Pete Townshend, 76 años de aventuras y emociones

Pete Townshend, uno de los músicos más importantes e influyentes de la historia del rock, cumple 76 intensas primaveras.

Por CARLOS DEL RIEGO

La vida de casi todos los artistas suele ser muy intensa, pero cuando se trata de estrellas del rock la cosa se desmanda, el exceso es norma y las locuras se vuelven casi cotidianas. Sería difícil encontrar a una gran figura de este negocio que no tuviera las más disparatadas aventuras que contar. Entre ellos Pete Townshend, compositor y guitarrista de The Who, que cumple por estas fechas (19-V) 76 primaveras.  

Todo el mundo podría contar unas cuantas batallitas más o menos interesantes, más o menos impactantes, pero muy pocos podrán presentar un ‘expediente’ de desvaríos, anécdotas y sucesos sensacionales equiparable a cualquier estrella del rock, por ejemplo Pete Townshend, que podría escribir varios libros. Él mismo ha contado muchas de sus peripecias.

Roger Daltrey y Pete Townshend se conocieron en el colegio y casi acaban a palos. Pete vio como Roger peleaba con malos modo con otro chaval, así que le gritó e insultó. Recuerda: “Roger se volvió y, con amenazas, me obligó a disculparme. Al poco lo echaron del colegio por fumar. Un día lo vi por la calle con una guitarra. Y al otro volvió al colegio para hablar conmigo; los demás se acercaron creyendo que habría pelea, pero sólo me dijo que le habían dicho que yo tocaba bien la guitarra, que estaba formando un grupo y que si me interesaría probar. Me quedé sin palabras pero acepté”. Y todo cambió.

En aquellos idealizados años sesenta, quien más quien menos todos buscaban aquello de la paz interior, la realización espiritual, la expansión de la mente…Townshend contó que estaba en la cama de un hotel viendo la tele cuando “escuché la voz de Dios en una epifanía singular y trascendental. Sentí una llamada al corazón”. No hay por qué dudar de la palabra del músico, aunque si se tiene en cuenta que, seguramente, estuviera algo ‘colocao’ y que se quedaría semidormido ante la tele… En todo caso, según él, aquel episodio le empujó a escribir su gran obra ‘Tommy”.

Lógicamente, con tanto ‘viaje’ hay alguno que sale mal. En el avión de regreso del Monterry Pop (1967), los miembros del grupo se comieron unas “grandes píldoras de color púrpura” que les había regalado un químico llamado Owsley Stanley, que fue el primero en producir LSD a gran escala. Keith Moon, como se esperaba, se tomó una inmediatamente, pero Daltrey y Entwistle no quisieron, por lo que Townshend decidió tomarse media “para que Moon no viajara solo”. Cuenta el guitarrista que a la media hora “la azafata se había convertido en un cerdo, comía y resoplaba como un cerdo. Luego me puse los auriculares y escuché todos los géneros musicales a la vez, rock, clásica, jazz, música de cine, country…, todos competían por captar la atención de mi cerebro”. Sí que estaba alucinando, pero no acabó ahí la cosa, pues de repente Townshend creyó estar flotando en el techo del avión, lejos de su cuerpo y viendo desde arriba a sus compañeros: “Karen (esposa de Townshend, que había tomado la otra mitad de la pastilla) se abofeteaba a sí misma, Moon se hurgaba los dientes… Entonces escuché una voz de mujer que me decía suavemente ‘tienes que regresar, no puedes quedarte aquí’, yo respondí que tenía miedo de volver y morir, pero ella me dijo que ‘no morirás, y no puedes quedarte aquí’. De repente volví a mi cuerpo, notando sonidos y colores maravillosos”. Aquel fue un mal ‘viaje’, tanto que Townshend no volvió a probar el ácido jamás, al menos voluntariamente.

El guitarrista, cantante y compositor ha hablado varias veces sobre su bisexualidad, por ejemplo en su libro ‘Who am I’ (2012), en el que explica cómo le atraían tanto mujeres como hombres, así Ray Davis (The Kinks) y sobre todo Mick Jagger. “Mick era misteriosamente atractivo y me resultaba sexualmente muy provocativo. De hecho, Mick es el único hombre al que hubiera deseado follar… Una vez llevaba unos pantalones anchos, como un pijama, y al inclinarse vi que no llevaba ropa interior y que se notaba la silueta de su pene… Mick estaba muy bien dotado”. Seguro que sí.

