Julio Llamazares: “Los héroes de la literatura y los grandes escritores no tienen patria”

Julio Llamazares. © Fotografía: Eloy Rubio Carro

Julio Llamazares. © Fotografía: Eloy Rubio Carro

El escritor Julio Llamazares pasó por Astorga para presentar la exposición de Sendo, ’40 años de movimiento y agresión’, y astorgaredaccion.com aprovechó para conversar con él, fundamentalmente a propósito de su último trabajo publicado, ‘El viaje de Don Quijote’, sin olvidar sus últimas novelas y su poesía que, aunque haya dejado de escribirla como género, se puede rastrear en todo cuanto escribe.

Por LUIS MIGUEL SUÁREZ MARTÍNEZ
astorgaredaccion.com

—Su último libro, ‘El viaje de don Quijote’ es un homenaje al ‘Quijote’, también a Azorín, en esta conmemoración cervantina.

El viaje de Don Quijote es un encargo que me hizo El País, el año pasado coincidiendo con el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte de El ‘Quijote’. Este año es el cuarto centenario de la muerte de Cervantes, que murió apenas después de haber publicado la segunda parte del ‘Quijote’. Y es un encargo que me hizo ‘El País’ remedando el encargo que a Azorín le hizo Manuel Ortega Munilla, director de el periódico ‘El Imparcial’ y padre de Ortega y Gasset, que en 1905, coincidiendo con el tercer centenario de la primera parte del ‘Quijote’ (porque hay muchos centenarios), que hiciera el viaje siguiendo los pasos de don Quijote.  Del viaje surgieron 15 crónicas y tras publicarlas en ‘El Imparcial’, las recogió luego en el famoso  libro de ‘La ruta de Don Quijote’. Yo hice algo parecido, con una ventaja sobre Azorín —no literaria  por supuesto—, pues después del siglo pasado existe algo tan fundamental como el coche; y eso me permitió ampliar el viaje que Azorín solo pudo hacer por una zona de La Mancha, porque el hombre iba en un carro con una caballería. Yo pude hacer todo el viaje de Don Quijote en la ficción, desde La Mancha hasta Sierra Morena, donde se escondió, y luego por Aragón hasta acabar en Barcelona. A la gente se le olvida que don Quijote no solo anduvo por La Mancha, acabó en Barcelona donde, en la playa de La Barceloneta, cayó derrotado por el caballero de la Blanca Luna y regresó a su aldea… Esa es la historia de este libro, que también publiqué por entregas como hizo Azorín en ‘El Imparcial’ yo, en ‘El País’, el año pasado.

—Aparte del paisaje, la perspectiva del viajero desde el coche es muy distinta de la de Azorín en carro.

—Cambia totalmente. El medio de locomoción decide la mirada: no es lo mismo recorrer el Camino de Santiago —o el de La Plata, ya que estamos en Astorga— caminando, que hacerlo en coche, hacerlo en bici, o ya no te digo nada en avión. El paisaje cambia en función de la mirada y la mirada la determina el medio de locomoción.

Julio Llamazares. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Julio Llamazares. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

—En algunas páginas se percibe que en muchos sitios existe, podríamos decir, un escaso interés por el ‘Quijote’, o que no se conoce el ‘Quijote’ todo lo que se debería conocer.

—Sabes lo que pasa, que el ‘Quijote’ nos lo han sacralizado tanto que en lugar de acercárnoslo nos lo alejan. No hay que olvidar que el ‘Quijote’ era una novela de humor. El humor es una cosa muy seria, pero el ‘Quijote’, tal como lo escribió y lo concibió Cervantes, era una parodia de las novelas de caballerías, que es como si ahora alguien escribe una novela parodiando las series de televisión. El ‘Quijote’ es una novela de humor y como tal habría que leerlo. Es una novela divertidísima, siempre y cuando a uno no se la impongan como obligación; y si además lo lees con una buena edición que te permita entender muchas palabras que han quedado en desuso, y leyéndolo sin prisa y a trozos puede ser muy divertido. Al ‘Quijote’ hay que quitarle fundamentalmente solemnidad, como a todos los libros.

—Llama la atención que salvo en La Mancha que han sabido rentabilizar el ‘Quijote’, en otros sitios como en Zaragoza o en Cataluña, por diversas circunstancias —incluso de otro orden que el literario—, lo tienen olvidado.

