Muere Lêdo Ivo, el poeta brasileño que fascinó a Mestre y a Pereira

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Por ELOÍSA OTERO

El gran poeta (y periodista) brasileño Lêdo Ivo (Maceió, 1924) falleció en Sevilla este domingo, 23 de diciembre, a los 88 años, tras sufrir un infarto. Según publica G1 – O Portal de Notícias da Globo, el poeta empezó a sentirse mal cuando comía en un restaurante y decidió regresar a su hotel, donde recibió atención médica. Pero falleció antes de poder ser trasladado a un hospital.

Lêdo Ivo se encontraba en la capital andaluza de vacaciones, acompañado por su hijo, el artista plástico Gonzçalo Ivo. Pensaba pasar la Navidad con algunos familiares en Madrid y tenía previsto regresar la próxima semana a Maceió (Brasil).

Curiosamente, Lêdo Ivo mantuvo estrechos lazos con algunos poetas leoneses, como Antonio Pereira, Juan Carlos Mestre y Antonio Gamoneda. Y en 2011 visitó León para recibir el Premio Leteo que concede un grupo de poetas leoneses encabezados por Rafael Saravia, como reconocimiento a su trabajo “coherente”, “comprometido” y en el que “trasforma su realidad en realidad poética”.

Así recordaba el fallecido Antonio Pereira cómo lo conoció, durante uno de sus viajes por el mundo: “En Brasil conocí a un poeta extraordinario, Lêdo Ivo, alguien me había dado su dirección en Río de Janeiro, me recibió muy bien, aunque un poco cauteloso. Pero nos vimos, hablamos, hicimos amistad y al final nos invitó a su hacienda en el Mato, a Úrsula y a mí, a una finca impresionante. Allí todo es inmenso, los árboles son altísimos, las hormigas tienen un dedo de largo… y me fastidió un poco, porque estuvimos de paseo, charlamos mucho, mucho, y al llevarnos a la habitación, nos dijo: bueno, ahí está el cuarto de baño, aquí tienen de todo, y en este armarito está el antídoto contra el veneno de las serpientes, que hay que dárselo rápido y avisar que venga un helicóptero…”.

Antonio y Úrsula se quedaron varios días con Lêdo Ivo, no vieron ninguna serpiente, pero de ahí salió un cuento, Los ojos luminosos, que se publicó en El País, al verano siguiente. “Hicimos una amistad grande. Y a quien le produce auténtico entusiasmo Lédo Ivo es a Juan Carlos Mestre. Cuando le enseñé sus versos se quedó absolutamente fascinado, y escribió ese poema titulado Cavalo Morto…”.

“Yo soy una invención de Juan Carlos Mestre”

“Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lêdo Ivo. Un poema de Lêdo Ivo es una luciérnaga que busca una moneda perdida”. Así comienza el poema perteneciente al libro ‘La casa roja’ (Calambur) con el que Juan Carlos Mestre obtuvo en 2009 el Premio Nacional de Literatura. El poema continúa, un poco más adelante: “Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lêdo Ivo. Lêdo Ivo es un hombre viejo que vive en Brasil y que sale en las antologías con cara de loco…”

Mestre fue el gran descubridor del poeta brasileño para el público español y junto a Guadalupe Grande es autor de la traducción de sus versos en una fantástica antología: ‘La aldea de sal’ (Calambur). “Yo soy una invención de Juan Carlos Mestre. Y es maravilloso, porque los poetas necesitan que alguien los invente para ser ellos mismos”, señaló Ido, en 2011, en una entrevista realizada en compañía del poeta de Villafranca del Bierzo.

Y así contaba Mestre, en esa misma entrevista, cómo descubrió al gran autor brasileño: “Un día le escuché a Antonio Pereira hablar de Lêdo Ivo y lo que leí me recordó que Gamoneda, otro maestro, dice que la belleza no es un lugar al que van a parar los cobardes. Ahí nació en mí la idea de la belleza vinculada a la justicia. La poesía es el lenguaje de la delicadeza humana. Propone una delicada pero pertinaz resistencia al discurso único”.

El “poeta municipal” descendiente de una tribu antropófaga

Ivo defendió siempre un modelo de poesía comprometido con el individuo y la sociedad. Y, aunque algún crítico se refirió a él como “el poeta indignado”, él prefería calificarse como “poeta municipal”.

Dotado de un gran sentido del humor, cuando un periodista le preguntó por su parte de indígena, respondió así: “Los Ivo llegaron a Brasil en el siglo XVII, pero otros de mis antepasados vienen de la tribu caeté: indios antropófagos que se comieron al primer obispo de Brasil, Fernandez Sardinha. Algún bromista dijo que su destino iba en el apellido”.

Hace un año, durante su visita a León para recoger el Premio Leteo, insistió en el hecho de que “la poesía es un arte, una expresión y afirmación de la capacidad artística del hombre”, y, desde su punto de vista, “una experiencia personal” que busca transmitir “por medio del lenguaje”. Así, subrayó que tanto la poesía como la literatura no son sólo “una creación, sino una especie de memoria del mundo” y que, “si no existiese”, “el hombre no sabría nada de sí mismo”.

Como escritor comprometido, en León habló también sobre el movimiento de los indignados, al que calificó de “muy importante” por reflejar “la inconformidad de los jóvenes ante un escenario económico inquietante”. En este sentido, señaló que cuando él era joven sentía que tenía frente a él “un futuro” y que su generación “esperaba realizarse y conquistar su lugar en el mundo”, mientras que ahora “los jóvenes salen de la universidad sin empleo y sin futuro”. “El mundo ha cambiado y de ahí su indignación, el reclamo de un lugar en la vida y de su derecho de vivir”, concluyó.

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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