Desde mi celda (6)

© Ilustración: Avelino Fierro.

El autor de “Querido diario” y “Calendario” avanza un nuevo día de confinamiento, el sexto, en su nueva sección, de carácter epistolar, que ha titulado “Desde mi celda”, y que se extenderá durante los días que duren las medidas de contención del coronavirus —que recomiendan y obligan a los ciudadanos a permanecer en sus casas, con el objetivo de reducir al mínimo las posibilidades de contagio, y que han desembocado en la declaración del “estado de alarma, con el fin de afrontar la situación de emergencia sanitaria provocada por el coronavirus COVID-19, en todo el territorio español”—.

Por AVELINO FIERRO

Miércoles, 18.- Antonio, de esta no pasa. Te contaré lo que pretendía ya en la primera carta. El sábado pasado comentaba en casa el artículo de Julio LL. en El País sobre el Decamerón, esas diez personas que, huyendo de la peste, se refugian durante dos semanas en una villa a las afueras de Florencia y cuentan historias sobre el amor, la inteligencia, la fortuna. Estaban presentes mi mujer y mi hija. Las dos, “al toque” –como se oye ahora en la tribu– dijeron: “A nosotras nos encantaron los Diarios de Samuel Pepys”. Yo no he visto este libro citado estos días, y viene muy a cuento.

Estos diarios son una delicia. No hay en ellos pretensiones literarias ni un plan narrativo o temático. Pero las anotaciones de este personaje sobre la vida, emociones, pesares y milagros del Londres de aquellos años, la inclusión de su “inigualable yo”, su sinceridad, alegrías y miedos, su comportamiento, convierten estas páginas en una lectura palpitante.

“Fui a tocar la viola a casa de Georges Vines”, “he corregido [a su hermano] su discurso en griego”, “he leído toda la mañana mi Historia de Roma en español”, “Día de la Coronación… provisto de paciencia, permanecí desde las cuatro hasta las once, esperando el paso del Rey”, “fui a beber al León Rojo, a King Street”, “con mi esposa , cené picadillo de pollo, satisfecho de que mi situación nos permita un plato como éste”, “asistimos al teatro del Rey, donde daban Sueño de una Noche de Verano… es la pieza más insípida y ridícula que existe”.

Por sus páginas van pasando los personajes de la Corte, los vecinos, feligreses, marineros y comerciantes; noticias sobre descubrimientos científicos y reuniones de ilustrados; sus deslices con las mujeres (que anota en francés: “hice tout ce que je voudrais avec elle”) y sus problemas de estreñimiento; el paso de un cometa (“no sé si estará gastado o qué, pero aparece sin cola”); la guerra naval contra los holandeses; el estreno de una chaqueta y casaca a juego con cinto y espada de puño plateado…

También deja testimonio del incendio de Londres o la epidemia de peste. En la anotación del 19 de octubre de 1664, más extensa de lo habitual (es despertado por una gran tormenta, narra la muerte de un conocido, le cuentan que la Reina está enferma , que “ha estado tan mal que le han rapado la cabeza y le aplicaron palomas en los pies”, va al café Cornhill con Sir W. Batten donde se habla mucho de las agitaciones de los turcos…), ahí, decíamos, aparece la primera mención a la epidemia: ”Se dice también que la peste causa estragos en Amsterdam, adonde fue llevada desde Argel por un navío”.

Pepys fue un alto cargo del Almirantazgo, presidió la Royal Society y donó una notable biblioteca a la Universidad de Cambridge. Viajó por España entre diciembre de 1683 y febrero de 1684. Ah, hay otro suceso que anota un 2 de septiembre de 1666. El fuego ha devorado esa noche más de trescientas casas y se acerca al puente de Londres. “Las gentes trataban de salvar sus bienes, los arrojaban sobre los muelles o los amontonaban sobre los botes”. Añade: “Observé que en uno de cada tres barcos, por lo menos, se distinguía una espineta entre el mobiliario”. Vamos, más o menos como ahora: Si tuviéramos que evacuar la ciudad hacia Picos de Europa huyendo de esta puta epidemia, una de cada tres familias llevaría el piano en la baca del coche. Sigue Pepys narrando aquella noche, sintiéndose casi quemado por la lluvia de chispas.

He visto algunas referencias a otros autores sobre estos asuntos: Emily St. John Mandel, Dean Koontz, Stephen King (este me suena)…

Te dejo. Me ha llamado T. para darme una mala noticia y meterme la preocupación en el cuerpo: nuestros amigos M. y C. están ingresados. No sé si tiene sentido seguir escribiendo. ¡Putos días de mierda!

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