Mercedes Blesa y Marifé Santiago: “Las mujeres del 98, del 14 y del 27 son el eslabón perdido de la historia femenina en España”

Mercedes Blesa y Marifé Santiago

Mercedes Blesa y Marifé Santiago. Fotografía: Eloy Rubio Carro

Por ELOY RUBIO CARRO
Desde astorgaredaccion.com

Mercedes Blesa y Marifé Santiago Bolaños, autoras del ensayo “Debes conocerlas”, hablan en esta entrevista de las mujeres desterradas de la literatura y el arte. Un relato que surgió en Astorga y que recupera la labor silenciada de todas aquellas mujeres que fueron clave en la primera mitad del siglo XX.

– El libro ‘Debes conocerlas’ y el grupo de trabajo organizado en Astorga, surgen a partir de una pregunta de una persona del público en el momento de la presentación de ‘Modernas y vanguardistas’ cuya autora es Mercedes Blesa: “Llevo toda mi vida en la lucha por los derechos de las mujeres y acabo de ser consciente de la cantidad de lagunas históricas y, por lo tanto, de lo burdo de muchas reflexiones que se hacen con tantas carencias en relación a lo que vosotras denomináis nuestras abuelas intelectuales”. ¿Cómo se organiza entonces el  grupo de trabajo? ¿Con qué frecuencia se reunía? ¿Cómo se eligen los temas?

MARIFÉ SANTIAGO BOLAÑOS.- A los pocos días de la presentación del libro de Mercedes y el libro de Wangari Maathai y otras mujeres sabias, se recibió en Astorga, en el Ayuntamiento, un listado con una petición de un grupo de mujeres de entre las que estaban en aquel momento en el auditorio diciendo que la oferta que Mercedes Blesa y yo habíamos propuesto de crear un grupo de trabajo, de investigación, les encantaría llevarla a cabo. A partir de ese momento empezamos a reunirnos algunos sábados, dependiendo del  tiempo y de la disponibilidad que Mercedes y yo tuviéramos y de las decisiones del grupo que provenía de localidades muy diferentes, algunas muy alejadas.

Al principio empezamos por nuestras modernas y vanguardistas y ese comienzo nos fue llevando a otras mujeres, tanto españolas como extranjeras, cuyas obras  poseían vínculos de comunidad y que incluso nos remontaban a tiempos muy anteriores al de estas modernas y de estas vanguardistas. El tema tratado a través de una mujer, nos llevaba a continuar la investigación sobre el tema y eso nos conducía a otras mujeres, a otros territorios etc.

– Llegasteis hasta el ‘Scivias’ de Hildegarda, por lo que se manifiesta en el libro…

M. S. – En una de las jornadas, a partir de la reflexión sobre la corporeidad, lo que llamamos pensar con el cuerpo, nos preguntamos por el significado que tiene un pensamiento que surge a partir de una corporeidad determinada y que no siempre es una corporeidad creada a sí misma; sino que es, como dice Amelia Valcárcel, heterodesignada. ¿Qué ocurre, qué pensamiento ocurre, cuál se manifiesta? A partir de ahí nos fuimos muy lejos y a muchos lugares. Mercedes, a partir de ahí trabajó toda la línea Frida Kalo, Marina Núñez y otras más… todas las americanas, feministas susurra Mercedes Blesa…  y yo me centré -continúa Marifé- en la genealogía hasta llegar a Hildegarda de Binguen, o a las místicas, o incluso a las beguinas, con todo lo que traían consigo.

– En ‘Debes conocerlas’ se afirma que a pesar de los logros y las conquistas, no hay que bajar la guardia, porque las estructuras sociales que permiten la discriminación por razón de género siguen intactas. ¿Esto se ha agudizado con la actual crisis económica? ¿Qué creéis que va a suceder con este asunto, cuando se manifiesten las sucesivas crisis que permanecen encapsuladas?

MERCEDES BLESA.- Pues sí, porque cualquier momento de crisis es un momento de reestructuración social en el que se pueden modificar las leyes y el marco que facilita las libertades; y además siempre, siempre, siempre el elemento más débil y más sensible suelen ser las mujeres. En ese sentido hay que ‘estar al loro’, en guardia para no perder lo conquistado, pero es muy posible que esas leyes se relajen y las condiciones sociales se modifiquen.