—Lo que ocurre es que la identificación del ‘Quijote’ con La Mancha es tan grande que la gente cree que el personaje solo anduvo por La Mancha, y en la segunda parte de la novela anduvo principalmente por Aragón y Cataluña (en la ficción siempre, porque todo es imaginario). Y precisamente por ese desconocimiento, sucede que en Aragón (donde pasa muchas etapas), prácticamente salvo en Pedrola —donde se sitúa el palacio en el que, según algunos cervantistas, estuvieron Don Quijote y Sancho Panza alojados por los Duques, que les gastaron bromas durante muchos días, entre otras hacer a Sancho gobernador de la ínsula Barataria (que sería un pueblo colindante a Pedrola, que se llama Alcalá de Ebro, situado al lado del Ebro y que hace un meandro, y cuando crece el agua pues se forma una isla)— salvo allí, y ni siquiera en Zaragoza, hay ningún recuerdo del ‘Quijote’. Y eso que Zaragoza es una ciudad determinante en la historia de don Quijote, porque por ir a participar en unas famosas justas se encaminan hacia allí, aunque luego, debido a la aparición del ‘Quijote’ de Avellaneda, la esquiven como forma de desmentir la autenticidad de ese otro Quijote. Y ya en Cataluña, se mezcla la ignorancia con cierto desdén por parte de gente que confunde el independentismo con la velocidad, porque creer que Don Quijote es un personaje español es tan absurdo como pensar que Hamlet es un personaje danés. Los héroes de la literatura y los grandes escritores no tienen patria, su patria es el mundo.

Julio Llamazares. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Julio Llamazares. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

—Aprovechando que menciona a Shakespeare y estamos también en el cuarto centenario de su muerte: se ha comparado la celebración de Shakespeare que hacen en el Reino Unido con la de Cervantes en España. Una comparación en la que parece que salimos un poco mal parados. Se ha dicho también que quizá los poderes públicos no se han comprometido lo suficiente…

—Lo que sucede es que en España llevamos unos años en los que todo está sobrepolitizado. Cuando Zapatero hace ya ocho o nueve años dijo en el Parlamento que habría que ir preparando el cuarto centenario de Cervantes, hay que recordar que todas las bancadas del partido popular y de la oposición se rieron. Ha llegado el momento y no habían preparado prácticamente nada. Somos el país de la improvisación. Posiblemente el mayor escritor de la historia junto con Homero y Shakespeare y Dante, es español, y su cuarto centenario, aunque solo fuera por rentabilizarlo económicamente habría que haberlo organizado de otra manera. Es como aquí, en Astorga; no solo es un deber moral guardar la memoria de Panero y de otros escritores de Astorga, sino que además esto revierte económicamente en turismo cultural, que es beneficio económico para la ciudad. Y desde esas dos perspectivas hay que contemplarlo. Lo que pasa que aquí, entre los vaivenes políticos y la característica improvisación española, se ha dejado todo para el final y, aparte de buscar los huesos, que es lo que menos importa —y que no iban a aparecer porque lo enterraron de caridad como a todos los grandes hombres, y entonces al enterrarlo de caridad lo enterraron con otros muchos todos mezclados—… Tú vas a la catedral de Astorga y cualquier obispo o un deán de medio pelo te sale entero, y, sin embargo, Cervantes no aparece por estar enterrado con muchos otros. Pero lo menos importante de un escritor son sus huesos, lo que importa es su legado literario y su mensaje.

—Centrémonos ahora en su penúltimo libro: ‘Distintas formas de mirar el agua’, que coincide con un período en el que parece recuperar la novela —tras un paréntesis de años en los que había publicado libros de otro género—, y regresa con ‘Las lágrimas de San Lorenzo’ y continúa con ‘Distintas formas de mirar el agua’…

—Sí, yo he dado muchos bandazos. En terminología flamenca diría que a mí me gusta tocar todos los palos. He tocado la poesía, la narrativa, el ensayo, la novela, el guión cinematográfico, y, por temporadas, me da por escribir más una cosa que otra, y coincidió que en poco tiempo saqué dos novelas, cuando normalmente tardo mucho entre libro y libro, sobre todo entre novela y novela; pero una serie de circunstancias hicieron que una casi se solapara a la otra.

Julio Llamazares. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Julio Llamazares. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

—¿Esta última novela, ‘Distintas formas de mirar el agua’, se puede decir que es su novela más personal

—No, habla de algo que forma parte de mi vida, pero todas las novelas, como ya decía en la presentación de la exposición de Sendo sobre sus dibujos, son radiografías del alma. El pintor no pinta lo que hay fuera, pinta lo que hay dentro, o pinta lo que hay fuera en el reflejo que produce en su alma. Con la literatura ocurre lo mismo, todos los libros son fotografías de tu espíritu. No hay ninguno que te refleje mejor que otro. Lo que pasa es que como se refiere a una anécdota que en mi vida tuvo mucha importancia, como fue la desaparición del pueblo en el que nací bajo el agua, parece que es más cercana a mí; pero no necesariamente, o no más que las otras.

—¿Hay ciertos paralelismos con ‘La lluvia amarilla’, en el sentido de que es también una novela del desarraigo, y de que incluso la técnica puede recordar a aquella?

