Cuentas pendientes

Por LUIS GRAU LOBO

Las cuentas con el pasado deben saldarse o se convierten en caja B. Para la desgracia del país, la derecha española no ha liquidado esas deudas, ni las antiguas ni las recientes. Una buena parte de su partido y electorado aún sigue hilvanado a la dictadura franquista y sostiene desde 1975 que la reparación debida a las víctimas o no se necesita ya o no corre prisa y puede dejarse para mejor ocasión. Solo ese raigón ideológico puede explicar que allí donde han gobernado (León incluido) no se procediera inmediatamente a retirar las placas y recuerdos públicos que exaltaban y exaltan aún a golpistas y lacayos de la dictadura o que, en episodio vergonzosísimo del proceder democrático reciente, se haya despedazado ¡esta misma semana! la placa en recuerdo de Largo Caballero en su casa natal de Chamberí. En cualquier otro país este asunto no merecería polémica: mantener y, de alguna manera, proteger conmemoraciones indignas o destruir el recuerdo de quienes lucharon contra el fascismo responde a un mecanismo ideológico semejante a negar el Holocausto o desdeñar a las víctimas del terrorismo. Pero parece ser que la derecha de este país se siente aún comprometida con esa parte indecente de la historia y se diría surgida de ella. Si no fuera así, impulsaría la rectificación y la reparación debida a víctimas y símbolos sin ningún reparo o recelo pues se identificaría con la misma estirpe política de quienes defendieron la democracia en su momento o quienes entienden ahora que nada deben a aquella época y a quienes la convirtieron en infame.

En lo referido al pasado reciente, que desde el PP (y sus voceros mediáticos) hayan tildado de «reparación moral» la sentencia de Gürtell, que confirma una condena sin paliativos, por el mero hecho de que el tribunal considere excesiva la alusión a una caja B cuyos latrocinios, por otra parte, les obliga a costear y que, además, sigue juzgándose en otras instancias, es como si un atracador a mano armada se sintiera reivindicado por el hecho de demostrarse que su pistola cargaba solamente dos balas. Que ese argumento pretenda deslegitimar la última moción de censura sitúa esta excusa en el terreno de la ciencia ficción de serie, precisamente, B.

Y hoy, que el partido de la derecha –se supone que europea– de este país esté gobernando y adquiriendo por contagio modos y maneras de la ultraderecha, para pasmo de los conservadores europeos, refrenda la sensación de ausencia de una auténtica opción conservadora española que Ciudadanos no logra capitalizar a causa de sus bandazos y connivencia. Por fin, que Díaz-Ayuso se haya convertido en un personaje político tan parecido a Trump y en epicentro de la nueva imagen del PP completa un panorama aciago con implicaciones de largo recorrido y cuentas pendientes y ‘pasados’ como los citados para un futuro no muy lejano.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 18 de octubre de 2020)

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