– Dice Godelier y le repite Bourdieu que la fuerza más fuerte del poder no es la violencia, sino el consentimiento de las dominadas a la dominación. La dominación masculina es ordinariamente reconocida y vivida por las mujeres como legítima. Claro que M. Godelier habla de los baruya de Nueva Guinea…

M. S.-  Yo no puedo hablar chino porque no he aprendido nunca chino ni lo he estudiado, de manera que cuando yo me exprese lo haré en español…Quiero decir que aprendemos un lenguaje y esto no solamente son palabras, sino que también son comportamientos y actitudes. Reacciono ante una experiencia determinada a partir del lenguaje que he aprendido, con lo cual hablar de consentimiento siempre me parece capcioso, muy capcioso, porque es como suponer que todos deberíamos partir de que habríamos de ser héroes, y el heroísmo es una condición que le ocurre solo algunas personas… Aprendemos aquello que nos enseñan y desarrollamos nuestra propia experiencia a partir de aquello que se nos valora y nos indica que tendrá que producirse o cumplirse; unas conformaciones, al menos las externas de convivencia, que en ninguna parte del mundo han sido creadas ni con ni para las mujeres. Se ha determinado un papel social a partir de un papel biológico, que es lo más terrible que  le puede ocurrir a un ser humano, decirle que su biología se tiene que convertir en una exigencia…

– Usted cree que cambiando el lenguaje se modifican las actitudes…

M. S.-  El lenguaje es una manifestación de un pensamiento, el lenguaje denota un pensamiento y ese pensamiento a la vez estructura un lenguaje; cuando hablo del lenguaje voy más allá de la palabra, me refiero a la estructura que permite comunicar. Comunico aquello que siento, aquello que pienso y que ha sido aprendido por mí, incluso aquello que puedo manifestar a partir de lo que yo le puedo poner nombre, y hay cosas que inmediatamente rechazo y hay cosa que inmediatamente acepto, con lo cual siempre que se habla de aceptar la dominación a mí me parece que es un pensamiento engañador, es exactamente la misma frase que reitera la estructura, poniéndola de manifiesto….Al final  se acaba aceptando lo que desde el marco de los valores correspondientes a la estructura social en la que nos educan entiende que es bueno…

M. B.- …pero a veces sí es cierto que cuando hay una agresividad, incluso un comportamiento impositivo, violento del hombre hacia la mujer, a veces la mujer se siente culpable y se cree merecedora de ese dolor. Ese es un problema y es terrible. Muchas veces por nuestra propia educación, parece que la mujer hubiera de sentirse merecedora de esa dominación…

M. S.- …es horrible, pero psicológicamente funciona así, porque los niños, niño o niña pequeños, ante una situación a la que no son capaces de ponerle palabras… estoy pensando en un niño o en una niña que ante una situación familiar no entiende lo que está pasando, acabará intentando probar la experiencia de que pudiera ser él el culpable, por lo que demandará castigo. Estaríamos en un caso de profecía autocumplida…

M. B.- Y los niños que reciben malos tratos o que son violados, ellos se creen merecedores de …

M. S.- Claro  porque como no entienden lo que les está pasando piensan que son culpables…

M. B.- A veces hasta se da esa complicidad en el silencio, en no denunciar a la víctima, lo mismo que sucede con la violencia de género en las mujeres, y eso es todo

M.S.- Un mecanismo.

M.B.- Una construcción de la identidad -continúa Mercedes- lo que llama Foucault una ‘tecnología del yo’ . La sociedad te dota desde el saber y desde el poder, pues quien tiene el poder, tiene el saber; el poder y el saber ejercen una serie de ‘tecnologías’ que construyen identidades,  y si desde el saber y el poder te dicen y obliga a que las niñas tengan un programa educativo diferente al del niño, construirá identidades diferentes para el niño y la niña. La ciencia a veces cumple un papel ideológico poniendo su saber al servicio del poder

