Manuel Jular, una vida de pintor y más de 20 años de humor gráfico

Cartel de la exposición de Jular.

Cartel de la exposición de Jular.

Desde el viernes 28 de febrero se puede ver en el Museo de León la exposición “Humor –gráfico– en tiempos revueltos”, en la que el artista leonés Manuel Jular realiza un repaso por su trayectoria como dibujante, durante más de veinte años, para distintos periódicos como Proa, Mundo Obrero (PCE), Unidad Obrera y Cal viva (CCOO), Pueblo (gestionado por los sindicatos) y El Nuevo Lunes.

La exposición, organizada por el Ateneo Cultural de CCOO y el Museo de León, se clausurará el sábado, día 19 de abril, a las 18 horas, con un acto en el que se presentará un libro catálogo con textos sobre la muestra, y que se pondrá a la venta al precio de 15€.

Reproducimos aquí tres de los textos incluidos en el catálogo, los de Eloísa Otero, Víctor M. Díez e Ignacio Fernández Herrero:

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“Marx vale morir con honra que vivir con vilipendio”

Por ELOÍSA OTERO

Decía Miguel Mihura: “El humor es un capricho, un lujo, una pluma de perdiz que se pone uno en el sombrero, un modo de pasar el tiempo. El humor verdadero no se propone enseñar o corregir, porque no es esta su misión. Lo único que pretende el humor es que, por un instante, nos salgamos de nosotros mismos (…) El humor es verle la trampa a todo, darse cuenta de por dónde cojean las cosas, comprender que todo tiene un revés, que todas las cosas pueden ser de otra manera (…)”

Supongo que en este país todos los humoristas gráficos son hijos de La Codorniz, que desde 1941 y durante casi 40 años presumió de ser la revista más audaz para el lector más inteligente… y sobre todo de Hermano Lobo, aparecida en 1972 y mucho más moderna, ágil y adaptada a la realidad de la España tardofranquista. A partir de 1976 surgieron innumerables publicaciones y revistas y el destape se instaló entre nosotros. También el humor gráfico se abrió a nuevas experiencias sin censura, a nuevos retos.

Hasta ahora sabía de ellos, pero no conocía todos los registros de Jular en ese terreno: caricaturista, ilustrador gráfico, dibujante, chistólogo, viñetista, cartelista, comicotero… y no deja de sorprenderme. Aunque a mí el Jular que más me gusta es el que pinta cuadros capaces de abrir ventanas en las fronteras de los espacios que habitamos. Pero reconozco, no obstante, que hacer con gracia una viñeta o una tira sobre la falta de gracia de la realidad también es como abrir las ventanas en una habitación cargada.

Esta exposición muestra cómo durante más de 20 años Jular trabajó y se esforzó, malhumorado y con humor, en iluminar con ironía una realidad social y política siempre desapacibles para intentar arrebatarles una sonrisa cómplice: la sonrisa del lector.

Confieso que me he divertido leyendo los viejos titulares que sirvieron de base a las distintas tiras. Algunos son puro chiste: “El Gobierno Civil de Madrid decreta el cierre de todos los sex-shops, alegando que carecen de permiso gubernativo para la venta de productos ortopédicos”.

Otros son memoria de los disparates de la historia: “Jomeini prohíbe comer carne congelada (por considerarla impura)”. Hay titulares poéticos: “La noche, sucia, vigilada y sola”. Y los hay ciertamente extrapolables: “Ochenta y dos mil casos de rabia en Europa en cinco años” (al día de hoy, con la que está cayendo, creo que se podrían sustituir esos ochenta y dos mil casos por “millones” de casos).

Pero si cuando Jular se inició en el estrafalario oficio de hacer humor en los periódicos los tiempos estaban revueltos… hoy lo están mucho más. La realidad necesita como nunca que alguien le dé unas vueltas “para verle la trampa, para darse cuenta de por dónde cojean las cosas, para comprender que todo tiene un revés, que todas las cosas pueden ser de otra manera…”.

Y como cada humorista tiene sus personajes, que a veces pueden ser o no ser alter egos, a mí me gustan especialmente Cirilo Gómez y su amigo el gusanito:

             —“¡Cirilo! ¿A dónde van los comunistas cuando se mueren?”

             —“¡A la historia! (…por lo menos…) ¡A la historia! ¡Tronco!”

Pues sí, Jular: “Marx vale morir con honra que vivir con vilipendio”.

Gracias por la brisa… y por la risa ;-)

© Viñeta de Jular.

© Viñeta de Jular.

© Viñeta de Jular.

© Viñeta de Jular.

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Cualquiera tiempo jular, fue humor 

Por VÍCTOR M. DÍEZ

Puede guarecer y guarece, el humor de aquél tiempo agridulce de entreguerras, que aquí dimos en llamar Transición. Un tiempo transido, transitado, trastornado, trasunto de otros tan nuestros, entre el tardo-franquismo y la párvula democracia. Tiempos de meter debajo de la alfombra y bailar. “Puedo suarecer y suarezco”, decías tú, Manolo, ventrílocuo, muy cuco, y vestías al muñeco de Napoleón o de Keops. Mientras, sus rostros ya se hacen borrosos y se diluyen los nombres de aquel pretérito presente. A ver niños ¿Quién era Abril Martorell? ¿Y los Arias Salgado malasombra?

