La Crónica no huelga

© Fotografía de M. Marcos / La Crónica de León.

© Fotografía de M. Marcos / La Crónica de León.

Por LUIS GRAU LOBO

Primero fue la edición leonesa de El Mundo (ver http://fueradelugar.zonalibre.org/2012/03/ultima-hora.html). Y ahora la amenaza se cierne sobre La Crónica de León, el benjamín de la prensa leonesa en papel. Y ahora con tintes de mayor miseria e indignación, si cabe. No sólo no les pagan por su trabajo, sino que, además, los engañan, los chulean, los desprecian. Y por eso están en huelga, porque ya no podían más.

Ha sido siempre La Crónica, desde su cuarto de siglo largo, un periódico pequeño, como de ojearlo en casa o en la cantina del pueblo, sin las ínfulas ni los decanatos de otros, sin tesituras de quiero y no puedo. Hubo un tiempo en que recurrió a chocantes compañeros de cama: con El Mundo, una cabecera que sólo mejora en las distancias muy cortas, las locales; y ahora avecinado ora con la chica ligera de ropa del AS ora con la oxidada grapa del ABC. Como procurando una sombra tutelar, la mano de un adulto que lo llevara por el camino de vuelta. Pero no lo necesita. Con el paso del tiempo, y también gracias a la dedicación y resistencia de sus trabajadores, La Crónica ha llegado a ser un periódico sin pretensiones. Algo muy difícil y en absoluto negativo, al contrario. Dice lo que debe decirse y lo dice con sencillez. No suele usar mal estilo ni abusar de una prepotencia que no tiene ni sostiene. Informa, opina abriendo sus páginas a tal o cual firma, se ciñe a su trabajo. Nadie se pega por escribir o ser escrito en La Crónica, ni se suelen rendir a sus titulares pleitesías de monaguillo. Pero no por ello son menos.  En absoluto.

Uno halla en sus páginas pocos sobresaltos, porque hasta lo urgente es tratado con mesura y la vieja parsimonia reflexiva que suena a carca en los frenéticos foros de la red. Y, sobre todo, topa entre líneas con el rostro de gente amiga, algunos de veras, otros que a uno le gustaría lo fueran. E incluso algunos que no soportamos pero podemos leer sin repugnancia. Como debería ser en la prensa de una provincia como ésta. Allí trabaja Joaquín, un lujo para la cultura local, aparte de la crítica de cine que te arregla un fin de semana lluvioso. Fulgencio, patrón de la lucha leonesa y de esa llaneza rural casi extinta que todo lo desmonta con una frase ingenua: “el emperador va en pelotas, ¿no?”. Mauricio, que nos permite ver lo que sin él no veríamos.  David, desdoblado por una provincia tan ancha como pancha. Dani, director por accidente, y, tal vez por eso, quizás el mejor de ellos…

Quizás, como muchos dicen, esta grave situación esté anunciando en realidad el final de un tipo de prensa. Una prensa demasiado vinculada a los chamizos de poder económico que drenan los esfínteres de la mezquina política local. Una prensa en la que muchas veces se prefiere el turiferario insidioso y chusco que miente a sabiendas antes que el profesional que intenta decir lo que sucede sin tomar partido indecoroso por el que manda y sin que ello genere esa especie de reality news que sí está descuartizando el periodismo. Una prensa en la que no se vean tanto los hilos del teatro de títeres en que quieren convertirla los señores del ladrillo y la subvención.

Quizás, como dicen algunos, La Crónica sea un periódico de pueblo. Sí. De ese pueblo en que uno querría vivir. Ánimo compañeros.

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  2. Alberto Domingo

    Me parece fundamental la continuidad de “La Crónica de León” en el panorama periodístico de la provincia. En primer lugar, por sus trabajadores, que le han echado dos huevos trabajando durante tiempo sin ver lo fundamental, la tela, y que han dado el paso de ponerse en huelga ante una situación de injusticia manifoesta. En segundo lugar, por los profesionales de los medios de comunicación en León -la competencia obliga al profesional a no dormirse y a las empresas a trata de ser mejores -aunque, en ocasiones, no se note-. Y, por último, pero no menos importante, por el público, que tiene en la pluralidad de medios no sólo la posibilidad de elegir, sino, también la de contrastar el tratameinto de las informaciones.
    Por eso me parece muy bien la defensa que el señor Grau hace de “La Crónica de León”. Pero le sobra el ataque, la referencia a “las ínfulas ni los decanatos de otros, sin tesituras de quiero y no puedo”. Prefiero pensar que a Grau se le ha escapadio algo que no quería escribir, porque otra cosa es que este señor se ha quedado a medias: en el ‘grau’, sin alcanzar el grado.

    Un saludo y suete, compañeros.
    Alberto Domingo

  3. Luis

    Querido Alberto, comprendo bien que no te haya gustado mi comentario, para algo es opinión y todos tenemos una; y, como la tuya, la mía. Otra cosa es que decidas lo que sobra y si me das el “grado” o no. Fíjate, de eso precisamente hablaba en la parte que no te ha gustado.
    Un afectuoso saludo en cualquier caso que a lo mejor da para charlar de ello en otro sitio,
    Luis

  4. UNO QUE TE CONOCE

    Se nota muy resentido al Sr. Grau, los grados no los dan los periódicos, ni las tribunas o columnas de predicador, los da la seriedad y la honradez. Lo malo de León es que nos conocemos todos.
    Y esto… de uno que te conoce.

  5. Bien, a mí me parece que el único resentido aquí es aquél que no da la cara y se ampara en el anonimato para lanzar piedritas como palabritas y esconder la mano, lo cual sí que resulta bastante poco serio y poco honrado, Sr. Uno Que Te Conoce.

  6. Hola Eloísa, no pensaba que contestaras a enmascarados… Y lo cierto es que tampoco creía que hubiera ofendido a nadie con mis palabras que, por lo que parece, han escocido más de lo que han ayudado, pese a que su intención inicial era sobre todo solidarizarse. Lo cierto es que las escribí en caliente más con “sentimiento” que con “resentimiento”, pero parece que hay quienes hacen lecturas que no están en ellas (con Alberto ya está en fase de aclaración, creo). No creo, en todo caso, haber ofendido a nadie, pues si tuviera algo que decir lo haría, sin calificativos gratuitos ni máscaras, claro está. En todo caso, no sé si dar las gracias o cuestionar al “que me conoce”, que sus palabras son casi tan confusas como su intención y origen. Siempre me ha parecido que esconderse así significa cosas que no merecen la pena, entre las que se cuentan la cobardía y la falsedad, en fin esas cosas tan allá del sentimiento y del resentimiento. Espero que “el que me conoce” no use o abuse de ellas y podamos interpretar de otra forma sus intenciones. Un saludo de buen rollito,
    Luis

  7. Ay, Luis, lo del sentimiento parece claro, y tu artículo ha llegado a más corazones de los que parece; así lo sentí yo también esta misma mañana, comentándolo con algunos periodistas de La Crónica. Y sí, no merece la pena contestar a enmascarados, porque su propio enmascaramiento es suficientemente significativo, pero me salió del alma.

  8. Ignacio Fernández

    Yo también conozco a Luis y por eso estoy con él y con su artículo. Y como también conozco a la gente de La Crónica también estoy con ellos. Al fin y al cabo conocer es saber dónde situarse. A partir de ahí lo demás es retórica o justificación. Salud.

  9. Pingback: ‘La Nueva Crónica’. O cómo León gana en pluralidad | Tam-Tam Press

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