Las ridículas y escandalosas detenciones de algunas figuras del rock

Una de las imágenes más disparatadas de la historia del rock. El poli le dice a Jim Morrison que pare de cantar, que lo va a detener.

Por CARLOS DEL RIEGO

Es bastante común que la estrella del rock tienda a dar espectáculo incluso cuando no está en el escenario. Cierto que también las hay que cuando no están bajo los focos llevan una vida más discreta, pero suelen abundar los rockeros rebeldes deslenguados y desafiantes, muchos de los cuales tuvieron que vérselas con la ley y fueron detenidos. Algunos casos fueron ridículos, como de película disparatada.

No es obligatorio que el músico de rock viva permanentemente en el exceso, aunque muchos parecen encontrarse ahí en su salsa; unos dejan el traje de gran estrella en el escenario mientras otros parecen estar siempre en plena actuación. A veces se pasan y la ley interviene, sin más. Pero hay otras que el modo, el lugar o la causa del arresto resultan absurdos, ridículos, grotescos.

Una de las detenciones más escandalosas y comentadas en el planeta del rock es la que sufrió Jim Morrison en 1967. The Doors tocaban en Newhaven, y unos minutos antes de comenzar, Jim estaba ‘relajándose’ con una fan en una ducha que había tras el escenario. Un agente de policía, que no sabía quién era aquel tipo, los sorprendió y ordenó que dejaran lo que estaban haciendo y se largaran. El cantante, que exhibía una curda de las que acostumbraba, no sólo se resistió, sino que se choteó del poli, el cual sacó la porra y repartió unos cuantos porrazos a uno y a otra. Lógicamente el concierto tuvo que retrasarse para dar tiempo a que Jim se recuperara. Una vez en escena improvisó una canción en la que contaba el suceso, acompañándose con abundantes gestos obscenos. La policía se sintió ofendida y, sin importarle el lugar y la situación, subió al escenario, interrumpió al cantante, lo detuvo y lo sacó a empujones, en medio de un follón de los que no se olvidan… La cara de Morrison ha quedado para los anales. 

Johnny Cash se las vio con la ley muchas veces. Una de las más tontas fue en 1965, cuando lo pillaron in fraganti…, recogiendo flores en un campo de propiedad  privada. El caso es que, después de un concierto en la Universidad de Mississipi y tras una noche de incontables copas y botellas, quiso despejarse caminando por el campo, y afectado por el mucho licor se puso a recoger florecillas. Llegaron los uniformados y lo detuvieron por allanamiento de morada y destrucción de propiedad privada; él se explicó afirmando que había tomado un atajo para ir a por tabaco. Pasó unas horas en comisaría y tuvo que pagar una multa. Mucho después, en 2007, fue ‘indultado’ póstumamente: sus fans se reunieron en aquel campo para recoger flores…   

Otro gran nombre del rock fue arrestado aquel mismo año (¡ah, los sesenta!). Al acabar un concierto en Chicago, a Frank Zappa se le acercó un tipo que le ofreció 100 pavos si grababa una cinta de audio en la que se le escuchara en plena actividad sexual. El siempre imprevisible Zappa vio la forma de ganarse un billete de manera fácil y aceptó. Fingió los ruidos y los grabó, y al día siguiente se reunió con el comprador, que resultó ser un agente de paisano y lo detuvo. Lo acusaron de productor y vendedor de pornografía, e incluso la ‘Vice squad’ fue a su estudio y se incautaron de todas las grabaciones. La prensa dijo al día siguiente que “los investigadores habían confiscado material pornográfico y detenido a un productor”.   

Lo que le pasó a The Who en Nueva York en 1969 fue como sacado de una de los Hermanos Marx. Sonaba el trepidante ‘Summertime blues’ cuando un agente de paisano saltó al escenario e intentó arrebatarle el micro a Roger Daltrey, quien lo defendió con uñas y dientes; en estas estaban cuando Pete Townshend se acercó por detrás y le sacudió una patada en el culo. Luego se explicó que el policía tomó esa decisión al enterarse de que el local de al lado estaba en llamas y todo el mundo tenía que salir. El guitarrista fue detenido, pasó una noche en el calabozo y pagó 30 dólares de multa.

En marzo de 1969 la policía se presentó en casa de George Harrison gritando “¡esto es una redada antidroga, que nadie se mueva!”. Se encontraron marihuana para hacer unos 120 porros (unos pocos gramos) y ‘otras cosas’ escondidas en los zapatos, aunque George negó que aquello fuera suyo. Todos a comisaría. Al final, Harrison fue multado con 250 libras, y otras diez guineas cada uno de los presentes. Sólo tres años después, el policía que supuestamente encontró las ‘otras drogas’ fue condenado tras demostrarse que había colocado pruebas falsas en otros casos.

La más infame detención de una estrella del rock la sufrió Paul McCartney en Tokio en 1980. Estaba todo vendido para sus conciertos. Paul iba con Wings, su mujer e hijos para pasar luego unos días en Japón. Como si supieran dónde buscar, los agentes de aduana fueron directos a la maleta de Paul, donde hallaron unos 200 gramos de maría. Arrestado y esposado delante de todos, fue llevado a prisión. Las autoridades no sabían si deportarlo inmediatamente o acusarlo de contrabando de drogas, lo que significaba siete años como mínimo. La prensa nipona pidió que se prohibiera su música. Luego se supo que Paul había llamado a John para decirle que se iba a Japón, pero sólo pudo hablar con Yoko, a la que dijo que iban al hotel del que tanto le había hablado John y ella; uniendo eso a la seguridad de los de aduanas con la maleta de Paul y la ‘tirria’ de Yoko… Diez días pasó Macca en la trena mientras los abogados se batían duramente. Finalmente fue deportado a Inglaterra.

Joe Strummer, de The Clash, fue arrestado en Hamburgo en 1980 después de usar su Telecaster como si fuera una cachiporra. Mientras tocaban, algunos punks recalcitrantes les gritaban e insultan acusándolos de ser unos vendidos y de estar acabados; lo malo es que también pululaba por allí una banda de skinheads, lo que era un seguro de pelea. Aparecieron navajas y cadenas, enorme trifulca, público que invadía el escenario, tortas, trompazos… En un momento, Joe vio que uno de los gritones estaba aporreando repetidamente a otro que estaba en el suelo, así que saltó del escenario y atizó al pegón en la cabeza con su Fender. KO. Enorme altercado y concierto suspendido. Policías, sirenas, carreras. Strummer fue detenido y conducido a comisaría, donde fue acusado de agresión a un ciudadano alemán. Siempre se arrepintió de aquello: “no se puede combatir la violencia con violencia”.

Hay más, muchos más profesionales del rock que tuvieron que escuchar lo de “Tiene derecho a guardar silencio…”.

Visita el blog de Carlos del Riego.

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