Margarita Pertejo Seseña, aquella intrépida pintora

Autorretrato de Margarita Pertejo Seseña.

Hubiera cumplido los cien años en 2022 y acaban de rendirle un homenaje muy particular. Margarita Pertejo Seseña, como tantas otras artistas, fue una pintora vocacional que llevaba la técnica, los pinceles y los cuadros en su ADN de constante creadora. Pero la dedicación a sus hijos y la pasión arrolladora de su marido por el arte determinaron que aquella prioridad pasara a un segundo término aunque nunca olvidó el oficio.

Por ISAAC MACHO

Si el movimiento feminista actual lucha, todavía a brazo partido, por defender el papel de las mujeres en muchos ámbitos de la vida social, artística y laboral, qué podremos decir de su situación hace 80 años.

En aquella sociedad, guiada con frecuencia por los anchos hombros de machos alfa, la figura de Margarita Pertejo Seseña (Zamora, 1922 – Valladolid, 2017) descuella como un faro de referencia aunque no saliera en las portadas de los periódicos con megáfono en mano ni el puño cerrado en alto.

Ella fue la pequeña de once hermanos, criada en una familia humilde pero con una madre librepensadora, con muchos arrestos, donde la joven pintora entendió muy pronto la prioridad de la formación en un expuesto oficio para vivir de él.

Con apenas 20 años acude al estudio que el profesor, Manuel Gracia, tenía en Salamanca. Un profesional que tocó todos los géneros: bodegón, paisaje, desnudo, retratos y vistas urbanas. En ese ambiente creativo sobresalió pronto su impulso artístico y un año después de su incorporación al taller del pintor cartelista salmantino, obtuvo un accésit en la exposición de Pintura Regional de Salamanca.

La coincidencia de que uno de sus hermanos, médico, estuviese destinado en la ciudad alicantina de Elda, le permitió a Margarita Pertejo pasar temporadas en aquella ciudad levantada sobre una terraza inclinada y rodeada de un circo de montañas. Se da la circunstancia de que este familiar, José, conoció al poeta Miguel Hernández en la cárcel y que, incluso, le trató de tuberculosis en un estado ya muy avanzado.

La joven acudió allí al estudio de los pintores Melchor Aracil Gallego, muy implicado con su ciudad y las costumbres de sus gentes, y Gastón Castelló, seguramente el creador alicantino más conocido y emblemático, un virtuoso del dibujo, que trabajó como muralista, dibujante, acuarelista, constructor de hogueras y también en el campo de los mosaicos.

Con 22 años, Margarita Pertejo obtiene el segundo premio con Autorretrato en la Exposición de Arte Provincial de Alicante. Más tarde, recibe otra distinción por el óleo Claveles en la I Exposición de Amigos del Arte de Elda que se mostraba al público en el Casino de esta ciudad.

La joven Margarita Pertejo rematando una de sus obras.

Gari, el seudónimo

En 1945, acude al Salón de Otoño de la Asociación de la Prensa de Zamora con cuatro obras y es en esta fecha cuando su amigo, el pintor y grabador, José María García Fernández, Castilviejo, le presenta al maestro regionalista Ricardo Segundo ya que este se había interesado por un bodegón que firmaba el supuesto nombre masculino de Gari, aunque en realidad la rúbrica correspondía al seudónimo femenino de Margarita Pertejo Seseña. Diez años después de este encuentro casual, se casarían los dos presentados.

A partir de este momento, la pintora se convierte en alumna de Ricardo Segundo en el taller que tiene este reconocido autor en la céntrica calle Renova, junto a la plaza Mayor, de la capital zamorana. La afición a la pintura de la joven veinteañera sigue en aumento y en la temporada de verano, sale a pintar al campo. En ocasiones, se traslada a localidades como Villalcampo, Ribadelago en la alta Sanabria o pueblos alistanos como Viñas o Rábano para plasmar al aire libre el vestuario de lugareños de las comarcas elegidas con modelos que posaban para ella.

