Historias del rock increíbles pero ciertas

Jimi Hendrix fue guitarrista del grupo de acompañamiento de Little Richard, pero finalmente fue despedido.

Por CARLOS DEL RIEGO

El rock & roll ha dado mucho de sí en tan corto espacio de tiempo (menos de 70 años), y no sólo en el plano estrictamente artístico. Y es que las vidas de las estrellas del rock suelen estar llenas de aventuras, batallitas y anécdotas sin mayor trascendencia, es decir, no sólo se dieron al exceso, drogas y fiestas salvajes. Aun así, se pueden recordar sucesos curiosos y chocantes que parecen increíbles pero que están plenamente confirmados por ellos mismos.

No siempre tienen que ser obligatorios el morbo, la autodestrucción y la exageración en la vida de las grandes estrellas del rock & roll. Hay veces que también podrían contar a sus nietos unas cuantas batallitas sin que fueran historias para mayores. Por ejemplo cuando Little Richard despidió a un guitarrista llamado Jimi Hendrix, cuando Grahan Nash apostó que escribiría una canción en unos minutos, cuando Van Morrison improvisó 30 canciones para cumplir con su ex discográfica o cuando Aerosmith rechazó el avión en el que poco después se estrellaron los Lynyrd Skynyrd.

Sería a mediados de los años sesenta cuando un joven guitarrista llamado Jimi Hendrix se buscaba la vida tocando para unos y otros: los Isley Brothers, las bandas de BB King, de Jackie Wilson, de Sam Cooke y, durante un tiempo, con la de Little Richard. El hermano de éste, Robert Penniman, contó que nadie discutía el tremendo talento del chico, pero “tenía la mala costumbre de llegar tarde a todo y, peor aún, le gustaba tratar de eclipsar a la estrella principal en el escenario, dos cosas que ningún músico de sesión puede permitirse”. El propio Ricardito explicó que en un concierto “la gente empezó a gritar y vitorear y yo creí que era a mí, pero cuando me volví comprobé que era a Jimi; el tipo había tomado el escenario”. A pesar de ello, fue su impuntualidad la causa principal del despido, como recordó Little Richard: “Era un guitarrista excelente, todos lo vimos, pero es que el tipo llegaba siempre muy tarde al concierto o al autobús; una vez en Nueva York perdió el autobús para Washington; y además, a la mínima oportunidad se ponía a coquetear con las chicas”. Little Richard no aguantó más y lo despidió.

Uno de los grandes éxitos de Crosby, Stills & Nash fue ‘Just a song before I go’, de 1977. La escribió Graham Nash de un modo realmente increíble. Contó el propio artista: “Estaba en Maui (Hawái) esperando el avión, que aun tardaría una hora, y acompañado por un colega que vendía maría; entonces me retó diciendo: ‘Se supone que eres un gran compositor, pero apuesto que no puedes escribir una canción antes de que llegue el avión’. Yo le pregunté cuánto quería apostar y me dijo que 500 dólares”. Nash se puso a ello y, según dicen, la pieza estaba terminada en menos de 20 minutos (otras versiones dicen que sólo en unos 5 minutos). Así surgió este ‘Una canción justo antes de marchar’ que, según aseguran, se grabó con total fidelidad a la idea original. “Todavía guardo los 500 pavos que gané en aquella apuesta”, dijo Nash.

A mediados de 1977 el grupo Aerosmith iba a emprender una gira y pensaron en alquilar un avión, así que enviaron a alguien con experiencia para que echara un vistazo al aparato que les ofrecían, un Convair 240; sin embargo, al experto no le gustó lo que vio y lo rechazó. Joe Perry, guitarrista de la banda, recordaba: “Afortunadamente teníamos a alguien que inspeccionó el avión en que viajaríamos, pero no le gustó y jamás montamos en él”. El 20 de octubre de aquel año, los miembros, asistentes y acompañantes de Lynyrd Skynyrd viajaban en aquel mismo Convair 240, que se estrelló en el estado de Misisipi cobrándose las vidas de, entre otras personas, tres miembros del grupo y uno de los acompañantes. No está claro por qué el enviado de Aerosmith rechazó el avión, pero de no haber sido así, tal vez la historia fuera diferente.

Diez años antes, en Reino Unido, Van Morrison iniciaba su carrera en solitario con el sello Bang Records y el productor Bert Berns, con los que grabó el inmortal ‘Brown eyed girl’. Engañado por éste y aquellos, Morrison quería romper con ambos, cosa que no sería fácil…, pero a finales de ese mismo año murió Berns, con lo que Morrison vio el momento de cambiar de aires. Así, fichó con la Warner, pero antes de empezar le llegó una nota que decía que aún debía 36 canciones a Bang Records. El ‘León de Belfast’, enrabietado, se fue al estudio y allí improvisó a la vez que grababa 31 canciones seguidas, deliberadamente malas, terribles, con desgana, con una guitarra cada vez más desafinada y con el gran Van Morrison en un tono aburrido y apático. El disco salió con el título ‘Contractual Obligation’ o ‘Payin´ dues’. Y con esta treta y un pago ‘en negro’ de veinte de los grandes, se libró de su antiguo sello.   

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