Okupar a través del arte o los jardines efímeros de Calamar Teatro

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Okupar la ciudad semiclandestinamente, de forma amable, y reivindicar los derechos adquiridos por el ciudadano. Ese es el eje central del nuevo espectáculo de Calamar Teatro: “Gnomi: jardines efímeros”, que ya ha pasado por Valladolid y Baracaldo. Una iniciativa cromática que une arte, medio ambiente y un grito pacífico partiendo de la fantasía del gnomo.

 Por MAGDALENA ALEJO e ISAAC MACHO

 Según despunta el sol, cuando la ciudad empieza a despertar, calles y plazas ofrecen un cambio sustancial en su aspecto urbano. Los jardineros guerrilleros durante la noche han intervenido la metrópoli convirtiendo espacios baldíos en jardines.

Las calles como espacio reivindicativo, de encuentro, de diálogo. Con el arte no podía ser menos y bajo esta premisa nos encontramos con una iniciativa que bebe directamente de un hecho reivindicativo: las guerrillas gardening.

Este movimiento global nace con el objetivo de hacer las ciudades más acogedoras plantando, sin pedir permiso, espacios verdes. Se trata de una revolución ciudadana silenciosa, natural, de un acto de rebeldía llevado a cabo con nocturnidad y alevosía. Esta vieja reivindicación independiente y no-violenta, sostenible, y que busca el bienestar de los ciudadanos frente a su entorno gris de enormes masas de cemento, dio sus primeros pasos a comienzos del siglo XIX, aunque a España tardó en llegar.

Bajo estas premisas de jardinería guerrillera, Calamar Teatro ha creado Gnomi: jardines efímeros; gnomos con poderes mágicos como protagonistas de las intervenciones, que dialogan con el encuentro espontáneo del espacio urbano, creando gestos y una nueva expresividad en el espectador. La iniciativa a caballo entre la protesta, el arte y la belleza de los lugares que habitamos, fue presentada en el último festival del TAC, de Valladolid, y ha pasado también por Baracaldo.

Natalia Wirton, responsable de Calamar Teatro y directora artística de Gnomi señala que este trabajo es “una manera diferente de vivir la ciudad y ver cómo reacciona la gente, una forma de reivindicar un espacio urbano donde crear jardines, donde escuchar el lugar y la memoria de lo que hubo para poder arrancar, a través del arte, una sonrisa y la ternura del espectador”.

“La diferencia con el movimiento global –continúa explicando Wirton–es que realizamos la creación del jardín in situ, a la vista del público, dando igual de importancia a la acción que al significado del jardín”.

En esta ocasión, la creación de los primeros jardines ha coincidido con las primeras luces del día y, en principio, con permiso del municipio. En los prolegómenos de la noche, se han recogido semillas, flores y otros materiales utilizados y, por eso, debido a su breve exposición, son conocidos como “jardines efímeros”. La iniciativa contemplaba, además, la grabación y la toma de fotos de la intervención de los vergeles instalados en espacios yermos, abandonados o mal gestionados de la ciudad.

“Nos interesa saber cuál es la reacción del público ante este hecho, cómo se comportan, qué opinan…”, apunta esta jardinera guerrillera que confiesa que siempre le ha gustado este oficio que ahora une a su otra gran pasión, el teatro.

En esta especie de graffitti verde ha colaborado el arquitecto José Carlos Sanz, que no ha hecho otra cosa que desarrollar en formato enano lo que habitualmente diseña en dimensiones gigantescas.

“Este ha sido un pequeño regalo a los ciudadanos, pequeños paisajes imaginativos realizados partiendo de elementos livianos, frágiles, una sorpresa de color y movimiento que hace ver espacios urbanos de una forma diferente”, asíresume la intervención artística este apasionado de la arquitectura relacionada con el medio ambiente, el paisaje y los jardines históricos.

Unas personas miran de reojo restando importancia a la curiosidad que dirige su mirada al jardín; otras se paran y hacen fotos esbozando una sonrisa tras la cámara, por lo divertido de la rompedora propuesta; hay personas mayores que no entienden de qué se trata pero preguntan porque simplemente quieren saber de qué va la historia; otras ni preguntan pero se van farfullando ¿qué será?

Una mujer de unos 50 años confiesa que la han alegrado el día, al poder contemplar cómo la fuente por la que pasa todas las mañanas para ir a su trabajo, se ha trasformado en un estanque llenos de nenúfares; una anciana llega tarde a misa pero se queda prendada de los gnomos que la saludaban desde su casa-jardín.

A una excursión de húngaros, les da igual los motivos por los cuales está la fuente inundada de colores, todos hacen fotos de recuerdos. Nadie pasa indiferente al hecho que presencia, estos “jardines efímeros” que se recogen al atardecer.

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