M. S.- Insisto en que el tema del victimismo es también otro mecanismo perverso que constituye un modo de explicación de los seres humanos, que en el caso de una mujer víctima es absolutamente claro; pero si vamos a un niño que ante una circunstancia determinada no entiende lo que está pasando, porque no tiene palabra para expresarlo, porque no tiene un imaginario ni un pensamiento que le dé sentido a esa circunstancia, y llegará un momento en que acepte que él es el culpable…Evidentemente porque no encuentra otra explicación, sintiéndose la victima que merece ser castigada…

– A lo mejor la intervención por parte de movimientos como el feminismo sería para proporcionar un lenguaje, un nuevo marco en el que las víctimas pudieran desempeñarse y explicarse …

M.S.- Exactamente…

M.B.- Pero no solamente porque él vaya probando para explicarse…

M.S.- Sino que incluso aquel que ejerce la violencia… hará lo posible…

M.B.- Le dirá  tú te mereces esto que te estoy haciendo…

M.S.- Y acabarás convencido…

M.B.- … porque tú eres una mala persona, porque eres desobediente, porque eres malo, porque…lo mismo le sucede a la mujer cuando es víctima de la violencia de género, donde el agresor le acosa psicológicamente…

M.S.- … hasta que se convence…

M.B.- … hasta convencerla y anularle la personalidad.

M.S.- Las mujeres que han sufrido violencia de género, incluso mujeres con un nivel intelectual y con una reflexión hecha, mujeres con responsabilidades externas de calado, cuando sufren agresiones de género puede repetir los mismos roles de cualquier víctima. Si les preguntaras por ello suelen decirte que primero hubo sorpresa, porque pensaron siempre  que eso no les iba a pasar a ellas; segundo, se dan cuenta de lo tremendo de la situación, pues si se calla una vez se van a callar siempre, ya que al final les va a dar hasta vergüenza el contarle a los demás que aún teniendo recursos no han sido capaces de salir de tan inmensa trampa.

M.B.- Sobre todo esa incredulidad que siente ese tipo de mujeres agredidas que se dicen: “a mí no es posible que me esté pasando esto. La propia extrañeza,  de que una mujer con una cierta cultura se vea sumergida en una situación tan extraña…

M.S.- No tienes manera no, hasta creerte que mereces que te esté pasando porque algo habrá ocurrido.

M.B.- Además, existe todavía el prejuicio de que los conflictos en el territorio de la familia, por ser algo privativo,no tienen que hacerse públicos, pues sería una vergüenza que se supiesen, una cosa que hay que arreglar en la privacidad… Pues no, de hecho las feministas nuevas apoyándose en Foucault hablan de la microfísica del poder, de cómo el poder se ejerce no ya con el esquema de amo y esclavo, sino en pequeñas relaciones íntimas donde el poder cambia de manos, de forma, alternándose incluso.

M.S.- Se habla de micromachismos cada vez más…

 ¿Qué es eso de micromachismos?

M.B.- Son comportamientos machistas.

M. S.– Pero que son muy sutiles.

M.B.- Con pequeños detalles.

M.S.- Son muy sutiles.

M.B.- De la vida cotidiana.

M.S.- Son muy sutiles, de la vida cotidiana

M.B.- Hablamos más cada vez de micromachismos,

M.S.- Por eso a mí me gusta mucho el término de violencia de género, pues la palabra ‘doméstica’, la palabra ‘doméstico’, primero tiene una connotación muy clara de domesticar, luego tiene la otra connotación a la que se refería Mercedes del ámbito íntimo,

M.B.- Del ama de casa.

M.S.- Pero esto es una cuestión social, la violencia es una cuestión social, y hoy en día cada vez se habla más en clave de violencia de género y ya directamente se habla de violencia machista, que puede ser ejercida por todo aquel que acepta unos comportamientos de dominación estructurados, que de una manera casi inconsciente has aprendido y respondes a ello; por eso cada vez más se impone el concepto de ‘micromachismos’. Es todo tan sutil a nuestro alrededor y está tan incardinado en el mundo en que vivimos que ni siquiera somos conscientes…

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– La evolución o maduración en cuanto a la reclamación de igualdad de algunas de las mujeres que abordáis en ‘Debes conocerlas’, Carmen de Burgos, María de Lejárraga… ¿Va al paso de una evolución similar en la sociedad española o esta les ha perdido el rebufo?

