distintivo especial que las convierte en únicas

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Una, sólo una canción de los Beatles está firmada por Lennon-Harrison. 

Por CARLOS DEL RIEGO

Existen en el universo del rock & roll algunas canciones absolutamente singulares, piezas que, por una u otra razón, poseen una exclusividad, un algo que las convierte en únicas. Pero esa singularidad no está en su calidad o interpretación, sino que tiene que ver con otras particularidades más físicas, más materiales.

Cierto que cada composición, cada disco, tiene su propia personalidad incluso si es una versión, si sigue la corriente del momento o si está excesivamente ‘inspirada’ en otra. Pero más allá de esa individualidad que se le supone a toda interpretación musical, hay algunas que son únicas en su especie, partituras dotadas con una particularidad que las adorna con el distintivo de la exclusividad y que no tiene que ver con el componente artístico.

El disco de Cliff Richard& The Shadows ‘I could easily fall (in love with you)’ se publicó en 1964 y fue un gran éxito en media Europa. Hasta aquí nada extraordinario. Pero en España alguien decidió tomar una versión instrumental de esta melodía (la de la orquesta Norrie Paramor) y colocarla como sintonía de una serie de televisión española de gran éxito, ‘Crónicas de un pueblo’, desde 1971 al 74; y luego, alguien escogió esa versión como sintonía de apertura de uno de los programas de radio más importantes y longevos de España, ‘Protagonistas’. De este modo, sería difícil encontrar algún español que haya cumplido cierta edad y que no identifique inmediatamente la melodía con este programa de radio o, si tiene más años, con aquel de la tele; pero sería aun más difícil encontrar a alguno de los que recuerdan esa sintonía que hubiera escuchado el original de Cliff Richard. La peculiaridad de ésta se ciñe evidentemente a España.

Más raro aún es el dúo de compositores del tema ‘Here´s to you’, ya que su letra es de Joan Baez y la música de Ennio Morricone. Es un dueto verdaderamente sorprendente, inimaginable: una cantante folk y protesta y un compositor de música para el cine. Esa colaboración insospechada se produjo para la película ‘Sacco & Vanzetti’ (1971); ésta va de dos terroristas, Nicola Sacco y Bartolemeo Vanzetti, inmigrantes italianos en USA que fueron acusados de atentado y asesinato y cuya culpabilidad (a pesar de pruebas muy sólidas y antecedentes significativos) no convenció a todos en el juicio, en el que fueron condenados a muerte. La cantante neoyorkina (activista política desde niña) escribió apenas cuatro versos en los que defiende la inocencia de Sacco y de Vanzetti y denuncia la injusticia de su ejecución: “Aquí estamos por vosotros Nicola y Bart, descansad para siempre en nuestros corazones, el momento final es vuestro, esa agonía es vuestro triunfo”. La excelente partitura del genial Morricone es tremendamente contagiosa, tiene un punto de himno y, en fin, es de esas que se instalan en la cabeza para siempre. Se trata de una colaboración extraordinaria, pues pocas veces se habrá dado el caso de que un famoso compositor de bandas sonoras trabaje con una cantautora de éxito.

El tema ‘Happy’ (1972) de los Rolling Stones tiene la particularidad de que la voz solista, de principio a fin, es la de Keith Richards, no la de Mick Jagger; cierto que en otras ocasiones el guitarrista oficia de solista, pero es en algún estribillo, en alguna estrofa, o sea, rara vez se pone él sólo frente al micro para cantar toda la letra y relegar a Mick a los coros. Pero además, es la única pieza de los Stones que, con Richards como cantante, alcanzó el éxito e incluso llegó al top 20 en las listas. Y es que la pieza es exclusivamente suya (aunque la firme con Jagger); “es una canción extraña, porque si la tocas, realmente te vuelves feliz, incluso en las peores circunstancias, creo que tiene algo mágico”, dijo el propio Richards. La grabó él sólo, con apenas un batería (que no era el de los Stones) y un trompetista; el resto se añadió después. Y es que, como alguien escribió: “Mick, tú no sabes decir happy”. Por todo, es un tema único.

En el universo Beatles figuran más de 250 composiciones propias, la mayoría firmadas por Lennon y McCartney o por Harrison, y unas poquitas por los cuatro; pero hay una excepción, un instrumental de su prehistoria titulado ‘Cry for a shadow’ (1961) cuyos autores son Lennon y Harrison. La pieza surgió en Hamburgo cuando se presentaban como The Beat Brothers y acompañaban al cantante Tony Sheridan con Pete Best como batería. Se trata de una parodia de los temas de The Shadows, con George imitando el sonido de la guitarra de estos e incluso Paul parodiando los grititos de su bajista. El propio George recordaba en 1987: “… John tenía una nueva Rickenbacker con palanca de vibrato; de repente empezó a tocar esa melodía, yo me uní inmediatamente y allí mismo hicimos el arreglo entre los dos”. El tema, que puede encontrarse en recopilatorios de la primera época de la banda, es una auténtica singularidad, una rareza que todo buen ‘beatlemaníaco’ debería conocer.

Y seguro que hay más piezas insólitas, únicas, en esto del rock & roll. Sólo hay que buscar.

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