Tanto en esta época como en otras posteriores desarrolla también su universo pictórico en visitas a lugares como Nava en Asturias o Candelario y La Alberca en la provincia cercana de Salamanca en donde los habitantes de esos pueblos posaban para ella luciendo sus trajes típicos.

Se trataba, lógicamente, de un ejercicio de entrenamiento para adiestrar la mano y la mente en el ámbito artístico, “siempre dirigido por mi padre, incluso por carta”, como ha recordado su hija, Gloria García Pertejo.

Bodegón de Margarita Pertejo Seseña.

Los reconocimientos en favor de Margarita Pertejo continúan en el ámbito local de Zamora hasta que decide trasladarse a Madrid para seguir su formación en dibujo en el Casón del Buen Retiro e, incluso, como copista del Museo del Prado, un selecto y centenario club de meritorios que reciben la autorización para aprender de los grandes maestros en la mayor pinacoteca española.

Pronto se produjo otro nuevo cambio de aires al decidir la pintora desplazarse a Barcelona para ampliar sus conocimientos artísticos en el estudio que Ricardo Segundo tenía en la ciudad condal donde impartía clases como profesor.

Durante esos años, combina su etapa formativa con exposiciones como las que presentó en el Círculo Recreativo o la presentada coincidiendo con las Fiestas de San Pedro de la capital del Duero.

Paraje de Sanabria realizado por Margarita Pertejo Seseña.

Homenaje en su centenario

Su aspiración por ampliar y universalizar los conocimientos artísticos llega hasta el punto de abrir la que se puede considerar primera academia de arte en Zamora a la que acuden chicas jóvenes interesadas en introducirse en el campo de la pintura en un ámbito donde apenas había oportunidades para ellas. Como resultado de estas clases, este  grupo de creadoras expone sus trabajos en el local de la Delegación de Información y Turismo bajo el título “Exposición de pintoras noveles”.

La actividad artística de Margarita Pertejo, que trataba de impulsar su carrera en las décadas de los años 40 y 50, se detuvo con motivo de su casamiento. “Era difícil ser artista y madre a la vez”, admitirá la menor de sus hijas.

A Pertejo Seseña le ocuparía todo su tiempo la educación y atenciones de sus cinco hijos. Pese a ello y al hecho de haber fijado su residencia en la localidad de Sejas de Aliste, su vocación artística siempre estaba presente en sus inquietudes aunque, en buena lógica, su faceta pictórica se circunscribía al trabajo en el interior o en los alrededores de la casa: cuadros de flores, autorretratos o sus propios retoños como modelos de urgencia y más próximos.

“En un mundo de hombres artistas”, recuerda su hija Gloria, “mi madre destacó hasta el punto de convertirse en uno más de ellos. Nada más hay que tener en cuenta que fue la primera mujer que dio clases en su estudio a un grupo de chicas que luego, algunas de ellas, estudiarían Bellas Artes en la Universidad”.

Después de muchos años, estamos en 1984, Margarita Pertejo retoma la exigencia de exponer sus creaciones aunque nunca dejara de pintar durante ese tiempo. De esa etapa, son las muestras en la Galería Casanova, Espacio 36 y en la Diputación, todas ellas en Zamora capital así como otras exhibiciones colectivas en distintos lugares que venían a confirmar la vocación y el tesón de una mujer adelantada a su tiempo.

Precisamente hace poco más de un mes, al cumplirse el centenario de su nacimiento, el curso al aire libre “Pintando en Sejas”, dirigido por su hija Gloria G. Pertejo, le rindió su particular homenaje. Una distinción que hace justicia a una artista vocacional en una época en la que ser mujer y reivindicarse como creadora era nadar a contracorriente.

Una estampa local muy del estilo del trabajo de Margarita Pertejo Seseña.

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