Nadie escapa a la locura en Mogadiscio (VII)

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El fotógrafo leonés JM López continúa con su serie especial para TAM TAM PRESS desde Somalia, donde ha podido documentar las dificultades que vive el país africano.

Por JM LÓPEZ/AFP
(Texto & Fotografías)

La guerra que asola Somalia desde que en1991 cayese el dictador Siad Barré se ha convertido en un mal endémico para todos los habitantes de este país. Con más de un millón de muertos, cientos de miles de desplazados internos y refugiados, las consecuencias para la salud mental de los somalíes son más que evidentes. Quien no ha visto morir a sus familiares, ha tenido que caminar durante días sin comida ni agua para huir de los combates y los que no, han sufrido alguna de las hambrunas que han matado a miles de personas en las últimas décadas. Somalia tiene, según la Organización mundial de la Salud (OMS), la mayor tasa de enfermos mentales del mundo.

Abdul Rahman Ali Awale abrió este hospital mental en Mogadiscio en el año 2005. Lo hizo con un euro que obtuvo de la venta de dos palomas de su hijo y desde entonces se ha convertido en un referente. No encuentra respaldo ni del gobierno ni de las organizaciones no gubernamentales que operan en el país, sólo gracias a el y a las donaciones de la diáspora puede seguir en funcionamiento. En total, se calcula que más de 15,000 enfermos han pasado por este centro en los últimos nueve años. Cada día, se presentan en la puerta diez nuevos pacientes, el personal médico les chequea pero sólo pueden aceptar a los que están más graves ya que el centro se encuentra desbordado y al límite de su capacidad.

La psiquiatría no existe para la mayoría de los somalíes, que cuando presentan cuadros de ansiedad, estrés postraumático o depresión, lo achacan a un malestar general y, en muchos casos, acuden a remedios caseros como beber leche de camello para tratar de curar sus males. En los casos más graves, las afecciones psíquicas se observan como una posesión por parte de ‘El Dijnni’ (El diablo) y la terapia de choque consiste en recluir al paciente en una habitación con una hiena.

Huba tiene 20 años y pese a que ha experimentado cierta mejoría se pasa el día hablando sola y tratando de cazar moscas con las dos manos o tendida en la cama acariciando la pared de su habitación. Unas camas más allá un paciente sufre convulsiones aunque la mayoría de los enfermos pasan el día adormilados en sus colchones por el intenso calor. Su rutina se limita a descansar y comer. Algunos tratan de escapar por la noche y por eso tienen que ser encadenados a la cama. Las medicinas escasean y todos no pueden ser tratados adecuadamente.

Un Comentario

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