Una mirada a través de los maestros y maestras

Portada del libro.

Portada del libro.

Reproducimos aquí un trabajo sobre el libro “Narraciones de maestros” realizado por Patricia Zapico López, alumna del “Máster en formación del profesorado de educación secundaria obligatoria y bachillerato, formación profesional y enseñanzas de idiomas” (antiguo CAP) que imparte la Universidad de León.

“Suelo pedir como trabajo voluntario a mis alumnos una recensión del libro ‘Narraciones de Maestros’. La hacen, casi siempre sin ganas. Pero una de las alumnas del Máster de Secundaria me ha hecho ayer esta maravilla que no me resisto a compartir”, apunta su profesora, Isabel Cantón Mayo, coordinadora además de este libro en el que se incluyen relatos sobre maestros y maestras de 23 autores leoneses.

Una mirada a través del maestro

Por PATRICIA ZAPICO LÓPEZ

INTRODUCCIÓN
1. Mi historia

Me he pasado las últimas tardes devorando las historias que guarda Narraciones de maestros, siguiendo los pasos que otros dieron y sintiendo las emociones que les embriagaron. Cuando cerré las tapas por última vez, pensé que este presente trabajo debería comenzar con mi propia historia, como si yo fuese uno de esos maestros que Isabel Cantón Mayo coordinó en este libro. Y es que como ellos, es lo que quiero llegar a ser.

Nunca tuve una profesión clara y durante mi infancia me dediqué a querer ser lo que todos querían ser: hoy quiero ser veterinaria porque me encantan los animales, ahora me apetece ser astronauta para subir a la luna y conocer las estrellas, que si después quiero ser abogada para defender a los pobres indefensos y encarcelar a los malvados…

Profesiones y más profesiones. La sociedad nos obliga a que desde pequeños ya tengamos claro qué queremos hacer en el futuro y aunque parezca mentira esa típica pregunta de ¿qué quieres ser de mayor?, se convierte en una presión, que cuando eres adolescente lleva a equívoco.

Recuerdo en qué momento decidí que el arte guiaría mi vida. Fue en mi primera clase de Historia del Arte, durante mi etapa en el instituto. Disfrute tanto y de una manera tan desmesurada de lo que el profesor nos descubría de ese nuevo mundo, que no necesité pensarlo más. Quería vivir por y para el arte.

Pero, ¿qué es eso de Historia del Arte? ¿pintas bien?¿eso tiene salida profesional?… estas y otras miles fueron las preguntas ignorantes aunque inocentes, que la gente me realizó cuando emprendí mi andadura en este camino. Muchas veces contestaba con una tímida sonrisa y otras con un sencillo: no sé si tiene salida alguna, pero es algo que amo tanto, que merece la pena intentarlo.

Tesón, ilusión y trabajo, así labré mis estudios de Historia del Arte en la Universidad de Oviedo. Muchos de mis compañeros soñaban con investigar y convertirse en grandes gerentes de museos, sin embargo yo me limitaba a pensar cómo sería enseñar aquello que yo tanto amaba, a personas que lo desconocían.

Y es que aunque yo no lo sabía, aquel profesor de mi primera clase de Historia del Arte, que me había obnubilado con La dama del armiño de Leonardo Da Vinci y El entierro del Conde Orgaz de El Greco, había plantado en mí la semilla de la enseñanza. Una profesión que disfrazada de idea había caminado de puntillas por mi mente de estudiante.

Yo quería ser como ese y otros grandes profesores que me habían acompañado durante mi vida estudiantil. Lo tuve claro, quería ser profesora.

2. El porqué y el cómo de la realización de este trabajo

Creo firmemente en el aprendizaje basado en las experiencias en otros. Ese aprendizaje que en psicología se nos presenta como cognitivo-social y que a pesar de la palabrería técnica, no consiste más que en observar lo que otros hacen e imitarlo como modelo personal.

Como proyectos de docentes que somos, obviamente necesitamos arduos manuales de pedagogía y de enseñanza, donde de forma minuciosa nos adentremos en este mundo aun desconocido. Pero, ¿hay algo mejor que la experiencia de alguien para entender algo? Yo creo que no.

