“Dos novelitas nórdicas”. Ana Flecha Marco

Portada ‘Dos novelitas nórdicas’. Ana Flecha Marco.

Dos novelitas nórdicas
ANA FLECHA MARCO
Mr. Griffin editor / Col. Mrs. Danvers – León, 2020

Por SUSANA BARRAGUÉS SAINZ

Dos novelitas nórdicas es el relato de la supervivencia de la memoria individual y colectiva en una isla amenazada por el aumento del nivel del mar debido al Cambio Climático. La ingente tarea de crear un archivo que registre todo lo que sus habitantes creen que debe ser salvado de una futura pero inminente inundación que anegará la isla se establece como eje vertebrador de la primera de las narraciones. Es, por tanto, una novela sobre la desaparición y la huella, sobre los anhelos y miedos que guardamos en relación a nuestra propia extinción como individuos y como colectividad. Con un registro íntimo y minimalista, las dos novelas se refugian en la memoria y la literatura como única tierra firme donde ponerse a salvo del desastre. La memoria asociada al exilio, al viaje o al enfrentamiento con lo novedoso pero también la memoria de lo cotidiano, lo familiar, lo no trascendental. Las palabras que la protagonista de la segunda novela aprende en noruego son la primera defensa contra la desmemoria, porque todo lo que puede ser nombrado puede ser también ser recordado.

Los calcetines, las capas de ropa, las moras árticas, el viento, la nieve, las montañas, el bacalao y los fiordos, coronado todo ello por el deslumbrante espectáculo de la aurora boreal, conforman el escenario bajo el que late la cuestión profunda del daño ambiental, la certeza de que no pertenecemos al ciclo ecológico de la naturaleza. Somos forasteros y extraños en nuestro propia Tierra, isla planetaria de la que seremos expulsados si nuestros hábitos de derroche ambiental no cambian. En relación a esto, se plantea el cambio de mentalidad generacional en los habitantes de Ø acerca de una naturaleza que ha pasado de ser medio de lucha y subsistencia a mero lugar de recreación y escenario para el espectáculo. Así, subyace también la reflexión sobre el turista, el extranjero, el arraigo y el desarraigo, la idea de pertenencia a un lugar del que la protagonista de la primera novela quiere huir porque no podrá ser enterrada jamás en la isla de Ø debido a la falta de espacio.

En Mancha, el ejercicio de registrar las vivencias de una profesora de español en un pueblo noruego es también una estrategia de defensa ante el carácter no permanente de nuestra existencia, una reacción ante el hecho de tener que aceptar que somos pasajeros en un planeta giratorio. Perdurar en el tiempo es el anhelo inalcanzable del ser humano, y sus esfuerzos por conseguirlo ridículos en relación con el tiempo geológico que moldea fiordos y montañas. Se intuye, por tanto, la influencia romántica de la desazón ante la contemplación de las ruinas, las civilizaciones extintas, condenadas a ser pasto de la arena, de las algas o del moho. Ana Flecha Marco consigue, con un estilo sobrio, casi como de transmisión de un secreto, encontrar un alivio para ese desasosiego: la colectividad, la hermandad, la amistad a través de las festividades, como la que celebra la llegada de la luz. Nos muestra así que los momentos y artículos más efímeros: dientes de leche, grabaciones musicales, poemas, fotografías de jornadas de pesca, son los verdaderamente dignos de inmortalizarse. Y que la literatura es el mejor lugar para asegurar su persistencia.

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