La tradición puede más que el sentido común en Somalia (VIII)

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El fotógrafo leonés JM López continúa con su serie especial para TAM TAM PRESS desde Somalia, donde ha podido documentar las dificultades que vive el país africano.

Por JM LÓPEZ/AFP
(Texto & Fotografías)

La circuncisión faraónica es la forma más agresiva de Mutilación Genital Femenina (MGF) y consiste en la extirpación de los labios mayores, menores y del clítoris. Después se cose ambos lados de la vulva hasta que está prácticamente cerrada dejando un único orificio para la menstruación y la orina. Es una práctica inhumana y brutal que causa cientos de muertos al año en Somalia.

Habibo Mohamed Suso tiene 25 años y siete hijos. Como la mayoría de las mujeres de Somalia fue circuncidada cuando era muy joven. Recuerda aquel día como uno de los peores de su vida. “Me pusieron un cuchillo ardiendo entre las piernas para comenzar a cortarme. Luego me untaron con ungüentos lo que me provocó una terrible infección. Cuando me casé en mi noche de bodas mi marido tuvo que abrirme la vagina con un cuchillo porque la tenía totalmente cerrada. Y cuando di a luz los dolores fueron terribles…”, afirma esta mujer.

Hasta que una niña no está circuncidada no se considera que haya entrado en la edad adulta y está lista para casarse y tener hijos. En un país como este, donde las tradiciones son fuertemente respetadas por la sociedad, las mujeres que no están circuncidadas son mal vistas por el resto e incluso llegan a ser repudiadas. No es una cuestión religiosa, ya que es una práctica más antigua que el cristianismo y el islamismo, es algo cultural que pasa de generación en generación y se ha convertido en habitual tanto en áreas rurales como urbanas.

Los trabajadores de la Organización No Gubernamental Somali Women Development Center (SWDC) acuden, una vez al mes, al campo de desplazados de Maslah para tratar de concienciar a sus habitantes de que dejen de circuncidar a sus hijas pero es complicado hacerles ver que esta práctica que para ellos es algo tradicional afecta muy negativamente a la vida de sus hijas.

Deega Abukar está agotada. Dormita sobre su brazo derecho mientras a sus pies descansa su pequeña, dio a luz en el Hospital Banadir hace unas horas. La doctora Lul Mohamud Mohamed tuvo que hacerle varias incisiones para ayudar a dar a luz ya que debido a la circuncisión faraónica la vagina estaba completamente cerrada, imposibilitando el parto. “Lo normal es que las tengamos que rajar con el bisturí para poder abrir la vagina porque de otra forma los bebés no podrían nacer y la madre moriría de agotamiento y de dolor”, confiesa la doctora.

Son las mujeres- y no los hombres- las que someten a sus hijas a estas prácticas. A pesar de ser una sociedad patriarcal en muchas ocasiones el marido ni siquiera es preguntando sobre si quiere que su hija sea circuncidada o no. En este asunto quien manda es la mujer.

Deega fue circuncidada cuando tenía 14 años, recuerda que trató de escapar cuando vio lo que le estaban haciendo a las otras niñas, pero entre varias mujeres la lograron retener. “Me hicieron muchísimo daño. Fue algo horrible”, se sincera. Pero, a pesar de la experiencia a la que fue sometida, la joven de 18 años de edad lo tiene claro. “Mi abuela, mi madre, mis hermanas, mis primas y yo estamos todas circuncidadas. Mi hija será circuncidada porque es una tradición familiar”.

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