Manu Brabo: “El empresario de los media en España es cutre”

Un hombre llora mientras sostiene el cuerpo de su hijo, asesinado por el ejército sirio, en Aleppo. Esta es una de las fotografías galardonadas este año con el premio Pulitzer. / AP PHOTO. MANU BRABO

Un hombre llora mientras sostiene el cuerpo de su hijo, asesinado por el ejército sirio, en Aleppo. (Una de las fotografías galardonadas este año con el Pulitzer). / AP PHOTO. MANU BRABO

 • “La generación de periodistas, fotógrafos y cámaras a la que pertenezco y que estábamos en Siria nos hemos hecho mayores de edad allí”

• “Tal y como funcionan las empresas periodísticas en este país, al final somos los freelance los que acabamos por cubrir la información internacional, sobre todo de guerras o zonas de conflicto”

• “Si el ABC, por ejemplo, te paga 38 euros por cubrirle una historia, y son precios de aquí de España, ¿cuánto te va a pagar por algo en Siria? ¿Cincuenta euros?”

• “Los medios extranjeros donde nos publican fotografías no tienen esa presión del tiempo, que sí existe aquí en España, porque el fundamento de esa prensa es el análisis”

Por VIKI COSTAS

Hace unos cuantos meses, y gracias a la inmediatez que permite el programa Skype, entrevisté a Manu Brabo para incluirlo en un reportaje, que ha tomado otros derroteros, sobre freelance españoles. La conexión Vigo-Turquía funcionó bien, sin interrupciones ni cortes telefónicos pero estos días, escuchando la entrevista de más de una hora, se borró accidentalmente gran parte y bien que lo siento. Esto es lo que he podido salvar, gracias a las notas y a lo ya reproducido.

Manu Brabo.

Manu Brabo.

Manu Brabo nació en Zaragoza en 1981 pero vive en Gijón desde niño, y de Asturias se considera. De allí también es Javier Bauluz el único periodista español que también ha obtenido el mismo galardón. La foto de un padre con su hijo muerto en brazos ha sido una de las merecedoras de este trabajo.

Para su desgracia, se hizo conocido en 2011 a raíz de su secuestro en Libia durante 44 días, pero ése no ha sido el único lugar en el que se ha jugado la vida. Honduras, Haití, Bolivia, Egipto y, su más reciente trabajo en Siria, cuyas fotografías dieron la vuelta al mundo y aparecieron en las primeras páginas del New York Times, Washington Post o Die Welt, entre otros. No en vano, el premio Pulitzer de fotografía que cada año otorga la Universidad de Columbia se le ha concedido por “su convincente cobertura de la guerra civil en Siria produciendo imágenes memorables en extremo peligro”, que comparte con sus compañeros fotoperiodistas de la agencia Associated Press: Rodrigo Abd, Narciso Contreras, Khalil Hamra y Muhammed Muheisen.

Su trabajo, como el de otros muchos freelance de este país, se publica con más asiduidad y garantía en rotativos no españoles, lo que no le ha impedido que sus fotografías hayan aparecido en cabeceras nacionales como El País o El Mundo, por citar alguno. Hace pocos días se presentó en Madrid el libro “Siria, más allá de Bab-Al-Salam” —firmado conjuntamente con Ethel Bonet, Sergi Cabeza, Maysun, Antonio Pampliega y Alberto Prieto— que narra en boca de las víctimas la crudeza de esta guerra civil bautizada eufemísticamente como conflicto.

Hace unos meses le entrevisté, además de a otros compañeros suyos, para un reportaje que cambió de signo. El azar quiso que gran parte de la grabación se borrase por accidente. Más de una hora de conversación telefónica se perdió y sólo se salvaron algunos retazos recogidos en anotaciones ininteligibles en una libreta. Pese a todo, de esto fue de lo que hablamos y éste era el espíritu:

—He leído declaraciones tuyas comparando Siria con Sarajevo, diciendo que este trabajo os ha hecho mayores profesionalmente, que pretendías denunciar el sinsentido de lo que está ocurriendo, abrir los ojos al mundo. Me parece que las fotos, los reportajes sí que han tocado a mucha gente que está atenta a vuestro trabajo.

