Pampliega: “Si no puedes transmitir el horror no eres un buen periodista”

Antonio Pampliega.

Antonio Pampliega.

• “Una buena historia bien vale quedarse en un país aunque no sea noticia de portada”

• “No somos objetivos porque trabajamos para empresas que tienen intereses económicos, que cotizan en bolsa… ¿Dónde está la objetividad? En el periodismo existe la honestidad…”

• “Llevo cinco años cubriendo zonas de conflicto y nunca había visto nada como lo que está ocurriendo en Siria. Horror, masacre, carnicería…”

• “En tus crónicas plasmas tus sentimientos y tus vivencias para que la gente que lo lee pueda viajar contigo hasta el hospital Dar Al Shifa, y si no eres capaz de transmitir ese horror… no eres un buen periodista”

• “Animaría a todos los jóvenes periodistas a que cojan la maleta y se marchen de España y no miren atrás; no hace falta que cubran guerras”

• “Aquí el futuro del periodismo pasa por unos jefes ineptos a los que solo les importa el negocio y no la calidad del periodismo”

Por VIKI COSTAS

Antonio Pampliega, Manu Brabo, Unai y otros muchos periodistas que son, como mínimo, diez años más jóvenes que yo forman parte de una generación de profesionales a los que admiro. Han optado por vivir al margen de la maquinaria de los mass media en España y convertirse en freelance, liarse la manta a la cabeza y, como hizo Pampliega, pedir un crédito para irse a la guerra y contarlo en una carta (publicada en el diario El País) que se ha convertido ya en un clásico y ejemplo. Ahora ha conseguido publicar sus reportajes en las cabeceras más importantes de Europa o USA, pero en tiempos se le acusó de llorón. En fin, ésta no es una profesión donde haya mucha unión y cualquier cosa que digas o escribas puede ser utilizada en tu contra.

PORTADA_siria_mas_alla_de_bab_al_salamHace tan sólo unos días se presentaba en Madrid el libro ‘Siria, más allá de Bab al-Salam’, de autoría conjunta de los fotógrafos y periodistas Antonio Pampliega, Manu Brabo, Maysun Aleina, Ethel Bonet, Sergi Cabeza y Alberto Prieto. Un proyecto que se creó para poner cara y nombres a una guerra civil que no deja de cobrarse vidas cada día que pasa. Uno de sus autores, Antonio Pampliega nos habla de Siria y de lo vivido a lo largo de su trayectoria cubriendo conflictos y guerras en distintos países.

—La primera notícia que tuve de tu existencia fue a través de un muro del Facebook donde se copiaba íntegramente un post de tu muro en el que decías estar harto y que ibas a dejarlo. Luego leí tu carta, tus años de becario, el crédito, conocí tu trabajo y te leí. Me alegro de que no lo hayas dejado. ¿Y tú? ¿Nunca te preguntas qué habría sido de ti si te hubiesen hecho un contrato en condiciones? ¿Estarías haciendo lo mismo?

—Pues estaría amargado en alguna redacción soportando los gritos de algún jefe inútil que ha llegado a jefe por ser un sumiso con la dirección del medio de comunicación. Sería como esos compañeros de profesión que cobran 1.000 euros por hacer muchísimas horas y sin ver compensada su profesionalidad, esfuerzo y entrega. Sería uno más de los que quieren tirar la toalla pero no lo hacen porque sino no tienen a dónde ir; no por falta de ganas.
No creo que estuviese haciendo lo mismo, porque los medios españoles han recortado en viajes internacionales y prefieren copiar y pegar de agencia o ‘comprar’ (por calificar de algún modo lo que hacen) crónicas a algún freelance que está sobre el terreno jugándose la vida por tratar de colocar su trabajo.

—¿Sigues en Siria? Sé que te quedaste en Haití mucho después del Terremoto, que permaneciste en Afganistán mucho tiempo después de que dejase de ser noticia. ¿No revienta la rapidez con la que una guerra deja de ser noticia? ¿La cantidad de cosas que no interesa contar, publicar?

—Bueno… vivimos en un mundo donde la inmediatez es lo que determina la noticia, eso no significa que deje de haber noticia. Pero tenemos que tratar de encontrarla y poder colocarla en un medio de comunicación; y esto es lo verdaderamente complicado. Pero una buena historia bien vale quedarse en un país aunque no sea noticia de portada. Al final, con mucho más esfuerzo, eso sí, tu historia acabará publicada en algún medio de comunicación.
Las guerras o las catástrofes duran hasta que aparece una nueva que es capaz de engullir la anterior… y así sucesivamente.

—¿Te verías renunciando a tu vida actual y trabajando para un medio importante interpretando la realidad entre cuatro paredes?

—No… Lo que hago ahora es lo que quiero hacer, lo que sé hacer y no estoy dispuesto a renunciar a ese status (por muy complicado que sea) por quedarme encerrado entre cuatro paredes copiando teletipos de agencia. El periodismo se hace en la calle. Buscando historias, hablando con la gente y viendo el mundo con tus propios ojos, no a través de la mirada de nadie. No sirvo para quedarme en una redacción por muy bien que me pagasen. Tengo la suerte de no tener cargas familiares ni nada que me ate… Si estuviese en una situación diferente quizás te diría otra cosa.

—Las guerras necesariamente implican posicionamiento. ¿No crees que lo de quedarse al margen es imposible? Como mínimo, habrá que apostar por la población civil.