M. B.-  He dicho en alguna ocasión que estas mujeres de las generaciones del 98, del 14 y del 27 representan el eslabón perdido de la continuidad de la historia femenina en España, porque todas las grandes libertades que ellas consiguieron durante la Segunda República, luego con el parón de Franco y del exilio, se perdieron para la tercera generación que somos nosotras, formadas ya en la democracia. Ocurre que no teníamos esa referencia, era como un eslabón perdido, donde no sabíamos enlazar la generación de nuestras madres con la generación justamente anterior, ausente en la cultura española. ¿Dónde estaban las novelistas del 27 de la edad de mi abuela? No solamente no estaban, sino que había una campaña en contra del conocimiento de estas mujeres porque representaban un modelo de mujer vanguardista, rupturista,  atrevida, una mujer libre, que entra en contraposición con el modelo de mujer, el ángel del hogar que quería imponer y que impuso Franco como arquetipo femenino. No interesaba dar a conocer que en España había habido una serie de mujeres con toda una experiencia de grupos feministas, que habían creado un espacio propio como el ‘Lyceum Club’, que reivindicaron el derecho del voto para la mujer, la igualdad en los códigos civiles y penales, y que toda esa experiencia femenina tan bonita y de lucha por la igualdad quedó en el olvido. No se publicaban, pues estaban prohibidas, sus obras, y los grandes nombres de estas mujeres, como María Zambrano, Rosa Chacel, o Maruja Mallo, solamente llegaron a ser conocidas en España después del exilio, en los últimos años de su vida.

– A propósito de Concha Espina, les remito a una de las preguntas que se formulan en el escrito que le dedican. ¿Quién plantea el canon de lo que es legible y de lo que habría que evitar en literatura y el arte? ¿Qué se espera de una mujer cuando se lee desde una perspectiva heredada?

M. S.-  Estas mujeres de las que hablamos siempre son el ‘pero’. Todos los de la generación del 27 forman parte de un canon general aceptado, pero cuando hay una mujer que se incorpora a ese canon, inmediatamente se intenta que no entre; porque das por hecho que el canon es único a la hora de escribir, a la hora de estar, a la hora de vivir, a la de desarrollarte etc. Entonces, todo aquello que no se ajuste, esto es otro mecanismo del poder que puede decidir qué es lo que pasa y lo que no pasa a la historia…Los hombres del 27, muchos sufrieron exilio, muerte, de la misma manera que les pudo haber ocurrido a ellas, pero de ellos tenemos nombre, tenemos referencia, porque entraban dentro del canon, de lo que se espera de un hombre, que podía tener una vida pública, ellas estaban  completamente excluidas. Cuando se lee la obra de todas estas mujeres con la perspectiva heredada te encuentras que tienes que establecer comparaciones sobre una tabla de valores que te sirve para enjuiciar; pero cuando empiezas a mirar las cosas desde otra perspectiva te percatas de los matices que te has dejado por el camino. Es lo que no me canso de decir, es que tengo el derecho a conocerlas, no solamente el deber, porque son ese eslabón que a mí me deja un poco huérfana.

¿Qué ocurre cuando se lee con esa otra perspectiva? Encuentras entonces que para el canon oficial, Concha Espina es una escritora costumbrista, una mujer melancólica, sin llegar a ser la romántica, pero las historias que cuenta a mí me interesan. ‘La esfinge maragata’ me interesa mucho más allá de lo que pueda tener a nivel de corazón, me interesa mucho porque trata de una mujer supuestamente conservadora, lo que ya es un prejuicio. Pero si haces el esfuerzo de fijarte en cómo cuenta las cosas, en el punto de vista que adopta…, la historia de una mujer que renuncia a su vida por mantener una familia, Mariflor es una víctima, una mujer que se vende a sí misma para poder sacar a flote a su familia. Me interesa ese punto de vista porque no es castigada ni nada parecido… Yo no juzgo a ciertos autores que son canónicos por su ideología social o por su ideología política, porque entonces tendría que dejar de leer algunos de mis grandes maestros escritores y filósofos…, y eso no lo hago porque no se espera de ellos que además de buenos escritores sean ciudadanos ilustres; pero ocurre que de las mujeres sí se espera y a Concha Espina se le achaca su conservadurismo. Leopoldo Panero también lo es y nadie pone en duda la grandeza que pueda tener como poeta. La vida en ocasiones te coloca en un momento histórico en el que tienes que tomar partido.

