Idus de febrero (2): Realismo mágico

 

El director del Museo de León continúa con su nueva serie de artículos de opinión, «Idus de febrero», con vistas a las próximas elecciones a las Cortes de Castilla y León (el próximo 13 de febrero de 2022):

Por LUIS GRAU LOBO

Luis Grau Lobo.

El Partido Popular va mudando en el PRI de aquí: partido tan revolucionario como institucional: es el castillo de Kafka y el acorazado Potemkin, todo lo puede y no puede nada, de todo culpa a otros y se rebela contra ellos. Para ser el partido de una república soviética solo le falta la república soviética. Lo demás lo tiene, incluida la propaganda: Castilla y León, territorio de tradición. Así cualquiera. Tiene pillados los papeles de gobierno y de oposición: si vienen buenas, son el primero, si malas, la segunda. No falla, la banca (el PP) siempre gana. Sobre todo en campaña, porque en campaña dicen cosas como «ahora sí que vamos a hacer esto y lo de más allá»; «ahora vamos a gobernar de verdad y arreglar tal o cual cosa (inserte aquí su petición)»; «respecto a los de antes… ¿quiénes eran los de antes?». El tiempo, más que relativo, es de una lógica geológica: ¡35 años! ¡Naderías!

Este realismo mágico de cercanías carga todo fardo de desgobierno en el AVE de Madrid, pero para el Madrid cautivo de Moncloa, no el de la zona libre, por descontado. El truco sale mejor cuando en el Estado hay otro partido político, pero también funciona con el propio. ¡35 años de magia! Para qué la autonomía si aquí no gobierna nadie. Esquizofrenia tan rentable se nota en su electorado: quienes más gritan agravios y dejadeces son quienes al final, les votan. La incoherencia como modus operandi. Para amasar este sindiós ya está la prensa a diario.

Que convocasen elecciones en este momento ha sido explicado por los exégetas del ramo: una potencial moción de censura, un incandescente calendario judicial, etc. Pero se resume en un lema capilar: porque yo lo valgo. O porque yo lo quiero, que es el lema de los gobiernos con más de… ¡35 años! Llega un momento en que casi todo puede imputárseles, pero lo normal es que haya sido Sánchez. O un Sánchez de ocasión. No se vio tal sanchismo desde el de la Triste Figura. Y triste es, en efecto.

Pocas opciones más oportunas para gobernar este cortijo que un salmantino dando capotazos aquí y allá y la puntilla cuando se tercia. Recibió a porta gayola a los ciudadanines y no le tembló el pulso para descabellar consejeros. De abolengo le viene el tronío, dicen las crónicas.

Con las macrogranjas (recordemos: baremo y barómetro de campaña), el PP ha hecho lo que más le gusta: el río revuelto y el barro en las botas de los demás. Cuando uno se erige en portavoz del campo y sus ruralidades da igual que lo quiera llenar de porquería: es porquería rentable, llena de empleos, riquezas y subvenciones. Aunque sea mentira. El campo es suyo, como antaño la calle era de Fraga. Aunque lo atiborren de mierda y fotos bóvidas.

Votarán a los muy populares gentes consuetudinarias, que votan como quien procesiona. Algunos se van instalando más a la derecha, en ese lugar al filo del abismo que parecía no existir más que en las leyendas de terror y vergüenza, ajena y propia. De esos no hay comentario, por si acaso.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 23 de enero de 2022)

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