Norberto, el buen compañero

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El fotógrafo Norberto Cabezas Quintanilla (León, 1961) falleció el miércoles, 5 de junio, después de una larga enfermedad. Vinculado al Diario de León desde 1986 es, sin duda, uno de los más ilustres, honestos y valientes fotoperiodistas que ha dado la provincia leonesa. Desde TAM TAM PRESS recordamos con especial afecto y respeto a este buen compañero, con el que muchos tuvimos el privilegio de cruzarnos tantas veces en el camino.

(Fotografía de Norberto, tomada en los últimos cinco años, mientras nuestros hijos entraban en clase)
Recuerdo, año tras año, su esperada foto del comienzo del curso escolar. El ingenio de mostrar la cosa despojándola de su obviedad.
Miraba como miran los fotógrafos de verdad: procurando no ser visto, al bies, tomando distancia desde el fondo de la escena. Ayudaban las gafas oscuras, el humo del purito. Sabía coger el sitio sin quitárselo a nadie: tantas ruedas de prensa, tantos eventos, tanta puesta en escena absurda de la que tienes que llevar una imagen cabal.
El peso de la bolsa había esculpido su cuerpo, parecía llevarla incluso cuando iba de vacío. La postura de esperar con el arma al hombro, el saludo sobrio, el silencio propio en medio del bullicioso patio. Tenía en la actitud, creí ver, algo como de cazador de almas, de rastreador indio… Que el camino te sea leve.— Víctor M. Díez

El cuchillo hecho a mano
Fuiste difícil al principio, esa es la verdad. No puedo negarlo siquiera ante las circunstancias. Costó entrarte. Había que ganarte. Pero luego te revelaste cercano.
Te podría recordar serio, con tus gafas de sol, los brazos cruzados sosteniendo la cámara, esperando, distante, una sonrisa como saludo a los compañeros antes de empezar a hablar. Pero ¿sabes? Hay algo que siempre me acompaña. Pocos sabrán la historia del cuchillo. Fue una de las cosas más curiosas que jamás alguien me haya pedido. “Andrés, quiero que me traigas de Dinamarca un cuchillo hecho a mano”. Un cuchillo hecho a mano…
Recuerdo que lo querías para cuando salieses al campo. Para cortar el choricín, el pan. Era pequeño y bonito. Lo elegiste de entre tres por una foto mala y movida, y la única excusa que tengo para la foto es que yo aún estaba estudiando.
Ese recuerdo me ha acompañado siempre, y allá donde paro miro y pregunto en los mercados por cuchillos artesanales. No es fácil encontrarlos. ¿Sabes? Y menos uno bonito. En Jalapa, Guatemala, hacían fundas de cuero labrado para los machetes, pero éstos eran industriales y de importación. En La Boca, Buenos Aires, encontré un artesano que hacía cuchillos de caza. Nunca te lo conté. Aquel día no llevaba suficiente encima y pensé que el próximo día que volviese compraría uno. Nunca volví. Fue como una de esas fotos que dejas pasar y nunca vuelves a hacer.
Así que, como ya es costumbre, en el próximo viaje volveré a detenerme cuando vea cuchillos, y me fijaré para ver si alguno está hecho a mano, y si lo encuentro pensaré, seguro que a Norberto le hubiese gustado. Pero esta vez me lo tendré que comprar para mí. — Andrés Martínez Casares

Estrechando tu mano, de nuevo
No conocía mucho a Norberto, pero me caía bien, muy bien. Era uno de esos tipos de pocas y aceradas palabras, de los que hablan con los hechos, y, en su caso, con la cámara de fotos, que manejaba como una espada y como un bisturí. Cuando coincidíamos en algún acto público con prensa, de esos que me temo ambos odiábamos, intercambiábamos alguna mirada de fastidio y complicidad y, a menudo, nos estrechábamos la mano discretamente entre los trajes de corbata y los empellones de los que sí querían aparecer en sus fotos y las de sus colegas. Parecía decirme: es por obligación, que si no…
Bien, Norberto, pues esto no es por obligación. Aquí sí quiero estar, a tu lado, con tus amigos y quienes te apreciaron. Estrechando tu mano, de nuevo.— Luis Grau Lobo

Valiente hasta la temeridad
Norberto es en mi memoria, porque me niego a conjugar algunos verbos en pasado cuando sus sujetos son gente querida… Es como la tempestad. Una energía desatada, pletórica de vida, sobrecogedora, valiente y purificadora.
No somos amigos en la formalidad del trato, ni yo comparto sus confidencias ni cuitas, pero, sin embargo, sé que entre ambos existe una corriente alegre de simpatía y admiración. De él he recibido algunas de las mejores palabras dichas en el momento preciso y capaces de hacerme sentir fuerte para avanzar en los espinosos caminos de esta maldita y apasionada profesión. ‘Tú si que le echas huevos al periodismo’… me dijo un día cuando lo necesitaba, aunque él no lo supiera. Que alguien tan lanzado a la vida, y quizá por eso se le ha hecho corta, valiente hasta la temeridad te reconozca como uno de lo suyos es un inmenso halago. Te sonrío Norberto hoy y siempre. — Ángela Domínguez