Escogí Narraciones de maestros aun conociendo el éxito anterior de Narraciones de la escuela. Y lo elegí casi a tientas, pensando que esos relatos de maestros me ayudarían en mis primeras andaduras en esta profesión, que a pesar de ser infravalorada, es la base de cualquier sociedad.

Teniendo en cuenta que es complicado escudriñar en una lectura como esta, para la realización de un trabajo, llegué a la conclusión de que mi ejercicio, aquí plasmado, necesita basarse en mis emociones. Unas emociones surgidas desde las palabras de personas que aun siendo desconocidas, ya creo haberlas tratado alguna vez. Para ello dividiré los relatos que más hondo me han llegado, en el sentido de las historias que me han hecho palidecer, reír, enmudecer y enternecer; puesto que al fin y al cabo, creo que éste es fin último de Narraciones de maestros, introducirnos en el alma de aquellos que dedicaron su vida a enseñar y a ser enseñados.

DESARROLLO
3. Las historias que me hicieron palidecer

Eloísa Otero con su La autoestima en un charco de agua sucia adentró mi mente en el aspecto de la docencia que más pavor me produce: la autoestima del maestro. Esta profesión es una de las que recoge mayor número de casos de depresiones y baja autoestima y yo siempre me pregunto ¿cómo me sentiría?

El personaje de Bernardo ha conseguido que palidezca y que sienta realmente preocupación hacia lo que es la falta de motivación. Sintiéndose poco querido por sus alumnos, infravalorado e incluso agredido, Bernardo no quiere continuar, está harto de lidiar con esta situación. Aun sintiéndose terriblemente triste, el hombre no se rinde y viaja al pasado en busca de lo que unos antiguos alumnos buscaban en un maestro.

Reinventarse a sí mismo y luchar por lo que quieres hacer en la vida, es lo que Bernardo me ha enseñado. A pesar de los bajos momentos y de la desmotivación que puede sentir, no pierde la esperanza y piensa en que “mañana será otro día”, un nuevo día donde podrá pedir ayuda de alguien más joven. Una juventud que todavía llena de ilusión le proporcionará un nuevo tirón para dar otro paso al frente.

Jesús Díez Fernández logró que el vello se me pusiese de punta y que los ojos se me llenasen de lágrimas, con su Última lección: preguntadlo todo. Introduciendo al lector en una de las épocas más negras de la historia de España de la mano del maestro Segis, consigue que te sientas partícipe de un momento donde la libertad de expresión brillaba por su ausencia.

Don Segis es ese claro ejemplo de un maestro que se toma en serio su trabajo, en tanto que sabe que su función en la vida es hacer personas de bien repletas de valores positivos para la sociedad. Aun encontrándose en una situación terrible con el gobierno, Segis inculca a sus alumnos una última lección que también me ha inculcado a mí a través de estas páginas: preguntadlo todo y ¡qué gobierne la inteligencia!

Y es que Don Segis tiene razón, no hay mejor modo de luchar contra la violencia que de la mano del diálogo y la inteligencia. Preguntar continuamente, como símbolo del saber más de la vida que nos rodea, es precisamente aprender y hacerlo de la mejor manera posible.

4. Las historias que me hicieron reír

Ana Isabel Conejo y su El Gajo hicieron que recordase desde la más profunda de las carcajadas mi infancia en el colegio. Esa historia que habla de una niña que se confunde en un examen a propósito por el mero hecho del miedo a equivocarse, hace que volviese a oler el miedo que yo misma sentí en esas mismas situaciones.

No sólo este relato que aun siendo corto y conciso, nos habla de la equivocación de una inocente alumna, sino de la importancia de la labor del maestro. Es esa figura que nos corrige pero que a la par nos alienta, comprende nuestros fallos y ensalza nuestros aciertos. Por ese mismo motivo Ana Isabel Conejo supo que las mejores lecciones son aquellas que se aprenden con el corazón, ya que son las que más hondo se asientan en la estructura de nuestro ser.

Atanasio Serrano con la historia su historia de no-amor entre El afilador y la pastora, nos presenta una moraleja que subyace: nunca des por sabido lo que no has enseñado. Don Teodulio Viñuelas sacerdote y maestro llegó a hacer las mismas de “celestino” entre una desgarbada y bruta pastora y el afilador que visita el pueblo cada semana. Ignorando lo que estaba por venir, aconsejó a la pastora que se casase con el afilador y de este modo aseguraría una vejez más cómoda. Consiguiendo su propósito, lo que no se imaginó es que la pastora sí que quería esa compañía matrimonial, pero no afectiva. Siguió siendo la misma bruta que era con el rebaño.

