El “belén” de Fausto: un Nacimiento en el que nada es lo que parece

El "belén" de la Óptica Jáñez, en Astorga. © Fotografía: astorgaredaccion.com

El “belén” de la Óptica Jáñez, en Astorga. © Fotografía: astorgaredaccion.com

Por MARÍA ANTONIA REINARES
astorgaredaccion.com

En la Calle Postas de Astorga manan en estos días de Navidad tres fuentes nuevas que nacen del Belén que cada año Fausto Jáñez, con paciencia, mimo y mucha dedicación, idea para el escaparate de su establecimiento. En el relato que el propietario de Óptica Jáñez ha creado este año aparecen ángeles que están y no están, o un Misterio que está pero hay que descubrirlo más allá del escaparate. El Belén más historiado de cuantos se pueden ver en la ciudad maragata estos días ha salido de las manos de tres artistas plásticos de altura: el madrileño José Luis Vega, la catalana Monserrat Ribes y el pintor leonés Juan Rafael (Rafa Murciego) que han creado las figuras totalmente originales. También ha ayudado en muchos detalles del montaje otro artista leonés: Alejandro Sáenz de Miera.

Fausto parece haber querido construir en esta ocasión un Nacimiento de novela romántica, con sus juegos de identidad y de ‘no estar del todo’, aunque aparentemente la realidad inunda los primeros planos enmarcados entre las crestas de piedra inspiradas en el perfil montañoso de Truchillas, en La Cabrera. En una lectura de derecha a izquierda aparece en primer término la cueva de los pastores con la aparición de un ángel reflejado irradiando 18 colores diferentes. En la cueva mana el agua que antes de convertirse en río se transforma en la fuente primordial del Nuevo Testamento (Lucas II, 8) que narra la escena que estamos viendo. El único anclaje a la realidad es el maragatín que con su dedo nos indica dónde está el mensajero.

El "belén" de la Óptica Jáñez, en Astorga. © Fotografía: astorgaredaccion.com

El “belén” de la Óptica Jáñez, en Astorga. © Fotografía: astorgaredaccion.com

Saliendo de la atmósfera mágica de la cueva, nos adentramos poco a poco en un cuadro solo apto para los madridistas más convencidos. Presidida por otra fuente, la de la Plaza de Cibeles de Madrid, el autor del Nacimiento rinde homenaje a los colores de su equipo por los éxitos cosechados este año, la Champions League, la Supercopa de Europa, la Copa del Rey y el Mundial de Clubes. El agua que mana de la Cibeles, contemplada por los gatos madrileños, desemboca en una pequeña laguna que nos devuelve al mundo fantástico de una rana con corona (este año ha sido el de la proclamación de Felipe VI) tratando de ser pescada por dos niños utilizando las técnicas ancestrales del trapo rojo colocado en una caña y del paño lanzado para taparla (aquí que cada espectador saque sus propias conclusiones).

El "belén" de la Óptica Jáñez, en Astorga. © Fotografía: astorgaredaccion.com

El “belén” de la Óptica Jáñez, en Astorga. © Fotografía: astorgaredaccion.com

El mundo del fútbol tiene un punto de vista crítico en la tercera y última escena, en la que se contrapone el partido que disputan tres maragatines, que han dejado sus carteras de clase apoyadas en los árboles, frente al deporte de los despachos reflejado en la Última Cena con marisco y copa de cristal. La narración culmina en las cumbres de las cretas de las montañas donde el ‘águila’ de Hacienda sobrevuela sobre las 10 copas de la Champion del Madrid, y en las dos caras del pico central se contrapuntean la corona de laurel y la ‘saeta rubia’ (evocando al fallecido Di Stefano) y la crítica a las ‘fauces’ de los lobos que representan a la empresa Monsanto en su pulso contra la biodiversidad.

El "belén" de la Óptica Jáñez, en Astorga. © Fotografía: astorgaredaccion.com

El “belén” de la Óptica Jáñez, en Astorga. © Fotografía: astorgaredaccion.com

¿Y dónde se narra el nacimiento de Jesús entre tantas escenas terrenales y mágicas? El Misterio se encuentra en el interior del establecimiento, donde tres ángeles —dos sentados en pacas de paja y un tercero asomando su carita entre las orejas del borrico— rompen el esquema tradicional porque los seres alados ni reverencian ni adoran al Niño, lo contemplan jugando como un igual, como si fuera un reflejo de estos tiempos en los que a los reyes ya no se les venera sino que se les exige transparencia en un plano de igualdad que llega, incluso, a sentarlos en el banquillo de los imputados.

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