Vendrían otros que casi no dan ni pa hacer de reír. Plastas con plasma o sosos pansinsales. Pero no, cualquiera tiempo pasado no fue más de humor; lo que ocurre es que tendemos a ver con indulgencia, aligerado, el peso de la actualidad diferida. Un juego de niños, nos parece el piano que nos cae encima a diario, al recordarlo. El hecho es que aquí seguimos y, cada día más, por ejemplo, con la enseñanza “privaticana” por montera. El lema rige y eso descorazona, cada hallazgo del humorista de entonces, cabe sin rozar en el pie de la princesa horripilante en que se ha convertido nuestro tiempo. Los cínicos actuales son cínicos profesionales, mienten y hurtan sin complejos. Viéndoles desde ahora, los malos aquellos nos parecen unas madres redentoristas y, a fé, que no lo eran. O a lo mejor es que siempre ayuda verse en la viñeta con treinta y cinco años menos.

Eres, manolo, el epítome de ese idilio secular, imprescindible, del buen humor y la mala leche; zorro en el gallinero, supiste ponerles esa pinta de cluecas a las mejores firmas del momento. Suave y dulce bestiario. Conmovedor, porque te diré, sin ánimo de faltar, que hasta entrañable te he visto sacándoles los colores, dejándoles en pelotas. Un no sé qué cariñoso hay en esos bichos, como diciendo: qué culpa tendrán las abejas o los chimpancés de vuestra ignominia.

En el museo imaginario que es la memoria, la nostalgia ya no es lo que era. Donde tú bajabas un Velázquez o un Picasso del pedestal y lo hundías en el fango de la trinchera para tu viñeta de combate o resistencia; guerra a muerte contra la vulgaridad y el barbarismo. Mi generación ha tenido que crear una suerte de nostalgia bastarda. Lo llaman vintage y lagrimean con Chanquete, Montreal 76 o naranjito. Perdonen la tristeza, como decía la Zaranda de Jerez.

Quisiera ser un pez, para meter la nariz en tu PCEra…, como cantaba Juan Luis Guerra, amigo Manolo. Quisiera ser ese pez-poema de tus viñetas cirílicas, el que habla para atrás, como de vuelta, ¡pero se fijaaa….!!! Más de los Cirilos horizontales que de los verticales. No sé, será por el síndrome de la post-construcción, la burbuja nos ha dejado la piel muy fina. Además, sigue mosqueando eso de sindicato y vertical, en la misma frase. Quién me diera ser su escudero, guionista o Juantorena suyo -con ese nombre zumbón de atleta cubano-; pero sin mariconadas… o con ellas, quién sabe, que igual ya es tiempo de hacerse anfibio. Siempre suyo.

© Viñeta de Jular.

© Viñeta de Jular.

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Curso del 79

Por IGNACIO FERNÁNDEZ HERRERO

Ciertos días te despertabas y había muertos. No muertos sin más: muertos asesinados. Despertar de ese modo es algo bastante abrupto y la causa no suele ser un mal sueño, sino una vigilia salvaje que genera pesadillas.

Allá por el curso 1979/80 tres estudiantes fueron asesinados: José Luis Montañés y Emilio Martínez por la policía y Yolanda González a manos del Batallón Vasco Español. No importaba el contexto, en ese caso el rechazo a la Ley de Autonomía Universitaria de la UCD; la extrema derecha, uniformada o no, seguía actuando con impunidad contra uno de los colectivos que con mayor fuerza luchaba por la libertad y por la democracia: los estudiantes.

No había redes sociales ni teléfonos inteligentes, pero la noticia se desplazaba con la misma velocidad de la rabia hasta llegar a los últimos terminales, que acto seguido se convertían en los primeros en reaccionar: facultades, escuelas universitarias, institutos… A punto de amanecer todavía, se constituían las asambleas y se decidían los paros; la sesión continuaba entonces con otras propuestas de acción inmediata: saltos, encierros e incluso alguien hubo, estudiante de Magisterio él, que sugirió romper las vidrieras de la catedral porque eso nos aseguraría una página en Interviú. Las tardes eran para la coordinación con la gente de otros centros y para preparar tareas un poco más complicadas: una manifestación legal, por ejemplo. No era poca cosa, alguien tenía que dar la cara, es decir, firmar la solicitud ante el Gobierno Civil, que te la podía autorizar o no. En aquella ocasión, si no recuerdo mal, fue un joven rubio, de las Juventudes Socialistas creo, que luego, con los años, se hizo bastante famoso. Y sí, el ilustrísimo Gobernador nos permitió salir a la calle ordenada y discretamente, tanto que condujo el itinerario hacia el paseo a la orilla del río, un lugar magnífico para pasear o manifestarse una tarde/noche de invierno en un fría ciudad de provincias.

Aquel era, pues, un paisaje corriente, ni mejor ni peor que el actual, pero con objetivos más claros y, por lo general, mucho más compartidos, mucho más sentidos desde la epidermis hasta el tuétano. La estela de los muertos era poderosa.

Por lo demás, estudiábamos, jugábamos al mus y hacíamos bailes de fin de carrera. Y naturalmente leíamos historietas gráficas, sobre todo El Papus y Por Favor, que junto a El Viejo Topo y Popular 1 fueron textos tan fundamentales en nuestra formación académica como el Ferrández/Sarramona/Tarín o algunas perlas de Rodari. En los pasillos siempre había alguien que te vendía El Mundo Obrero u otras publicaciones de combate y que, cada vez que ocurría alguna movida, veía renacer el espíritu de mayo del 68. No fue así, me parece que por fortuna: ya tuvimos bastante con el espíritu y la carne del 79.

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Textos para la exposición y catálogo de Manuel Jular “Humor –gráfico- en tiempos revueltos” (León, 28 de febrero de 2014)

Inauguración.

Inauguración.

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

  1. El montaje de la exposición, precioso!

  2. Pingback: “Humor gráfico en tiempos revueltos”, un homenaje al pintor Manuel Jular en Ponferrada | Tam-Tam Press

  3. Pingback: El humor gráfico de Manuel Jular se expone en la Calle del Pez (Madrid) | Tam-Tam Press

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