Un obrero de la cámara… y del tractorín
Se nos están yendo las referencias, se lamentaba Ana Gaitero con la mirada fija en la sala 10 del Tanatorio de León. Es verdad, se nos están yendo las referencias y Norberto era una muy importante para navegar en esta profesión. Para mí fue un referente en la construcción laboriosa y de abajo a arriba de su impecable carrera profesional. Norberto era un obrero de la cámara… y del tractorín.
En mis años en el gabinete de prensa del Ayuntamiento de León, ver entrar por la puerta del despacho a Norberto era un soplo de aire fresco entre tanta moqueta, porque aquel lugar, desde luego, no estaba hecho para ninguno de los dos. Entraba jurando en arameo y preguntando dónde “cojones” estaba el de la rueda de prensa porque “me cagüen dios” tenía prisa por salir de allí. Yo le miraba, nos reíamos (porque la pose de duro se resquebrajaba con una mirada de complicidad, en el fondo había un chavalón noblote como él solo) y para hacer tiempo a que en las ‘cocinas de arriba’ acabaran de parir el discurso, nos poníamos a hablar de nuestras huertas: que si iba a probar con una nueva variedad de tomate, que si a mí la helada de mayo me había ‘engachao’ alguna lechuga, que si ya no podía esperar más para poner las patatas… En medio de tanta corbata y de tanto discurso hueco, Norberto dejaba impregnado en las moquetas de la Casa Consistorial de León el olor de la calle.
He sentido la punzada de su muerte. La última vez ya lo vi en Astorga en alguno de los actos del Bicentenario, estaba muy cansado y sin ganas de hablar de la huerta. Nunca sospeché que sería la última vez que iba a hablar con él…, ahora lamento no haberle dado un abrazo enorme, de obrero a obrero, sin recovecos ni paripés. Buen viaje maestro.— María Antonia Reinares Alonso

La sonrisa
—Estoy muy enfadado contigo.
Eso me dijo, así de sopetón y muy serio, la última vez que nos encontramos en la Plaza de las Palomas.
—¿Pero por qué?
—El otro día nos cruzamos y ni me saludaste…
—Pero bueno, ¡si no veo un burro a tres pasos, Norberto! sería que no te vi y tú tampoco ni mu, le contesté al que todo lo ve mientras en sus labios se iba dibujando una enorme y acogedora sonrisa.
Me quedo con esa sonrisa, compañero, y con las que nos regaló Ana durante tu despedida.— Eloísa Otero

Los marrones, para él
Norberto tenía sus días buenos y sus días malos, como todos. A veces arisco y distante y otras tierno como un niño. En el fondo era un buen tipo, noble y muy trabajador; capaz de tener en sus manos la lista de las fotos para repartir y apuntarse él todos los marrones. Un buen compañero con los demás. Por eso todos le queríamos como era. — JM López

Ojalá dentro de poco pueda parecerme a ti
Y aquí estamos todos, Norber, haciendo de tripas corazón. Ahora entendí esa expresión. Estamos todos los que sabíamos que nos ibas a faltar para siempre… para siempre Norber. No me quedan más piruletas… te compraría un millón porque me volvieras a decir cariño. Te compraría dos millones porque me volvieras a decir que vas a hacer esa foto, te diga lo que te diga yo o los que nos pueden, bueno, los que me pueden a mí. Ojalá, dentro de poco, pueda parecerme un poco a ti, Norber, que lo primero que me dijiste fue que la puta escoria debía ganarse tu cariño. Pecaré de ingenua, de tonta, de creerme lo que no soy pero… ojalá siguieras enseñándome que la vida pasa pronto y que hay personas como tú que te la hacen un poco más fácil. Te echaré de menos, Norberto. Te echaré de menos. — Eva I. Alonso

Lo contó primero… y mejor
Así, de entrada, me parece muy bonito que las letras rindan un homenaje a la imagen. Llevo muchos años delante de la pantalla de un ordenador, aporreando con cuatro dedos el teclado, tratando de que un puñado de palabras digan aquello que deseo transmitir. Muchas veces no lo consigo. También llevo mucho tiempo trabajando codo con codo con personas que ven lo mismo que yo trato de contar pero a través de un pequeño agujero cuadrado, una lente que encuadra la misma realidad. Y no dejo de sorprenderme de que su destreza y, por qué no, su arte, consigan en unos clics lo que no logro en horas de devanarme los sesos y castigar las yemas de los dedos.
Norberto es –no puedo, no puedo escribir “era”– uno de esos compañeros fotógrafos que han despertado mi admiración. Le rememoro una y otra vez y siempre le veo aquella media sonrisa, silencioso, abrazando a su cámara entre el pecho y las dos manos, con ojos pícaros, como diciéndome con ellos: “Tú verás lo que haces, pero cuando yo dispare lo habré contado primero”. Al día siguiente, pasando las hojas del periódico, he tenido que añadir a su frase: “Y mejor, amigo, y mejor”.
Me parece muy bonito que las letras y todos los demás rindamos un homenaje a la información elevada a la categoría de arte. Podemos empezar a hacerlo en la figura enorme de Norberto. — Carlos J. Domínguez