El cura nos aporta una lección que es básica para cualquier maestro, el hecho de no dar por hecho algo que no has enseñado. Parece algo muy sencillo, pero dentro de esta moraleja reside el saber reconocer un error delante de un alumno.

Clara Isabel Martínez y su La reunión de los miércoles ha conseguido que me sienta una integrante más del relato. Puesto que yo también pertenezco a un pueblo pequeño, comprendo a la perfección cual fue la reacción que los habitantes tuvieron con la llegada de algo nuevo. En este caso, una maestra llena de vitalidad llamada Clotilde.

Y qué tendrá un maestro que puede poner “patas arriba” a un pueblo entero. El saber no ocupa lugar y el conocer cada día algo nuevo enriquece las mentes y el propio alma. Eso fue lo que consiguió Clotilde, que los padres y madres de los niños se volviesen un poco más locos por conocer lo que desconocían del otro. Un desconocimiento que llevó a la risa y al ridículo más enternecedor.

5. Las historias que me hicieron enmudecer

Coincide que dos de los relatos que hicieron que reflexionase en el silencio y que conectase con las emociones de los protagonistas, son de Isabel Cantón Mayo: su Misteriosa Gioconda repleta de melancolía y admiración, y su Secretos del corazón de la maestra acompañado de asombro y desasosiego.

Misteriosa Gioconda cuenta la historia de Isabel, una joven muchacha que a pesar de haber tenido una corta vida, se ilusionó y luchó internamente por lo que deseaba ser con todas sus fuerzas, convertirse en maestra. Isabel fue un proyecto de maestra que nos muestra que esa vocación de la que muchos hablan y otros huyen, existe de verdad. Ese sentimiento y esas ganas de enseñar el mundo a otros, no es algo imaginario, es algo real, casi tangible. Un sentimiento que en estos tiempos casi juega al escondite, pero que solo basta buscarlo para encontrarlo. Desgraciadamente esta historia viene acompañada del negro manto de la muerte, que trunca las pequeñas aventuras de una muchacha con demasiados sueños por cumplir. Precioso homenaje a la niña que con el semblante de la Gioconda de Da Vinci, fue la portada del libro Narraciones de la escuela.

Secretos del corazón de la maestra me trastocó hasta tal punto que sentí el ridículo que hay inserto en la naturaleza humana. Nos cuenta la historia de Rosaura, pero lejos describir a esta mujer como maestra, se nos muestra como eso mismo, como una mujer.

Mujer casada, acaba siendo infiel a su esposo y a huir del pueblo donde habitaba. Coincidiendo con la llegada de unos zíngaros, los habitantes pensaron que en vez de una huida había sido un asesinato. Ello conllevó a la sentencia de muerte de estos y a un gran sentido de culpa cuando al fin el pueblo y el marido engañados, conocieron la verdad. Un testimonio de la fiereza humana y de lo azaroso de los acontecimientos que guarda una única vida.

El relato de Pablo Andrés Escapa titulado Cielo distante me hizo viajar al pasado y recordar a aquellos maestros y maestras que tanto hicieron por mí y con los que tanto aprendí, lecciones de vida y de enseñanza. Maestros que como Don Laureano parecían vivir para su trabajo, pero que detrás llevaban consigo sus propias historias y sus aventuras personales. A veces los estudiantes pecamos al pensar que un maestro es ese “ser superior que tiene el saber y el conocimiento” cuando no es más que un igual, dispuesto a ayudarnos a crecer.

La última lección del maestro es un ejemplo de cómo los jóvenes aprenden mejor in situ y no en un aula entre cuatro paredes. Una muestra de que para innovar no se necesita mucho, tan solo las ganas suficientes para hacerlo y en este caso, una vía de tren.

Momentum paedagogicum de Ramón Carnicer me ha recordado una vez más aquello que siempre he detestado y que es la violencia como método de enseñanza. Ramón nos habla de una escuela pública donde trabajaba una maestra llamada Doña Manuela. Esta mujer era una auténtica soldado, que descargaba su fiereza en sus jóvenes alumnos. Tal era su fama, que los padres amenazaban a sus hijos con que si se portaban mal, acabarían con aquella maestra.

