John Fogerty, otro artista que cayó en las garras de agentes-buitres

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John Fogerty está a unos años de recuperar los derechos de sus canciones con Creedence. 

Por CARLOS DEL RIEGO

Uno de los grupos más queridos y cuyas canciones gustan a prácticamente todos los interesados en el rock & roll es Creedence Clearwater Revival. Su cerebro y su alma siempre fue John Fogerty, uno de los más lúcidos y brillantes compositores de canciones. Sin embargo, como muchos otros creadores, Fogerty cayó en las garras de uno de esos productores-buitre que le despojó de sus derechos. Hace unos días lo explicó en una entrevista.

En las pocas décadas que lleva existiendo esto del rock & roll han sido muchos los casos en los que grandes artistas han visto, sin poder hacer casi nada, cómo sus representantes les engañaban y se quedaban con los beneficios de su trabajo y su talento. Uno de ellos es el gran John Fogerty, quien renunció a grabar discos nuevos e incluso a dejar de tocar sus propias canciones para no generar beneficios que irían al bolsillo de su agente. Hace unos días concedió una ilustrativa entrevista a un medio estadounidense.

El dueño de Fantasy Records, Saul Zaentz, consiguió que el músico firmara un contrato lleno de letra pequeña y disposiciones enrevesadas que, en realidad, sólo le beneficiaban a él. El caso, lógicamente, se llevó a los tribunales y ganó Zaentz, que se convirtió en propietario de las canciones de Fogerty. En 1985, cuando  publicó el Lp ‘Centerfolk’, el ex Credence llevaba varios años sin publicar y casi sin actuar, pues no quería que Zaent se lucrara a su costa. Sin embargo, el tipo encontró en ese disco ‘motivos’ para tratar de sacar partido. Resulta que en el álbum había una canción en la que Fogerty atacaba a Zaentz casi explícitamente, concretamente en el tema ‘Zant kant danz’, en cuyos versos viene a decir algo así como “ese cerdo no sabe bailar pero sí robar el dinero”; tras el juicio Fogerty cambió el título, que quedó ‘Vanz kant danz’; pero también fue demandado por Fantasy Records (o sea, Zaentz) por el tema ‘The old man down the road’ (un éxito de dicho Lp), pues los demandantes aseguraban que esta canción era una copia de la de los Creedence ‘Run through the jungle’, propiedad de Fantasy-Zaentz. En el juicio, sin embargo, Fogerty demostró, guitarra en mano, que ambos títulos no tenían nada que ver y ganó el pleito.

Y es que, aunque parezca inaudito, John Fogerty sigue sin ser el dueño de gran cantidad de sus propias composiciones. Hace unos días concedió una entrevista a un medio especializado de Usa (U. C. R.), en la que confesó: “Todavía no tengo los derechos de las canciones de Creedence, pero confío en poder vivir lo suficiente como para recuperar lo que es mío. Fantasy sería dueño legal de esas canciones durante 56 años, pero recientemente hemos celebrado el 50 aniversario de ‘Proud Mary’, así que debería faltar muy poco para que mis composiciones vuelvan a ser mías”. Y añadió: “En el fondo ansiaba ser el dueño de mis canciones, que son como mis hijos; Saul me mintió, me engañó y se quedó con los derechos de publicación”

Todo empezó cuando se separaron los Creedence, en 1972, pues aún debían a Fantasy Records elepés y canciones, pero Fogerty se negó tajantemente a seguir tratando con ellos, pues Zaent había hecho ‘desaparecer’ el dinero ganado con Creedence diciendo que se había ido en inversiones que no dieron resultado, cosa que Fogerty jamás creyó. Al respecto, explicó en dicha entrevista que “Zaentz liberó al resto de la banda del contrato, pero a mí me agarró bien y nunca me soltó”. De este modo “yo sabía que Saul era el dueño legal de mi música y, además, me robó los ahorros de mi vida y se los llevó a un paraíso fiscal. Básicamente se había salido con la suya” (Zaentz alegó que no se quedó la pasta, sino que lo invirtió y la cosa salió mal…). Por eso, “me encontré en la terrible situación de que cada disco, cada canción que publicara sería para él, así que tomé la decisión de parar, no tocar ni grabar”.

Esa indeseable situación se ha producido no pocas veces en la corta historia de este negocio y ha afectado incluso a los más grandes (por ejemplo a Springsteen). John Fogerty, en fin, se lamenta de haber caído en manos de sinvergüenzas: “Si interpretaba mis viejas canciones, si sacaba nuevas, todo beneficio sería para él. Yo quería seguir mi carrera y estoy seguro que mis fans deseaban escucharme, por eso la decisión de parar fue horrible, diría que incluso un suicidio artístico”.

La cosa se solucionó cuando Saul Zaentz (que se dedicó a la producción de películas con lo que sacó de Fogerty y los Creedence hasta que murió en 2014) vendió sus acciones de Fantasy. En ese momento Fogerty volvió a tratar con Fantasy y llegó a un acuerdo, volvió al estudio de grabación y a tocar sus canciones, todas, en sus conciertos (en España dio un memorable concierto en 2014 con un repertorio casi enteramente Creedence). “Supongo que algún día seré ese tipo que sobrevivió a casi todo y finalmente recuperó sus canciones”, decía John Fogerty hace unos días en esa entrevista.

En cualquier caso todos saben que aquellas maravillosas canciones son suyas…, y de su público.

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