Mejorando mi humor
“Si no se quita Laurita es igual, que mejora la foto”. Me quedaron cientos de fotos por mejorarte y a ti cientos de momentos por mejorar mi humor, porque tu mal humor, a mí, me mejoraba el mío. Aunque todavía me pregunto si tu mal humor era un rictus que habías creado y que ya no podías quitar o era mal humor de verdad. No podía serlo para conseguir que te quisiéramos tanto, tantos, y que tantos te echemos de menos.
Tendríamos que disparar las cámaras al aire en tu honor el día que nos juntemos todos, sí, en tu honor, porque fue un honor para mí conocerte y compartir esfuerzos y trabajo.
Hasta luego amigo, simplemente hasta luego. — Laura Pastoriza

“Oír, ver y callar. Con el tiempo pasará”
5 de junio, 15:26h. Un millar de alfileres se me clavan en la garganta y en la boca del estómago al recibir la noticia. No supe qué decir ni qué hacer. Me bloqueé. El ‘tío Norber’ nos dejaba.
Suena a tópico, lo dice todo el mundo de todo el mundo en estas ocasiones, pero es verdad, Norberto era un gran tipo. Estos últimos meses sin coincidir con él en eventos ‘fotografiables’ han sido extraños. Y lo seguirán siendo. Sobre todo en citas como la Semana Santa, los toros y la minería. Y nunca faltaba tampoco a las pruebas de resistencia de los puentes y viaductos de las obras del AVE. La bromita siempre caía: “Estando Campillo y yo aquí no hacen falta los camiones para la prueba”. Subíamos, saltábamos un poco y hala, prueba superada.
Fue, junto a su mujer Ana, de los primeros en apoyarme cuando tuve que dejar la tele y empezar un nuevo camino profesional de fotógrafo. Me acuerdo perfectamente de su primer consejo cuando me agobié en mis primeros días: “Campy, oír, ver y callar. Con el tiempo pasará”.
16 años de compañeros, de amigos. De ti aprendí mucho y eso nunca lo olvidaré. — Carlos S. Campillo

Enfocar la vida
Me cuesta volver sobre lo obvio, sobre ese ojo clínico con el que fraguabas el entorno que nos envuelve y sobre esa personalidad de rictus tosco que escondía el Peter Pan que llevamos todos. Empezaste, empezamos, el trayecto en el viejo edificio de Pablo Flórez, la única redacción con botijo atado a una cadena y corregiste tu rumbo inicial hasta enfocar la vida desde un pequeño visor. Dice Andrés García Trapiello que siempre se va un poco de nosotros cuando un amigo cambia de rumbo. O tal vez un mucho. Repito, adiós Norberto, adiós amigo.— José Manuel López

Detrás de unas gafas oscuras
“Los ojos hacen algo más que ver”. Es el título de una obra de Isaac Asimov que me viene a la memoria ahora que trato de recordar la fotografía de la última ocasión en la que cruzamos una mirada; me resulta difícil fijar una fecha, pero no olvido tus ojos, capaces de estar centrados en ese espacio en el que querías que mirase la cámara y de mostrarte tal y como eras: un tipo serio que disimulaba la ternura detrás de unas gafas oscuras. Ciao Norberto.— Camino Sayago

Compromiso sindical y laboral
La dimensión humana de Norberto incluye también el compromiso sindical y laboral con sus compañeros del Diario y con toda la profesión. Eso sí, también en esto fue discreto. Pero nos permitió, a él y a mí, extender nuestros nexos de relación que fueron muchos y diversos. Por razones obvias, me tocó aparecer en numerosas fotografías de actos que a él le tocaba atender y sus entradas en escena eran repetidas: “¡A sus órdenes, jefe!”. No era jerarquía, era camaradería, de ésa que él almacenaba a raudales. La última vez fue delante del Parador de San Marcos, a finales del año pasado, con motivo de las huelgas y concentraciones que llevaron a cabo sus trabajadores. Arrugado y ya dolido, repitió el ritual como si tal cosa y se fue. Se nos fue.— Ignacio Fernández Herrero

