Miguel Marinas presenta un doble poemario en Madrid y León

Cartel de la presentación en León, realizado por Yoryo.

Cartel de la presentación en León, realizado por Yoryo.

El pensador, profesor y escritor leonés Miguel Marinas presenta el poemario “Ejido de las ciudades. Composición del mar” (un volumen doble, editado por Varasek) este jueves 12 de junio en la librería El Molar de Madrid y el viernes 13 de junio en el Ateneo Varillas de León. En ambos casos estará acompañado por dos grandes amigos: en Madrid por la poeta Olvido García Valdés, mientras que en León actuará como presentador el también poeta y músico Ildefonso Rodríguez, autor del prólogo del libro que reproducimos líneas abajo.

Por ELOÍSA OTERO

“El páramo castellano con su historia polvorienta de ruinas que hoy señorea el trigo, y el mar con sus mitos homéricos, se dan la mano en la última propuesta poética de Miguel Marinas. El poeta-profesor canta lo que se pierde, pero sin acabar de perderse del todo. El río de Heráclito el Oscuro sigue estando ahí, por mucho que cambien sus aguas, que los nombres sean otros”. Así arranca la presentación editorial de este nuevo libro de Marinas, catedrático de Ética y Filosofía Política en la Universidad Complutense de Madrid, quien hace solo unos meses sorprendía a los lectores con la pubicación de un sorprendente libro de ensayo: “El poder de los santos. Valor político de las imágenes religiosas” (del que ya publicamos una reseña en TAM TAM PRESS).

En la nota editorial se define a Miguel Marinas como un “humanista que es capaz de poner a cantar a Homero por soleares” y que “no sólo es autor de ensayos sobre la cultura política contemporánea y fundador de la revista El Rapto de Europa, sino también de interesantes propuestas poéticas, como son sus libros De transeúntes a trashumantes, publicado parcialmente por Cuadernos Leoneses de Poesía, y Razón de Duelo, aparecido en Traviesas de poesía (en una primera edición digital inencontrable ya, aunque en breve volverá a estar en la red), o All kinds of love, composición para Inés Thiebaut y musicada por ella misma (Nueva York, Madrid, 2010)”.

: : Prólogo de Ildefonso Rodríguez:

“Lo húmedo y lo seco”

I

 De entre todos las imágenes que guardo del amigo (tantas, la película de gran metraje que es siempre un amigo), me vino de inmediato, nada más abrir Ejido de las ciudades, aquella en la que se ve a Miguel a la sombra de la chopa dibujando la Plaza del Grano, en su ciudad natal, León. Estampa del viajero romántico, dibujo a carboncillo; el cuidado y la atención que se merece aquello que está tan próximo, mano puesta en los detalles, las sombras: el empedrado de la plaza y la ensoñación del dibujante: un mar cereal, el oleaje de la trilla.

Ejido es palabra seca, como esfinge, como bazar. Son palabras de Miguel Marinas (palabras que son imágenes, por el poder del poeta para leerlas y convocarlas): enfrentado al enigma que propone la Esfinge de la ciudad, no le da la espalda; o perdiéndose y encontrándose en el laberinto del Bazar, de sus fábulas, de sus encantos y ficciones.

Pero el dibujo seco se humedece (como después el mar se irá resecando), y el viajero se verá de pronto anclado en un ejido que se remansa en “ejido interno”; la palabra seca se vuelve húmeda, atraca la nave que va por el páramo (como aquella que iba por el desierto, en una aventura del Capitán Trueno) y aparecen ráfagas de lo desaparecido. Composición ahora del ejido que se adueña del centro de la ciudad. El centro inaccesible. El lugar del origen. Por el poder de la poesía, como un grabado que se derrama, ya no tiene contornos: dónde fue aquello, aquí, aquí mismo, desembarcar aquí, aunque se revele como “el lugar vacío”: la esfinge que vive en el ejido propone su adivinanza, la decisiva, todo o nada:

el soportal que era mi barco
sigue con las columnas de árbol
y los poyos de piedra
conteniéndome
como una caja de papel de arroz
guarda las flores y las cartas

Y la respuesta contradice a la sentencia del Oscuro, como hemos leído antes. Porque es la poesía –la imposibilidad– la que te dice: sí, otra vez estás entre dos aguas, ya estás otra vez hundido, mecido por aquello. ¿Qué es aquello? Tú sabrás, vuelve a decirte la Esfinge, es decir, la poesía.