—El paralelismo de Siria con Sarajevo tiene que ver por conversaciones y mails que me intercambié con Gervasio Sánchez. Recuerda a Sarajevo la presencia de francotiradores, por la masacre de la población civil, por la crueldad de lo vivido. En ese sentido, desde el punto de vista humano y periodístico establecíamos una comparación y decíamos que esta generación de periodistas, fotógrafos y cámaras a la que pertenezco y que estábamos en Siria nos habíamos hecho mayores de edad allí. Que esa guerra nos había marcado profundamente. De ahí venía un poco la comparación, de que hay elementos que estaban en una y otra guerra. En otros aspectos, Siria y Sarajevo no son comparables.

—¿Crees que se paga un precio por ejercer de freelance, por no respetar las normas, quedarse cuando se ordena a los periodistas irse, empotrarse para permanecer en un lugar del que se da la orden de salir corriendo?

—Realmente, y desde mi punto de vista, es mejor ser freelance. De una parte, porque tú eliges dónde quieres estar, dado que las agencias de noticias, por culpa de los seguros, ya no arriesgan como sí lo hacían antes. Cada uno de los corresponsales tiene lo que se denomina un security advisor que valora la seguridad que existe en cada lugar y al final es un señor sentado en un despacho y alejado del campo de trabajo el qué decide qué se cubre y qué no; dónde se está y de dónde hay que irse. Sin embargo, como freelance tú decides dónde y cuánto tiempo estar. Y allí, sobre el terreno, en contacto con la gente, quedándote a vivir con ellos, acabas por ser partícipe y espectador de sus vidas, por conseguir buenas historias. Quedándote a vivir un tiempo corto porque yo, personalmente, no hago estancias de más de diez días, más que nada porque creo que si se está más, uno acaba por cansarse, por no estar tan centrado, y en estos trabajos es muy importante.

—¿Y qué os parece que se os valore y se os publique más y mejor fuera de España que en este país?

—Pues, tal y como funcionan las empresas periodísticas en este país, al final somos los freelance los que acabamos por cubrir la información internacional, sobre todo de guerras o zonas de conflicto. Y no me extraña porque si el ABC, por ejemplo, te paga 38 euros por cubrirle una historia, y son precios de aquí de España, ¿cuánto te va a pagar por algo en Siria? ¿Cincuenta euros? Pues no te merece la pena. Esto no ocurre en los medios de comunicación de fuera de España, que están apostando por una forma diferente de hacer información y, al final, compiten muy bien con los medios digitales y no les va mal, como aquí, porque para hablar de lo que pasa en Siria por encima sin pararse a analizar, a detallar, a contar sobre el terreno lo que pasa, pues para eso ya tengo el 20 minutos que, además, es gratis. Los medios extranjeros donde nos publican fotografías, a los que vendemos imágenes o reportajes no tienen además esa presión del tiempo, que sí existe aquí en España, porque el fundamento de esa prensa es el análisis, hablar de las causas, de las consecuencias, no es narrar simplemente lo que está pasando, lo que acaba de pasar, no es lo inmediato, lo de mándame algo y mándamelo ya, porque resulta que para determinados medios como la prensa escrita, pues eso en unas horas es algo caduco. Por eso jugar esa baza ya no sirve y por eso ese estilo de hacer periodismo hace aguas y no va a ningún lado. Esto es un problema del empresariado español, del que yo personalmente tengo un pésimo concepto. Es, ¿como definirlo? Cutre es la palabra. Tienen ese problema de cutrez y eso lleva a que no estén sabiendo competir adecuadamente con los medios digitales, basados en la inmediatez.

—Háblanos de los turistas “incidentales”. De la gente que va a la guerra con su equipo de fotos, su cámara, a vivir una aventura personal y que, muchas veces, acaban jugandose la vida, me parece alucinante.

—Pues es un fenómeno que va en aumento. Los ves cada vez mejor equipados, con unas tremendas cámaras, y que a veces incluso pisan el trabajo de los profesionales porque se dedican a ofrecer gratis el material que consiguen, o a publicarlo en Facebook o en Twitter, con un enfoque del “yo estuve allí” que no tiene puta gracia. Y tantas veces, como no saben dónde están ni dónde se meten, pues acaban por resultar heridos o, peor aún, les matan. Yo lo que pienso y se lo digo si tengo oportunidad es: “esto no es un juego, aquí muere gente todos los días, esto es una guerra”.

