Disfrutar zarandeándome

 

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El histórico actor de Teatro Corsario, Javier Semprún, participa en el nuevo montaje de La Zaranda, ‘El régimen del pienso’. En este artículo pasa revista a su experiencia con una de las compañías más singulares del panorama teatral español. Reconoce que sudó tinta para acoplarse a los métodos de la escuela actoral jerezana, pero califica los ensayos y la convivencia con los nuevos compañeros como fascinantes.

Por JAVIER SEMPRÚN

La Zaranda y Corsario son dos compañías que podríamos calificar como restos vivientes del antiguo teatro independiente de los años 70, del pasado siglo. Dos compañías veteranas que hemos permanecido con el mismo equipo base de profesionales.

Una y otra hemos tenido una relación muy especial y cuando han necesitado un actor para completar el montaje de El régimen del pienso –un texto que combina la vida cruzada del cerdo y el hombre– entra en la lógica que acudieran a Corsario.

Estaba yo en casa un domingo del pasado mes de abril cuando me llegó un mensaje de Eusebio por un chat de Facebook en el que me indicaba que estaba escribiendo un texto para 4 personajes y que había pensado que yo podía encajar en uno de los protagonistas.

En ese momento yo estaba libre, no había entrado en el reparto de El médico de su honra, y me encontraba en proceso de creación con la dramaturgia de Mundi novo, un texto inédito de Calderón. No dudé un instante en aceptar la propuesta, primero porque conocía gran parte de su repertorio y segundo porque creía que podía encajar con su manera de afrontar las situaciones.

Tuvimos un par de reuniones en Madrid y me citaron para la primera semana de julio en Jerez. En ese momento comenzó esta aventura especial. Estuve ensayando cuatro meses, de julio a octubre, y finalmente estrenamos en el Festival Temporada Alta de Girona/Salt con excelentes sensaciones, ya que tanto el público como la crítica aplaudieron el espectáculo.

Para mí, ha sido una experiencia fascinante, sobre todo, porque es una manera de encarar los montajes muy diferente a los nuestros de clásico. La Zaranda es una compañía bastante poco convencional en casi todos los aspectos. Lo que vemos en el escenario en sus representaciones es el resultado de un trabajo duro, intenso y exhaustivo tanto con los actores y objetos escénicos como con el texto y con la fidelidad a una estética propia.

Ellos hacen mucho hincapié en la verdad esencial de la interpretación y, ojo, en la interpretación de los silencios. Para Eusebio, las obras teatrales son un teatro vacío que cobra vida con los personajes, no con los actores. Se trabaja partiendo de muy pocas claves. Él te da un día un folio, al día siguiente otro, y a partir de juegos de improvisación va surgiendo el personaje sin tener que usar el texto necesariamente.

Todo es chocante en el mundo de La Zaranda. La nave donde ensayamos, en medio de un polígono industrial, es una especie de templo teatral, lleno de muñecas, caballitos, esqueletos, carteles de la compañía, objetos de todo tipo, un confesionario… Da la impresión de que entras en una iglesia sin apenas luz, en un ambiente íntimo.

En un principio, mi temor era no encajar en la filosofía de sus métodos, desconfiaba que se notara mucho la diferencia de estilos, y el problema añadido entre mi dicción del castellano y su deje gaditano, la intensidad, la interpretación… Sentía hasta angustia, una especie de shock como actor, con tantos años de bregar con el verso. Pero, finalmente, puedo decir que he sufrido mucho, pero también he gozado mucho porque he disfrutado de su manera de trabajar. Ha sido un placer el reto que asumí el día que decidí aceptar su órdago y, sobre todo, cuando comprendí que me veía con fuerzas en las mismas condiciones que ellos. Me va el esperpento como marca de la casa y coincido con sus metáforas que invitan a una reflexión sobre los temas universales de la sociedad.

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  1. Fernando Cayo

    Dos de mis favoritos juntos… esto no nos lo podemos perder!!! Viva el esperpento!!!!

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