“Pero hija, si es una cámara para tontos”
No puedo evitar una cierta sonrisa cuando imagino la cara que pondrías si pudieras, ojalá, leer los comentarios que me anteceden. Tú, tan enemigo de las alabanzas que te escondías tras un gesto falsamente hosco para eludir una palabra amable. “Anda, cierra esa boca”, dirías, para soltar una de tus sentencias, esas que era imposible rebatir porque eran una verdad incontestable. Pero aunque si pudieras me recriminarías, te lo debo. Por todas esas fotos que hiciste cuando te pedía “anda, dispara tú, que yo soy muy mala y seguro que no sale”. Y con esa mirada de perdonavidas que decía “pero hija, si es una cámara para tontos” te brindabas a hacerla. Y para que no quedaran dudas rematabas la faena recordando que si había algún problema, que siempre lo había, te hiciera una llamada y todo resuelto.
Ojalá ahora pudiera llamarte para que me hicieras la foto del día. Ojalá. Esa foto me la debes.— Carmen Moreno

Querido Norberto:
“Hace tiempo que no oíamos tu voz en la redacción. Potente y provocadora. Clara como pocas. Tu paso firme y decidido rumbo a la sala de reuniones o al despacho de algún jefe. A cantar las verdades del barquero. Tu verdad.
Y dicho ésto, cámara en ristre, con las gafas caladas sobre el pelo, camiseta negra, pantalones y botas de montaña, comenzabas la jornada laboral. Esa jornada que, en realidad, nunca acababa. No para un fotógrafo como tú, tozudo y apasionado, curioso y observador. Siempre al acecho y con un proyecto en la cabeza.
Un poco Quijote y un poco Sancho. Presto a plantear batalla a los gigantes y hacer despojos con ellos, sabías que en realidad eran molinos de viento. Y muchas veces, tan solo monigotes. Puta escoria. Lo supiste al poco tiempo de empezar a disparar a la realidad de León con tu Yashica legendaria, en los tiempos de Lucas de Tuy. (…) “.— Ana Gaitero
(lee el artículo entero en Diario de León)

El hombre que mejor sabía decir compañero
Cuando tú llegabas Norberto ya estaba allí, con la cámara, disparando. Te miraba al bies.
—¿Qué tal compañero?
—Bien, ¿y tú?
—Jodido.
Y después soltaba una de sus frases, tan lapidarias como cargadas de verdad, sobre los tiempos que corren o la verdad del periodismo según lo entendía él.
Desde hace unos meses su broma, su respuesta de “jodido” era verdad. La enfermedad más temida de nuestro tiempo se había fijado en él y, además, castigó la lucha valiente de Norberto Cabezas Quintanilla con una decepción tras otra, con un revés tras otro. Cabrona hasta decir basta, “a más no poder”.
Norberto fue el eterno fotógrafo de Diario de León, casi desde niño. Norberto fue un minero más en aquellas marchas negras que fotografió y mientras apretaba el botón susurraba: “Vamos, con cojones, más como vosotros hacen falta (sic)”. Norberto fue un artista en muchos libros de arte que vieron la luz en Edilesa u otras empresas leonesas. Norberto fue poeta en los calendarios de los ríos de su periódico… (…).— Fulgencio Fernández
(lee el artículo completo en La Crónica de León)

  1. Compañeros y compañeras, iremos añadiendo lo que vayáis enviando…

  2. Que GRANDE, recuerdo cuando nos conocimos, un acontecimiento en el San Marcos, llegaste… hiciste tus fotos sin empujar a nadie, sin estorbar… y antes de irte me dijiste ¿solo tienes ese objetivo chaval? al contestarte que si, que estaba empezando y llevaba lo puesto, sacaste un tele 300 y me lo dejaste, en otras ocasiones llegaste incluso alguna a dejarme tu cámara para que pudiese hacer mejores fotos… llegaste incluso a pelear por mí para que me dieran un puesto a tu lado en el Diario… Eso es algo que no olvidaré en la vida. gracias por esos años Norberto, un placer el haber compartido contigo instantes fotográficos en León y provincia, en definitiva gracias por tu amistad. Te echare de menos GRACIAS
    Juan Rosales

  3. Recién llegado de Marte me acabo de enterar de la muerte del gran Norberto. He leído los artículos y comentarios y la cabeza se llena de recuerdos (conciertos, partidos, presentaciones, ruedas de prensa, inauguraciones…); como él siempre llegaba antes, uno se acercaba a él y le preguntaba ¿no has visto a Mauri, Cundi, Marcos o López?, y él contestaba, “sí hombre sí, ahora llega, no tengas miedo; ahora llega y te hace las fotos y así tienes que escribir menos”. Recuerdos en la cabeza, nudo en el estómago. Menudo año que llevamos, primero Javi Morán y ahora Norberto. Eterno fotógrafo, eterno compañero.
    Carlos del Riego

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