Pervomaisk, territorio cosaco (IV)

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El fotógrafo leonés JM López colabora con Tam Tam Press con una nueva serie de reportajes, en este caso desde Ucrania, donde ha querido vivir el conflicto que está desangrando el país de la antigua URSS en pleno corazón de Europa.

Por JM LÓPEZ/AFP
(Texto & Fotografías)

Pervomaisk es una ciudad situada entre la República Popular de Donetsk (RPD) y la República Popular de Lugansk (RPL), en el este de Ucrania. Ambas repúblicas forman el autoproclamado Estado Federal de Nueva Rusia, un territorio que antiguamente perteneció a Rusia y que fue cedido a Ucrania como un símbolo de amistad. La confederación fue pactada el 24 de mayo de 2014 entre los líderes de ambas repúblicas trece días después de haber autoproclamado su independencia respecto del gobierno que había tomado el poder en Kiev, tras derrocar al presidente Viktor Yanukovich, dando origen a la guerra que actualmente se libra en el este del país.

Los habitantes de esta región, conocida como Dombass, en su mayoría tienen como lengua materna el ruso, comparten las costumbres del país vecino y no quieren saber nada de la Unión Europea, al contrario que el resto del país. Pervomaisk esta situado en el frente de combate entre el ejército ucraniano y los rebeldes pro-rusos. A diferencia del resto de la confederación este área está habitada por cosacos, un pueblo originario de las estepas del sur de Rusia que quiere mantener su propia identidad. Son conocidos por su destreza militar y, aunque están alineados con el bando pro-ruso, han mantenido enfrentamientos con ambas partes.

Atrincherados a un lado de la carretera que conduce a esta ciudad fantasma, un destacamento de cosacos da el alto a todo aquel que osa adentrase en su territorio. Después de registrar los vehículos y comprobar los papeles de sus ocupantes, deciden si pueden seguir su ruta o deben irse por donde han venido. Nadie se fía de nadie en una guerra que a veces no es lo que parece. Aquí permanecen por turnos las 24 horas del día, cocinan y duermen en barracones excavados bajo tierra para protegerse de un posible ataque.

De los 50.000 habitantes que tenía Pervomaisk hace unos meses más de la mitad han abandonado la ciudad huyendo de los bombardeos, el hambre y el frío. La mayoría han buscado asilo en Rusia. Los que se han quedado sobreviven en refugios construidos durante la Guerra Fría para albergar a cientos de civiles en caso de ataque nuclear, o en los sótanos de los edificios destruidos. Todos los días acuden a comedores sociales gestionados por voluntarios para asistir a los que lo han perdido todo.

“Cuando comenzaron los bombardeos nos refugiamos en el sótano del edificio… Pero ya no puedo volver a mi casa porque no hay ventanas. Hace frío por las noches. No tengo a dónde ir”, suspira Katia. Esta anciana, de 82 años, era muy pequeña cuando los nazis asolaron su ciudad pero aún conserva en la memoria aquellos días. “En la Segunda Guerra Mundial la situación no era tan mala como ahora. Aquí he visto a varios vecinos morir de hambre. Yo no quiero que me pase a mi. No quiero morirme así”. Tiene la mirada cansada. Triste. Apagada. Suelta un largo suspiro y entre sollozos continúa: “Doy gracias a Dios todas las noches. Sólo me queda su compañía. Sólo me puedo aferrar a él”.

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