Saltamos de un tema a otro y acabamos por hablar de lo que pasó en España con el movimiento denominado “15 M”. Le transmito mi desconfianza personal porque nunca me acabaron de convencer, aún reconociendo que fue mejor que existiesen. No sé qué es, le digo, no sé si es la falta de discurso que yo les achaco.

—A día de hoy, mucha gente se pregunta que tiene que pasar aquí para que salgamos a la calle a montarla de verdad. Te lo pregunto por algo que comentaste sobre que no se podía comparar lo ocurrido en el Magreb con lo sucedido en España, a pesar de que unos pudiesen haber contribuido a detonar la toma de las plazas y la protesta pacífica.

—¿Qué tiene que pasar para que la gente se harte? Pues no lo sé. Yo al principio sí que estuve muy conectado con el 15 M y creo que fue algo bueno, con todos sus defectos, que los tiene, pero luego me decepcionó. Ahora, con el tiempo, me he vuelto más crítico, lo veo con más distancia. Me parece que el problema de los jóvenes es que pertenecemos a una generación habituada a que se lo den todo hecho, a pelearse poco las cosas. Quizá eso tenga mucho que ver con la falta de reacción ante lo que pasa. Pero no es un problema sólo de los jóvenes. Quizá haya una falta de implicación, de unión de todos contra la que se nos viene encima.

—Personalmente, yo soy un poco más “heavy metal”. Creo que habría que liarla y gorda, estilo minería o sector metal aquí en Vigo. Me da miedo la violencia desatada pero creo que es la única manera de que los de arriba tiemblen y sientan que se les mueve el suelo bajo sus pies. A veces tiene una la sensación de que sólo nos queda eso. Y cada vez lo piensa más gente.

—Bueno… (Risas)… A veces se piensa, sí.

… Hablamos “off the record” y con libertad de la solución que le vemos a la crisis; a lo que habría que hacer, de quiénes están pagando y quiénes se benefician de lo que está sucediendo. Impublicable. El hartazgo y el cansancio después de este largo túnel de más de cuatro años tiene algo que ver. La falta de perspectiva, el negro futuro, la indignación que nos provocan ciertas medidas (“Algunos llevamos indignados muchos años, no es de ahora” dice alguien que conozco) pues también contribuye lo suyo. Comprobar en qué se está convirtiendo el país que aún habitamos también.

A pesar de la ceguera de la mayor parte de los medios españoles que no contratan a fotógrafos como Manu Brabo u otros periodistas que obtienen premios por sus documentales, o son reconocidos  por su trabajo en medios extranjeros, las redes sociales nos permiten tener acceso a ellos; saber qué están publicando. A veces, es la única manera. Se habla mucho de los científicos que se van a otros países y poco de las investigaciones que emprende gente como ésta, que no suelen aparecer publicadas en nuestros medios de comunicación. En una de tantas redes sociales, Manu Brabo agradecía las felicitaciones ante el premio recordando al periodista estadounidense James Foley, secuestrado en Siria desde el pasado mes de noviembre. 

Blog de Manu Brabo:

Sus páginas web:

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  1. Pingback: La parte más humana de Siria | Tam-Tam Press

  2. Halim

    Manu brabo recibió un premio por su docilidad y servicio en la guerra de Siria, continuando el trabajo mediático de Libia. Que un fotógrafo le venda material a un bando , en este caso el de la OTAN, y que se le premie por ello , no merece sino el repudio más absoluto. No fue neutral, y fue un gran apoyo para la operación de marketing de los terroristas mal llamados “rebeldes”

  3. Halim, no sé quién eres, y por lo tanto desconozco qué credibilidad puede tener tu mirada, así que permíteme que la cuestione. Manu Bravo es un periodista freelance e independiente, que sobrevive y se juega la vida haciendo su trabajo, que consiste en contar con su cámara lo que pasa en el mundo.
    Está claro que hay dos bandos en la guerra de Siria, si no más. Lo que no parece tan claro es que los “terroristas” sean “los mal llamados rebeldes”. Además, tus significativas palabras lo que dan a entender es que tú sí que estás del lado del otro bando… y eso es decir mucho.

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