Aun en los sesenta, en el 69, The Who tocó en el Fillmore East de Nueva York. A mitad de concierto un espontáneo saltó al escenario, le quitó el micro a Daltrey y empezó a hablar al público. Townshend recuerda: “Un minuto antes estábamos trabajando y ahora un tipo estaba hablando con el público, con nuestro público. Roger quiso recuperar el micro, pero el intruso lo apartó. Entonces me acerqué, aun con la guitarra colgada, para darle una patada en el  trasero, pero justo cuando el pie estaba a medio camino, el hombre se volvió, de modo que mi Doc Martens (marca de las botas) impactó de lleno en sus pelotas. Cayó de rodillas poco antes de que un par de asistentes se lo llevaran. Seguimos tocando. Al acabar me enteré de que el tipo era un policía que trataba de evacuar la sala porque se había declarado un incendio en el local de al lado”. Townshend fue arrestado, aunque pagó la fianza y salió en horas. El juez lo acusó de delito menor y lo condenó a una multa de 75 pavos. El músico se disculpó varias veces, explicando que la adrenalina del momento lo condujo a la patada. Lo raro es que nadie le hubiera  advertido antes.   

Aquel mismo año el promotor Frank Barsalona le propuso tocar en el festival de Woodstock, que se iba a celebrar unos meses después. Parecía interesante, pero demasiado precipitado, hacía un par de meses que había sido padre y le apetecía estar con su mujer e hijo. Frank insistió, pero Townshend se mantuvo inflexible. Entonces, el promotor cerró con llave de seguridad la puerta de su piso y la tiró por la ventana. “Me dijo que no saldría de allí hasta que aceptara. Durante más de dos horas me negué, incluso perdí mi avión a Londres. Al final le dije que sí sólo para que me dejara marchar, pero el muy astuto tenía preparado un contrato; lo firmé pensando que no afectaría al grupo, sino sólo a mí, pero unos días después me dijeron que nuestro manager había firmado para tocar en Woodstock al ver mi firma en el contrato de Barsalona”. 

Y The Who tocó en Woodstock. Sin embargo, Pete Townshend no guarda buenos recuerdos: Para empezar, el público que acudía tuvo que empujar el coche en el que iba el grupo, pues se había atascado en el barro. Cuenta que “el ‘back stage’ era horrible; toda la zona de alrededor era barro gelatinoso, pegajoso y espeso; el camino al escenario era un camino entre el barrizal; al salir del coche me resbalé y caí de rodillas; fuimos a una carpa donde había té y café, me serví y a los pocos minutos comprendí que el agua del café estaba ‘enriquecida’ con LSD; el viaje comenzó definitivamente a la media hora; me quedé mirando una foto de un gurú, embobado, y entonces un chico descalzo y descamisado saltó sobre el techo de una ambulancia y se agarró a una línea eléctrica, con lo que se llevó una descarga que casi lo iluminó. También hubo muchos problemas técnicos y nuestra actuación no fue la mejor, pero sirvió para colocar a The Who entre los grandes del rock”. No debió estar tan mal.

Y aun tiene muchas más batallitas que contar, como cuando, durante una fiesta con sus compis, Townshend estuvo a punto de palmar por comerse una flor a la que resultó ser alérgico. O como cuando compraron un coche fúnebre (un Packard V12 de 1936) que él aparcaba frente a su casa, hasta que un día desapareció porque, al parecer, le daba mal fario a la Reina Madre, Isabel, madre de Isabel II, que pasaba a diario por allí; al final “lo vendimos, pero dediqué ‘My generation’ a la Reina Madre”. O como cuando, en 1972, unos amigos de Eric Clapton le pidieron que los llevara a casa de éste, pues tenía una fortísima adición a la heroína y no sabían nada de él desde hacía días; el problema es que Townshend luchaba contra su alcoholismo, de modo que (como era de esperar), terminó estrellando su Porsche: “iba algo borracho y confiado en el coche, pero llovía, perdí el control y acabamos entre dos árboles, aunque sin grandes daños; comprendí, y no me hizo gracia, que yo era un borracho que trataba de ayudar a un heroinómano”. Lo ideal, vamos.

Cosas de las estrellas del rock.

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