Cuando se lee a estas escritoras con lo que se conoce en crítica como perspectiva de género, me encuentro con que hay matices que los novelistas o los poetas de su generación no transmiten, y esto hay que agradecérselo, porque a lo mejor no había sido consciente de que ‘La esfinge maragata’ no es una ñoñada que habla de costumbres.

– ¿Qué hacemos entonces con Leni Riefenstahl?

M. S.- Pues tendríamos que dejar de ver sus fotos. La ciudadana es deleznable, pero la artista es grande. Ocurre a veces, el arte afortunadamente está un poco por arriba ¿no?

– Pero ¿cuál es el canon que tendría que darnos un acceso aceptable a esa obra, sorprendente por otra parte?

M.S.- El canon en este caso es lo que se espera de ella. Y ella dio exactamente lo que se esperaba de ella. Leni es una estupenda fotógrafa que responde a lo que se le pide, la grandeza y ‘el triunfo de la voluntad’ de una raza determinada, y adopta un punto de vista en el que no hay ningún tipo de implicación. Es lo que ella decía: “Yo soy artista, no tengo por qué implicarme”. En ningún momento deja de hacer fotografías desde una perspectiva nazi, las haga en África, o en el Berlín de 1935. Cuando la miramos desde esa perspectiva nos percatamos de que falta el matiz. Ella aporta lo que le piden.

Fotografía: Eloy Rubio Carro

Fotografía: Eloy Rubio Carro

– Dice Nélida Piñon que “La memoria de las mujeres está en la Biblia, aunque no haya sido la interlocutora de Dios”. Esa memoria “también se encuentra en los libros que la mujer no escribió”. Ambas sentencias parecen paradójicas ¿Se trataría entonces de una memoria perdida. ¿Cómo rastrear en esos libros que no existen?

M. S.- Cuando a Nelida Piñon le dieron el premio Juan Rulfo hizo un discurso maravilloso en el que decía que la memoria de las mujeres está en los libros que no se han escrito, o en los libros que no tienen una autoría reconocida…

M.B.- Y también en la propia mujer anónima , que a veces son las grandes sacrificadas de la historia; no salen en los manuales de historia pero a veces han sido las que realmente cargan con el peso…, las que más descienden a los ‘inferos’ de la historia han sido ellas, porque se quedan manteniendo a la familia, a los niños en un papel muy duro.

M.S.- Incluso cuando han sido mujeres creadoras – han emprendido un camino muy solitario porque no tenían compañeros en ese viaje…

– Y eso dónde lo leemos, porque lo que encontramos es la ausencia…

M. S.- Tenemos la ausencia, tenemos los grandes huecos y tenemos la mirada. Pero también en varias poetas de la Generación del 27…

M. B.- Como son el caso de Concha Méndez o de Ernestina de Champourcin o incluso de Josefina de la Torre, que en sus poemas hablan y encuentras justamente esa ausencia, esa soledad. Leyendo el libro de Concha Méndez puedes percatarte del hecho de que ella estaba exiliada de los exiliados, vivía aislada de los propios exiliados masculinos, y cuenta que vivía exiliada, porque los exiliados españoles que vivían en México o en Cuba volvían a reproducir los mismos conflictos políticos dentro de los grupos de izquierda que había en España. Se sentía un poco asqueada de esos conflictos políticos, porque ahogaban la dimensión humana de solidaridad entre todos los exiliados. Asqueada de ese ambiente y sobre todo después de la separación de Manuel Altolaguirre, su marido, se queda completamente aislada. Y entonces deja de publicar, empieza a perder el interés por escribir porque ha perdido su lector, ha perdido al otro que está ahí hacia el que dirige sus poemas y los textos.

M. S.- Es una de las grandes reiteraciones de las mujeres creadoras, tú hablas de Concha Méndez.

M.B.– Pero muchas de ellas, como Rosa Chacel acabarán cayendo en un amateurismo.

M.S.-Empiezan a hacer trabajos de manutención y dejan de escribir.