La poesía. para Miguel Marinas (como para los que tuvimos griego en el bachillerato, ¿o era casi un gymnasium?), es Homero; y es también aquel vecino de su calle, Victoriano Crémer, que hablaba contigo, amargo lector, mientras iba escribiendo su poema. La poesía guardada desde entonces en la cartera escolar, pasada a limpio, mano cuidadosa y amor eterno a la poesía.

Una poesía que compone, que pone junto lo disociado, que acepta el tema de la composición para llegar, otra vez, a aquello, a lo que más importa.

¿Qué es? Tal vez sea dar con “la madreperla del secano”, o adentrarse en la noche para aguantar el miedo y escuchar otra vez la pregunta: “¿quién anda ahí?”.

II

¡Thalassa, thalassa!, gritaban los Diez Mil amargos, sedientos del agua negra.

Por fortuna, hay aguas más favorables, mares aún más interiores que el Ponto Euxino, compuestos por partículas de cercanía y pensamiento humano (¿hay pensamiento animal?, ¿piensan los peces? Sólo sabemos que son mudos).

He leído, en mecimiento de olas, de ritmos, un mar mineral, mar de Mármara –Sahara marino que fue y ahora es mar de arenas– un paramomar con “música de piedra” (como tenía música de cantos rodados el río mío del olvido), mar escandido en roturas, rotacismos de mar gutural, de mar que quiere hablar, como –según Walter Benjamin– quiere hacer todo en la naturaleza (hasta el pez mudo). Oralidad de bocana, de bocanada de agua tragada en el revolcón de una ola, repentina, a traición jugosa. Y los toros sacrificados junto a las negras naves, ¿mugían ellos o mugía el mar? La mar sin amarras, pero “los astros la llevan”. Eso es mirar de cerca, como hace siempre la poesía (mirar y escuchar de cerca, hasta que, ahí viene, llega la flauta del afilador).

Un De marium natura impregnado por todo el saber que en herencia nos dejaron aquellos griegos y latinos nuestros.

Un mar interior (los fondos del subconsciente, según René Nelli) que está a mano (“como las manos del que se fue”), apacentado (los toros aquellos), pero es Egeo de ásperas rodadas: norma / disposición / ausencia, no hay otra. Hay un “pájaro de fuego” y la roja “sangre derramada” (las lágrimas son glaucas). El fragmento 27, tan hermoso, desvela la dialéctica de lo suave y lo áspero. El 29, siendo único como es, quiero repetirlo aquí:

¿quién merece el secreto del mar?
quien recorre lo seco
cuenta los dedos sin membranas
y recibe la lluvia
como una mano abierta

Sigo leyendo mares de discurso, porque invocamos thalassas, pero también etcéteras, que siga el oleaje, la marea de lo incierto. Desvelos y veleros por el horizonte del sentido.

En paralelo, canciones marineras; conviene que el mar también las oiga en varias lenguas. Y los sucesos, el caso del paseante ahogado (raptado por el mar, como una princesa a la que rapta un monstruo marino). Son casos como para decir me cago en la mar salada. El fragmento 42 lo dice de otro modo.

Mar puesto en pies de fragmentos razonados, velas y más desvelos por el horizonte; y aquel grito de Nietzsche: ¡sólo ola y juego!

Sólo que hay un “silencio del mar / en la alta noche”, se lee en el último fragmento, y la sospecha de que ahí nace el alimento de los días: los sueños (como si estuviera pensando en este libro, escribí una vez: “cruzar el mar siempre nos da sueños”).

: : Dos poemas del nuevo libro de Miguel Marinas:

— — —
Presentaciones:

  • Día 12 de junio a las 20 horas.
    Lugar: Librería El Molar (C/ La Ruda, 19. Madrid)
    Presenta: Olvido García Valdés.
  • Día 13 de junio a las 20.30 horas.
    Lugar: Atenero Varillas (C/ Varillas 3, 1ºD. León)
    Presenta: Ildefonso Rodríguez.

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

Un Comentario

  1. Pingback: “Ejido de las ciudades / Composición del mar”. Miguel Marinas | Tam-Tam Press

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