Después de relatar muchas de sus diabluras docentes y de contar el porqué Doña Manuela fue trasladada finalmente, Ramón logra darme una lección de vida y enseñanza muy importante: la violencia no supone ninguna mejora en el aprendizaje de una persona.

6. Las historias que me hicieron enternecer

Pablo d’Ors me llegó al corazón con su Mercedes y Merceditas. En su historia resume de la forma más bella posible el amor infantil y la inocencia en el grado más superlativo que pueda existir: Pablo se enamoró de una inalcanzable Merceditas y sufrió en silencio la amargura de amar y no ser correspondido.

Al fin y al cabo todos hemos disfrutado de esos momentos de ilusión exacerbada cuando fuimos niños. Por ese mismo motivo, retrata tan bien esos sentimientos adolescentes de amor y odio, tristeza y alegría, todos entrelazados como si se tratase de una batalla campal. Es una historia que puede ser de gran ayuda, para cuando los adultos no recordemos lo que era tener tantas emociones juntas en tan cortos periodos de tiempo.

El joven Pablo al final captó la atención de la muchacha, aunque solo fuese una cuestión de segundos. Qué gran importancia tiene que nos presten atención, ¿Verdad?

Memorias de un escolin forzado junto a su autor Enrique Álvarez cuenta su propia historia de rechazo hacia el colegio cuando tan solo era un niño. Enrique es un ejemplo más de todos esos niños y niñas que el primer día de escuela, se arrastran por las calles pidiendo clemencia a unos padres casi a punto de dar el brazo a torcer.

Su experiencia escolar hace temblar, puesto que como mujer nacida en los noventa, el castigo físico en el aula es algo que no llego a comprender y que detesto. De todos modos soy consciente de que millones de niños como Enrique lo sufrieron y eso no hizo más que incrementar el odio y el rechazo hacia la comunidad docente. Sin embargo, el autor de esta historia nos relata cómo cuando asistía a un curso de veraneo en su pueblo, conoció a un maestro que le devolvió las ganas de aprender. Una motivación que continuó en su colegio habitual con el señor Varis, un maestro que confió en él y que jamas le puso un dedo encima.

En eso consiste también ser maestro, en respetar al otro y en confiar en sus posibilidades.

Por otro lado, La circunferencia de Rogelio Blanco Martínez nos adentra a la España de Franco, donde el absentismo escolar era altísimo ya que si querían llevarse un trozo de pan a la boca, toda la familia tenía que trabajar. Gaudencio era uno de esos jóvenes, que aun siendo inteligentes, no se le brindaba la oportunidad de estudiar. Un día, la llegada de una inspectora con la noticia de que una beca se otorgaría a concurso, cambió la vida del chico. Su padre no quería que éste estudiara, pese a los incesantes consejos de la maestra Doña Bibina. No solo asistió al concurso, sino que salió de él triunfante.

Doña Bibina abanderó la paciencia y la constancia, y consiguió que un alumno brillante, lograse un sueño, hasta entonces inalcanzable. Aspecto que todos los docentes deberían fomentar y así luchar por sacar adelante a aquellos que presenten dificultades.

Por último y no menos importante, Pecados capitales de provincia de Luis Artigue, donde relata un momento que quizás todos alguna vez hemos vivido: volver al colegio donde creciste.

Gente como yo, de pueblo pequeño, sabemos cómo es esa sensación de llegar a un lugar donde creciste y que ahora prácticamente está en ruinas. Es como si diminutas partes de tu infancia impregnasen las paredes descascaradas del colegio, guardando recuerdos que ya nunca volverán.

Tal y como yo lo he comentado, así lo relata Luis Artigue, desde el más profundo de los cariños y de los afectos. Es tan honda su descripción del lugar que le vio crecer, que le parece mantener conversaciones con el pasado, tan reales como si de un sonámbulo se tratase. Por eso mismo este relato me enternece hasta la saciedad; por su verdad.

CONCLUSIONES: “UN LIBRO PARA REFLEXIONAR”

El hecho de que el desarrollo del presente trabajo se basase en alguna de las historias de Narraciones de maestros, no significa que aquellas que no han sido nombradas, hallan caído en el olvido. Quise mostrar de la forma más personal posible, aquellos relatos que más sensaciones me aportaron y que más lecciones para la vida y la enseñanza me dieron.

