Barreras

El muro de Berlín.

El muro de Berlín.

Por LUIS GRAU LOBO

Levantar muros fue siempre un acto de arrogancia y miedo a partes iguales. Los muros no protegen, encierran. Y dejan fuera al otro, al que no queremos con nosotros porque su mera presencia pone en cuestión el estatuto de nuestra acomodación; unos privilegios que, si han de guarecerse así, será porque no son legítimos ni justos.

Este domingo se conmemora que hace un cuarto de siglo Occidente se sacudió la ignominia del muro berlinés con un suspiro de alivio que desmantelaba una barrera sombría pero muy real entre dos mundos, cancelaba la guerra fría y haría de los alemanes del Este, de la mitad de Europa, ciudadanos de nuevo con plenos derechos… Hoy lo celebramos, pero más allá de los merecidos ecos de aquella jornada emocionante en que una algarabía nocturna de bocinazos, abrazos y cánticos abatía a un gigante con pies de barro, cabe deliberar si sirvió para algo aquella comprobación —una más— de que los muros no hacen sino sajar una herida que tarda décadas en cicatrizar, que el destino de los muros es caer al fin con estrépito, que nada logra separar los lados de una misma cosa por mucho tiempo…

El tabique degradante que aparta a los palestinos de los israelitas, la gruesa e irascible línea roja que separa las dos Coreas, la erizada verja de la recelosa Europa que acaba en Ceuta y Melilla, el farallón que intenta retener la pobreza y a los espaldas mojadas a una orilla del Río Bravo… los muros invisibles que separan en muchas ciudades a los desfavorecidos de los ricos atrincherados, algunos de los cuales hasta se convierten en tabiquería infamante, como la que aísla las favelas del pulcro olimpismo carioca. Son demasiados muros, y la mayoría muy recientes.

En 1964, el artista conceptual alemán Joseph Beuys, ante el escándalo de sus contemporáneos, propuso elevar el Muro de Berlín unos centímetros. Por razones estéticas de proporción, argumentaba. Ya que existía, al menos hacerlo armonioso. Pero la única parte hermosa de un muro es su ruina.

(Publicado en La Nueva Crónica de León, el 8/11/2014)

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