—Sí, puede haber cierta concomitancia, pero ‘Las lágrimas de San Lorenzo’ también es un monólogo entrecortado de un padre que mira las estrellas con el hijo. A mí es que el monólogo me gusta mucho, y la primera persona, aunque no hable de mí. Eso lleva luego a confusiones, y los lectores piensan que soy yo el protagonista o el narrador de ‘Las lágrimas de San Lorenzo’ o de ‘La lluvia amarilla’ (bueno, en esta última menos, pues se supone que es un anciano y yo la escribí de joven). Digamos que las concomitancias se centran en el uso del monólogo interior que en ‘Distintas formas de mirar el agua’ son 16 o 17 monólogos, uno por cada personaje; y luego el tema del desarraigo que aparece mucho en mis libros, porque uno escribe sobre las cosas que más le han marcado a lo largo de su vida. ¿Por qué Sendo pinta peregrinos, botas de peregrinos? Porque vive al lado del Camino de Santiago. Si es que al cabo uno se nutre de lo que ve, de lo que observa, de lo que piensa y de lo que le rodea.

—Ha dicho que ha tocado los diversos géneros a lo largo de su trayectoria. Una de sus novelas ‘Luna de lobos’ ha sido llevada al cine, con guión suyo, creo recordar.

—Bueno mío y del director, Julio Sánchez Valdés…

—Cierto, y ha hecho también algún guión. ¿Estas novelas construidas con monólogos sería posible llevarlas al cine?

—Yo creo que toda literatura es transplantable al cine y, al revés, toda película puede ser trasplantada a la literatura, teniendo en cuenta que se trata de dos lenguajes radicalmente diferentes; en uno cuentas con palabras y en otro cuentas con imágenes, con música, con teatro. Por eso yo no creo que haya novelas más cinematográficas que otras. A veces te dice la gente: “Esta novela es muy cinematográfica”; y aparentemente lo puede parecer, pero no necesariamente. A mí por ejemplo ’Distintas formas de mirar el agua’ me parece una novela muy teatral, no sé si cinematográfica, por esa cosa que tiene de tragedia griega en la que se adelanta un personaje y cuenta su monólogo y a este le sucede otro personaje y luego otro. Toda novela es trasplantable al cine, pero partiendo de ese reconocimiento de que se trata de dos lenguajes distintos.

Julio Llamazares. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Julio Llamazares. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

—Empezó siendo poeta y acaba de decir en Astorga que cuando le preguntan por qué dejó de escribir poesía, responde que nunca ha dejado de  escribir poesía.

—Dejé de escribirla quizá como género, como género tradicional; pero para mí la poesía es esa magia que hace que la palabra signifique más de lo que significa coloquialmente. Hay mucha fritura en España, en el mundo, se fríe mucho, pero literatura se hace muy poca. La literatura es escritura más poesía. Tanto en pintura, en el dibujo o en la escritura, si no hay poesía, emoción —que son el misterio del arte y de la literatura— no hay nada.

—La poesía como tal género ya no le tienta como para volver a él.

—He escrito alguna vez alguna cosa, pero no. La razón es que tras escribir dos libros de poesía ’Memoria de la nieve’ y antes ’La lentitud de los bueyes’, me di cuenta que estaba escribiendo siempre lo mismo. Sucede con frecuencia que se publica mucho (para andarse repitiendo  uno a sí mismo…). La novela te permite hacer variaciones. En realidad, tampoco dejas de contar lo mismo todo el tiempo, yo creo que todos escribimos siempre el mismo libro; pero la novela te permite dar como vueltas de tuerca en  torno a nuevas historias. La poesía es la palabra en estado puro, y a mí me daba la sensación de que me repetía continuamente. Igual un día que vuelva, como han pasado bastantes años, me daré cuenta de que cuento cosas distintas y puede tener interés para mí, pero escribir por escribir no tiene para mí ningún sentido.

—¿Qué será lo próximo que va a publicar?

—Después de un tiempo en que se me han amontonado los libros, he vuelto a un libro que dejé a la mitad, del que publiqué la primera parte (de las dos que lo componen), que es un viaje a través de las catedrales de España, que se llama ‘Las rosas de piedra’. Publiqué ya la primera parte, que era la mitad norte; e incluía la de Astorga (recuerdo que salían en el capítulo don Hortensio y don Bernardo, salía Sendo, salía Escarpizo, que estaba montando una vidriera,  Martín Martínez, que ya murió…). Este viaje recorre la malla que forman las catedrales sobre la geografía española y, en realidad, es un viaje por España tomando como leitmotiv —en lugar de un camino o un río— las catedrales, que son para mí las cajas negras de las ciudades. Sabiendo mirar una catedral y sabiendo deshojarla (que a eso alude el título de ‘Las rosas de piedra’) acabas captando el alma de la ciudad. La catedral es el alma de una ciudad,  y tal como esté conservada, como la cuiden, ya conoces también el presente de la ciudad.

Julio Llamazares con Luis Miguel Suárez, durante la entrevista. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Julio Llamazares con Luis Miguel Suárez, durante la entrevista. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

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