M.B.- Dejan de hacer su obra creativa, pero es que encima no trabajan como cualificadas, haciendo trabajos de improvisación, trabajos accidentales, y abandonan su obra porque pierden también la recepción de esa obra,

M.S.- Incluso pierden las relaciones, el lector desaparece, esa exiliada que es Concha Méndez del exilio es Marina Tsvetaeva en París, una escritora exiliada de los exiliados.

M.B.- María Zambrano también cuenta esa experiencia  de cómo todos sus compañeros filósofos encontraron una universidad en la que colocarse y ella lo tuvo muy difícil.

M.S.- En México la mandan a Morelia, que es una universidad secundaria. Y luego el caso de esta soledad  hace que también se den acontecimientos muy curiosos a la hora de analizar a las pintoras, la cantidad de autorretratos que hay en el caso de las mujeres, que  en muchas ocasiones tiene que ver con esa imposibilidad de estar dentro del grupo, que hace que un pintor tenga modelos…Ahora mismo en el Museo del Prado hay una exposición de Clara Peterson, una pintora excepcional; es una maravilla ver que ella se retrata de una manera oculta, te la encuentras en cada reflejo,

M.B.- Detallitos.

M.S.- En cada reverbero te encuentras con Clara Peterson.

M.B.- Diluida.

M.S.- Se ha debido de preguntar en muchas ocasiones por qué ella no aparece , pues no aparece porque tiene que estar todo el tiempo o diluida o convertida en un icono, como fue el caso de Frida Kahlo…Esto tiene que ver con lo que denomino ‘Metodologías del respeto’, que parte de la constatación de que somos diversos y que no aceptamos la existencia de un juicio único. Hay otras cuantas maneras de acercarnos a la creación artística. Hay detalles, desde esta perspectiva, que te proporcionan vías insospechadas de acceso a la obra artística, puertas y ventanas con las que no contabas…

M. B.- Sucede algo parecido con las literatas.

M.S.- Muchísimo.

M.B.- Con la necesidad de escribir memorias como una forma de decir aquí estuve yo -continúa Mercedes- aquí viví yo, esto me pasó a mí. A propósito de las memorias de Concha Méndez, su nieta, que fue la que grabó las cintas.

M.S.- Paloma, sí.

M.B.- Dice que le insistía para que no se olvidara el mundo en el que ella vivió y que ya había desaparecido, para que se supiera que ella había estado allí, que había sido amiga de Lorca, de Buñuel, que había participado en la impresión de los grandes libros de poemas del 27…

M.S.- De hecho hay en esa generación muchas mujeres que nunca habían escrito, pero que solo publican sus memorias.

M.B.- Y que solo las publican al final de su vida…

M.S.- Como para decir: ‘aquí estuve’…

M.B.- Yo he existido, he sido, ‘absum’, estoy aquí presente.

M.S.- Al hilo de esto estoy pensando en tantas mujeres que han constituido una manera de hacer historia…, lo que hemos venido estudiando en nuestra enseñanza, que nos proporciona una panorámica de un mundo en el que jamás hubo mujeres,

M.B.- Pero es que quienes hacen la historia son los hombres -remarca Mercedes- los que hacen la historia son quienes dominan, el saber viene aquí y en otras partes determinado por el poder

M.S.- Efectivamente.

M.B.– Lo de las ‘tecnologías del yo’ a que se refería justamente Foucoult.

M.S.- Una cosa tremenda.

M.B.- Es eso de Foucoult cuando señala  que el poder se ejerce de muchas maneras y una de las más sutiles es el saber, eso sucede incluso con la ciencia, en la biología, en el higienismo que indicaba cuando una mujer podía procrear y cuando no hacer el amor; hasta las prevenciones de la mujer, casi supersticiosas de lo que tenía que hacer o evitar en el momento del ‘período’.

M.S.- Yo me imagino  una historia del siglo XIX y una historia del siglo XX en la que la perspectiva fuera cualquier otra que la establecida, la cantidad de cosas de interés que han sucedido y que sin embargo para nosotros no aparecen en ningún libro ¿Dónde estaban las mujeres, por ejemplo, en la Primera Guerra Mundial?

M.B.- Estaban haciendo la historia.

M.S.- Estaban haciendo la historia.

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