Las siete maravillas del mundo leonés / #1 / Conversaciones con la catedral

Por LUIS GRAU LOBO

Arrecia el estío y, con él, regresan los seriales periodísticos de ligera y chispeante enjundia. Tinto de verano. Esta canícula desverbenada sin evasiva al extranjero obliga a frecuentar horizontes trillados: turismo de interior y de tripas corazón. Recorramos, oh, lector indulgente, maravillas leonesas de un mundo encogido pero no menos empachado. Siete o las que hagan falta.

— Obligado empezar por la Pulchra leonina, cofre de cristal, arquitectura de aire…

— Si sigues con los tópicos me desmenuzo. Hartita me tenéis de tanta lisonja, por la pinta de mística me creéis cursi. Señor, arruíname pronto. Y venga con la pulcritud que, aunque diz hermosura, se entiende aseo y, salvo la patena con el pañito, no acumulo sino polvo y palomina. Mucho latinajo queda de pena, que me lo digan a mí, con el que he tragado. Y lo que es leonesa… Me levantó un arquitecto francés, según patrones franceses y soy historia de la arquitectura… francesa, maqueta exportada y pelín blandengue. Los gabachos, se sabe, exportan todo menos la grandeur, que no cabe fuera de París. Me revivió un madrileño de familia célebre al que echaron los cabildeos de costumbre para que el mérito lo cobrara un cordobés menudo y asotanado, demetrio y medio de mote.

Se ha hecho mucho por mí. Me dieron el primer número de los monumentos porque era el más desfallecido y, aunque lo tengan ahora a gala, era de sonrojo. Me estoy cayendo desde que me hicieron. Las prisas. Y los malos materiales. Y luego las ñapas de cada momento: que si quién le ha hecho esta catedral, que vaya chapuza, etcétera. Dijeron que era un topo, pero era un tópico. Y venga liftings, peelings y tendencias de trapines a la mínima, quita esto, pon lo otro. Para mí que no os he gustado nunca, porque en cada época me habéis cambiado a vuestro antojo. Esto lo arreglo yo con este pedazo de cimborrio molón, aquí le coloco una bóveda de piedra de la buena, no esa arenilla… Ni siquiera soy la que fui, me inventaron. La mejor catedral gótica del siglo XIX. O una de las mejores, que de ese siglo hay muchas. Tengo tantos parches como la León-Benavente. Casi.

Ahora los de León vienen poco, desde que cobran. Antes me entraban para rezar y pasmarse, un ratito al fresco y con la boca abierta; hoy me siento una tragaperras de esas con luces de colorines. Pero tanto pagar otros sigo siendo de los mismos. Me construyeron y reparan a costa de todos pero se me quedan los de siempre, que inmatriculan urbi et orbi (toma latín). ¿Que eso ya no se estila? ¿No? Mira a ver el museo ese de la Semana santa quién lo paga y luego me cuentas. Esto sí es leonino, literal. Para mí, que tengo perspectiva, no como tú, la Edad Media no ha terminado. Hartita me tenéis. Todo se hace por órganos. Hasta lo del órgano.

Ahora bien, lo mejor del verano es que se comentan estas cosas descansado y en bermudas. Más este, que no hay turismo y no se queda mal con el forastero. De todas formas la gente sigue viniendo digas lo que digas. Mira si no lo de la puñetera pulcra. Y lo leonino. La madre que los….

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 5 de julio de 2020,
en una sección de verano titulada “Las siete maravillas del mundo leonés”)

1 Comment

  1. Más razón que un santo. Prometo hacer más uso y volver a llorar, como cada vez que he vuelto. Ahora, al ir enmascarada, me dará menos vergüenza y me dejaré llevar a gusto.

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