—La objetividad en el periodismo es una falacia y quien te diga lo contrario miente. No somos objetivos porque trabajamos para empresas que tienen intereses económicos, que cotizan en bolsa… ¿Dónde está la objetividad? En el periodismo existe la honestidad para contar lo que está sucediendo; y está sucediendo porque lo estás viendo con tus propios ojos.
Los periodistas debemos posicionarnos siempre en el lado de los más débiles y esos son los civiles… Y debe ser siempre así. Vivimos en una época donde el periodismo se ha convertido en la voz del amo y aturde a los ciudadanos con informaciones sesgadas… Pero eso no es información, sino propaganda. Somos periodistas no los voceros de nadie.

¿Cómo te gustaría que fuese el periodismo del futuro? ¿Cómo crees que va a ser en realidad?

—Me gustaría que se nos tratara dignamente. Que nadie se sorprendiese porque le contestan a un mail o porque están dispuestos a pagar por tu trabajo. Me gustaría que los que sobran dejasen paso a los que valen y a los que aman el periodismo. Me gustaría que los compañeros cubriesen guerras con seguros de vida porque se lo pueden permitir… ¿y la realidad? No creo que sea mucho peor que el momento actual en el que vivimos donde la información y la calidad no importan y donde lo que priman son los números.

—¿Qué pasó en Siria que os afectó tanto a ti, a Manu Brabo?

—Llevo cinco años cubriendo zonas de conflicto y nunca había visto nada como lo que está ocurriendo en Siria. He estado en muchos frentes, he visto muchos combates, pero lo que mis ojos han visto en Alepo (por focalizarlo un poco más) se queda sin calificativos. Horror, masacre, carnicería… son los adjetivos que más se ajustan a lo que vivimos en Alepo durante el mes de octubre pasado.
Nos afecta y nos duele porque antes que periodistas somos personas y no entra en ningún tipo de lógica que haya un niño de 10 años con las dos piernas destrozadas porque el avión de Al Asad haya disparado contra un refugio lleno de mujeres y niños. Nos afecta porque mirar a un niño de 5 años con un balazo en el pecho –por donde se le sale el colon– es inconcebible. Nos afecta porque el horror tiene que afectar de alguna forma. Quién no haya llorado con imágenes como estás no será nunca un gran profesional porque en tus crónicas plasmas tus sentimientos y tus vivencias para que la gente que lo lee pueda viajar contigo hasta el hospital Dar Al Shifa, y si no eres capaz de transmitir ese horror… no eres un buen periodista.
En Alepo nos hemos hecho mayores y hemos comprobado que somos una generación con grandes miras y esperemos que nos dejen seguir haciendo nuestro trabajo que no es otra cosa que contar historias.

—Me parece que necesariamente estar en lugares como los que tú has pisado tiene que cambiar muchas percepciones. Es decir, volver al llamado mundo civilizado y ver cómo vivimos, escuchar nuestras quejas refinadas primermundistas… ¿no te subleva a veces?

—Hay cosas que llaman la atención como pitar en un semáforo o enfadarse porque la cajera de un supermercado está tardando demasiado. Cuando vienes de una zona de conflicto y te enfrentas con lo que nosotros llamamos mundo civilizado te das cuenta de que hay cosas que no merecen la pena. Pero no puedo pedir a todo el mundo que vea la vida con mis ojos y que dé importancia a las mismas cosas que yo. Es absurdo porque para eso tendrían que viajar a los mismos lugares que yo.
Cada lugar del mundo es diferente y debes adaptarte lo más rápidamente posible porque si no estás perdido. Ya sea en Afganistán, España o Kenia.

—Tengo la impresión de que vivir guerras de alguna forma humaniza, también te curte, supongo. ¿Cómo se lleva ver tanto sufrimiento? Supongo que no cualquiera vale para ésto. Es decir, no cualquier estructura psicológica lo soportaría.

—Si la guerra me ha enseñado una lección, esa es que la vida es efímera… Y trato de vivirla a tope, siempre. Disfrutarla porque cualquier momento puede ser el último y no merece estar a malas con el mundo. La guerra cambia la vida, eso es inevitable, ves cosas que el 90% de la humanidad no verá en toda su vida y eso te afecta, claro que sí…
No todos valen para hacer guerra, por supuesto que no. Lo más importante, al final, es tener una cabeza bien amueblada y en su sitio. La cabeza es lo más importante en una guerra. ¿El sufrimiento, el dolor, la sangre…? Al final te acabas adaptando a todo esto –no quiere decir que no te afecte– pero llega un momento en el que la muerte no te afecta de la misma forma que al principio o ver a gente destrozada por fuego de artillería se acaba convirtiendo en una rutina….

—¿Animarías a los jóvenes periodistas a hacer lo que tú? ¿Liarte la manta a la cabeza y largarte con veintipocos años a cubrir guerras; zonas en conflicto? ¿Qué les dirías que te hubiera gustado que alguien te hubiese dicho a ti?

—Animaría a todos los jóvenes periodistas a que cojan la maleta y se marchen de España y no miren atrás; no hace falta que cubran guerras. Pero que se vayan y vuelvan solo de vacaciones, aquí el futuro del periodismo pasa por unos jefes ineptos a los que solo les importa el negocio y no la calidad del periodismo.
Yo eché en falta apoyo, ayuda e información por parte de los compañeros que ya estaban dentro de la profesión; por eso yo siempre trato de echar una mano a los jóvenes que empiezan en esto. Creo que debe ser así… Aunque por desgracia los medios nos están obligando a ser malos compañeros entre nosotros y a ponernos trabas.

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