“El hombre con la pata de palo”. Katherine Mansfield

Katherine Mansfield en una imagen de 1917.

Katherine Mansfield en una imagen de 1917.

Continuamos en TAM TAM PRESS con la sección de poesía antológica, denominada “LOS POEMAS COLGADOS” *, con textos de poetas muertos escogidos por Ildefonso Rodríguez y Eloísa Otero. El octavo autor que llega a esta sección es la poeta modernista de origen neozelandés Katherine Mansfield (Wellington, Nueva Zelanda, 1888 – Fontainebleau, Francia, 1923). A los 14 años logró presionar a su familia para que la enviaran a estudiar en Londres, donde su vocación literaria encontró cómo expresarse. También llegó a ser una buena violonchelista, aunque su padre nunca la dejara dedicarse a la música. Su vida fue rebelde, intensa y complicada, y murió de tuberculosis muy joven, a los 35 años, después de haber escrito colecciones de relatos memorables, alguna novela corta y un puñado de poemas. Su Diario (1933) y sus cartas (The Letters of K. M., 1934) se publicaron póstumamente.

Reproducimos uno de sus poemas, escrito en 1910:

Sello de Katherine Mansfield.

Sello neozelandés dedicado a Katherine Mansfield.

EL HOMBRE CON LA PATA DE PALO

Era un hombre que vivía muy cerca de nosotros;

tenía una pata de palo y un jilguero

en una jaula verde

Se llamaba Farkey Anderson

y había ido a una guerra para ganarse su pata.

Nos daba mucha pena

porque tenía una sonrisa tan bonita

y que siendo un hombretón viviese

en una casa tan pequeña.

Cuando andaba por la calle la pierna

no molestaba mucho,

pero cuando andaba por su casita

hacía un ruido muy feo.

Mi hermano pequeño decía que el jilguero cantaba

más fuerte que ningún otro pájaro

para que el hombre no pudiese oír su pobre pierna

y así no se entristeciera demasiado.

KATHERINE MANSFIELD *

(* Traducción: Isabel Lucio-Villegas Uría)

— — —

* “LOS POEMAS COLGADOS”

NOTA de Eloísa Otero e Ildefonso Rodríguez: Esta sección quiere ser una Miniantología (que puede alargarse hasta donde nos den las fuerzas y las ganas). Un doble criterio nos guiará: El primero, serán poemas que los autores no podrían colgar por sí mismos, por ser ya de aquellos que Joyce sin más llamó fantasmas (“… alguien que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres”). O por decirlo con Quevedo, en nuestra Miniantología viviremos “en conversación con los difuntos”. Y segundo: nuestros propios gustos, que ojalá sepan recoger el hermoso Babel de lenguas de la poesía, la Gran Republicana.

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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