Chifladuras de estrella del rock de los 60 y 70 en Los Ángeles

Keith Richards a punto de tirar la tele por la ventana del 'hotel del jaleo'.jpg

Keith Richards a punto de tirar la tele por la ventana del ‘hotel del jaleo’. 

Por CARLOS DEL RIEGO

Los años sesenta fueron cruciales para el rock & roll, que convivió con la guerra y el primer antibelicismo, con hippies, amor libre, locuras, drogas y con su propia evolución. Además, en aquella década surge el concepto de estrella del rock, el cual viene acompañado de leyendas y auténticas locuras que pronto serán típicas de esa figura. En la ciudad de Los Ángeles es donde se sitúan aquellos primeros excesos que tanto abundarán desde entonces.

Y si aquel es el decenio en el que surgen tópicos y características asociadas para siempre al rock y a sus grandes figuras, los setenta significarán su asentamiento definitivo y, a menudo, la época de los mayores excesos y las grandes leyendas de los héroes del rock. Por otro lado, una de las mecas del rock & roll siempre ha sido Los Ángeles, California, lugar de nacimiento de grupos y artistas legendarios y de los infinitos y llamativos sucesos asociados a ellos. En fin, si estabas en Los Ángeles y no ibas a ciertos locales a dejarte ver haciendo cualquier disparate no eras estrella del rock.

Todo el que está interesado en este negocio habrá oído hablar de un tugurio de gran ‘reputación’ llamado ‘Whiskey a go go’, escenario de enormes desvaríos y extravagancias. En 1966 The Doors tenía contrato para tocar unas cuantas noches en este local; en la última, a la hora señalada todos estaban listos para saltar a escena menos Jim Morrison, que no aparecía, de modo que Ray, Robbie y John decidieron empezar confiando en que el cantante llegaría en cualquier momento. Sin embargo, unas canciones después hicieron un descanso para ir a buscarlo al hotel, donde lo encontraron en pelotas y en pleno subidón de ácido. Lo vistieron, lo llevaron al local y lo pusieron ante el micrófono. Dice la leyenda que entonces, en medio de un gran ‘viaje’, Morrison empezó a improvisar una canción, ‘The end’.

Cuenta la mitología del rock que los dueños de hotel Continental Hyatt House (apodado ‘Riot House’, o sea, la casa del jaleo) se sienten algo defraudados si la estrella de rock que allí se hospeda no la monta. También dicen que fue precisamente allí donde guitarristas y baterías iniciaron la moda de destrozar habitaciones y mobiliario. Entre los que hicieron honor a los cotilleos están los miembros de Led Zeppelin, a los que les encantaba alquilar íntegramente el piso superior para así no reprimirse ante la presencia de otros huéspedes. Por ejemplo, aseguran que Jhon ‘Bonzo’ Bonham consiguió subir una moto y la condujo por los pasillos con ruidosas aceleraciones y frenazos catastróficos. En una ocasión un guitarrista local que los conocía subió a visitarlos, y cuando se abrieron las puertas del ascensor vio una chica desnuda corriendo y riendo, luego otra, luego otra…, y detrás, dos sátiros, John Paul Jones y…, claro, ‘Bonzo’ Bonham.

Uno de los grupos asociados inevitablemente a la excentricidad e incluso el esperpento es Mötley Crüe, banda de ese estilo mestizo que tanto éxito tuvo en los primeros ochenta, el heavy-glam. Su guitarrista Nikki Sixx contó en una entrevista: “Una vez até a una chica en el baño del ‘Whiskey a go go’ con una cuerda de guitarra, pero antes de hacer nada fui a ver a Tommy para ponerme un buen ‘tiro’ de coca, lo malo es que con el colocón se me olvidó lo que estaba haciendo antes… Afortunadamente encontraron rápidamente a la chica y estaba bien, aunque enfada conmigo por haberle dado plantón”. Otra protagonizada por Sixx: después de una de las fiestas salvajes que por allí se celebraban, Sixx se fue con Slash, de Guns n’ Roses, a ponerse lo que tuvieran a mano, que era “heroína, pastillas, cocaína y toneladas de alcohol”; no es raro que el guitarrista de Mötley Crüe perdiera el conocimiento; cuando llegaron los doctores estaba en parada cardíaca, y durante un par de minutos le practicaron las maniobras de reanimación sin resultado, de modo que puede decirse que en esos dos minutos estuvo técnicamente muerto; por último le pusieron una inyección de adrenalina y su corazón volvió a funcionar…

El mismo hotel donde los Zeppelin conducían motos por el pasillo, el ‘Hyatt’, era donde solían hospedarse los Rolling Stones. En 1972, con una borrachera de las que tumbarían a un elefante, Keith Richards se sintió empujado a seguir la tradición de romper algo, así que cogió un televisor y lo tiró por la ventana. Lo bueno es que todo ello fue registrado por el fotógrafo Robert Frank, que lo grabó en vídeo. El arrebato de Richards se convirtió en un clásico, de modo que a partir de entonces lo de tirar la tele por la ventana se convirtió en una moda entre los aspirantes a estrella…, como si el éxito exigiera tal gamberrada.

Otra discoteca angelina con muchas batallitas que contar se llamaba Pandora’s Box. Al parecer, los parroquianos de este local tenían la costumbre de arremolinarse cerca de la puerta, en plena calle y de madrugada, medio desnudos, gritando y cantando y, por supuesto, borrachos y colocados hasta las cejas. Tanto debía ser el jaleo que se estableció una especie de toque de queda que prohibía el ruido a partir de cierta hora. Un día de noviembre de 1966 los alborotadores seguían gritando, vomitando y haciendo todo tipo de escandaleras después del toque de queda, así que llegó la policía, lo que tensó los ánimos pero la cosa no pasó de cacheos e identificaciones. A la noche siguiente apareció el personal con carteles y pancartas exigiendo el fin del toque de queda, algo que también se había reclamado a través de las emisoras de radio; allí se congregó una multitud de ‘fiesteros’ entre los que había desde soldados licenciados hasta jóvenes que estaban ‘inventando’ el movimiento hippie, pasando por estudiantes y currantes…, eso sí, casi todos puestos hasta arriba de droguerío y alcohol; incluso aparecieron por allí actores como Peter Fonda o músicos como Sonny & Cher. Las autoridades (en aquella época poco dadas a ceder) cortaron por lo sano y clausuraron el local. Fin del problema…, hasta que volvió a abrir.

Bien podría decirse que aquellas fueron las primeras gamberradas-chifladuras que han caracterizado a muchos de los que han triunfado en este negocio.

Visita el blog de Carlos del Riego.

 

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