No obstante, Juan Carlos Mestre me encandiló con su Lección de geografía, apoyándose en el verso y en la armonía de las palabras; también Adolfo Alonso Ares con el misterio que impregna su Un cofre y tres monedas donde conocemos a un profesor que caló en los corazones de sus alumnos con poemas de Espronceda, Bécquer y Rosalía; por otro lado, Aurelio Loureiro con Los guardianes del reloj, que me tocó el ama escribiendo sobre una escuela minera, de donde yo también procedo, aunque su historia habla de un trato violento hacia los alumnos; Doña Lucrecia y los barberos de César Gavela que retrata a una maestra llamada Doña Lucrecia Canal, por la que sintió gran admiración y que a pesar de sufrir una tragedia personal continuó como siempre con una profesión a la que amaba, sembrando en él mismo la semilla de la enseñanza; también Lourdes Ortiz y El maestro, un hombre llamado Mario que se encontró en medio de su propio matrimonio y de su profesión, terminando solo pero haciendo lo que más le gustaba en esta vida: enseñar.

Les siguen, Maestros de Luis Miguel Alonso Guadalupe, un precioso relato donde se enfrentan los pensamientos de la escuela tradicional y la actual, y donde se anima a los jóvenes docentes a enfrentarse a unos nuevos métodos de enseñanza basados en la tecnología; además está Belmonte de María Gudín, donde casi se mezcla la realidad con el sueño, transportado hacia un momento distante en el tiempo, donde el aprendizaje se basa en la vida misma; El día que Picasso me escribió una carta de Marifé Santiago Bolaños acompañado de los fantasmas de la mano dura en el aula y de una niña que a pesar de sus ganas por aprender se encuentra con esa falta de confianza en sí misma, que tanto los jóvenes desean tener; De los cuadernos de Tina de Margarita Merino, entrelaza una historia personal y estudiantil, donde una joven muchacha inicia su aprendizaje dejándose llevar por una fantasía que arrastra al lector dentro de las páginas; la metaliteratura surge de Cuidate del hombre de un solo libro basado en un cuento breve del mismo autor titulado Miénteme, poeta, dime que me quieres donde cuenta el momento de jubilación de Don Licinio que utilizó para escribir un trabajo que hablaba de las claves empíricas para el verdadero conocimiento del género humano; y para finalizar, Didáctica del Velocípedo de Susana Barragués Sainz, en el cual una maestra aporta unas lecciones bellísimas a sus alumnos en un escenario casi irreal y fantasioso.

Por el simple hecho de no querer menospreciar el resto de historias con las que también he aprendido, he querido hablar de ellas aunque de forma corta y concisa. Todos los autores de este libro han aportado su granito de arena, para que proyectos de docentes como yo nos interesemos cada vez más por las experiencias que ellos tuvieron.

Al principio de este trabajo, comenté que la mejor forma de aprender es observando lo que otros ya han hecho. No tengo intención de convertirme en alguien que no soy, ni copiar a otros en su metodología docente, pero sí que quiero aprender mínimamente de los errores de otros y crecer como persona al comprender sus logros.

Sin duda, no me equivoqué cuando elegí Narraciones de maestros para llenar esos vacíos repletos de miedo, que me supone ponerme delante de una clase llena de alumnos en el futuro. Espero que cuando yo tenga la experiencia suficiente, pueda mirar atrás y pensar, yo también tengo historias que contar, como aquellos maestros sobre los que leí cuando era una estudiante.

BIBLIOGRAFÍA:

CANTÓN MAYO, Isabel (coord.), Narraciones de Mestros, Ed. DAVINCI, 2010.

  1. Muchísimas gracias por haber hecho público mi trabajo y gracias a Isabel Cantón Mayo por haberlo hecho posible. Un cálido abrazo.

  2. Anónimo

    Me ha encantado, solo puedo decir que ve ha devuelto a mi niñez y me ha hecho recordar muchos momentos casi olvidados en mi memoria. Gracias Patricia

  3. Pingback: CUENTO / “LA AUTOESTIMA EN UN CHARCO DE AGUA SUCIA” | Eloísa Otero

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